23 de Mayo de 2009
Texto: David Watts
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Woven Hand Azkena 2009


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El viernes había muchísima más chicha. Howlin’ Rain a las 16:10 en un adelanto de última hora es demasiado temprano. Si haces un concierto a las 13:30 en la Plaza de la Virgen Blanca y empiezan los conciertos en Mendizabala a las 15:30, no sé cuando se supone que vamos a comer. En cualquier caso, se comenta que estuvieron bien pero el mal sonido de la carpa (como en todo el festival) y el frío ambiente no ayudaron demasiado. Así que empezamos con Elliot Brood, que no deja de ser un buen comienzo. Su folk de banjos y ukeleles, despreocupado y divertido, ayuda a hacer la digestión. Además son unos tíos majetes y divertidos sin pretensiones más allá de hacer pasar un buen rato. Y lo consiguieron con creces.


Dr. Dog son un grupo muy especial: sus motes empezados por T, su imagen de ferroviarios de principios del XX, su sonido que mezcla el pop de los Beatles, el folk de The Band y las armonías vocales de los Beach Boys. Pero, sobre todo, tienen sus canciones y un poderoso último disco. Es tan fácil agradar a un fan como difícil sorprenderlo. Pues Dr. Dog lograron ambas cosas. En concierto, los sonidos cuidados en disco cambiaron a crudos sin perder la calidad en las voces pese a esa carpa de audio saturado. No pararon de bailar, girar y saltar. Arrancó Toby Leaman Tables con “The Ark”, pero el que parecía llevar el peso de la actuación era Scott McMicken Taxi con su gabardina y su pinta de inspector gadget. Cada ocasión que tenía no dejaba de doblar su guitarra con Trials, tocado con un espectacular sombrero. Basaron su repertorio en el genial "Fate". A destacar “From” con esas voces celestiales perfectamente afinadas o “The Rabbit, The Bat and the Rendeer”, que cerró el concierto antes de lo que ellos contaban. Por eso (me confirmó Scott cuando no pude evitar abalanzarme sobre él al día siguiente para felicitarlo) se quedó fuera “The Breeze”.


The Fabulous Thunderbirds dejaron caer su blues-rock en el escenario principal. No entiendo como sabiendo que tienes 50 minutos de concierto te gastas 10 en un solo de harmónica (y cuando digo solo, digo SOLO). Parece que tienes más cariño a tu virtuosismo que a tus canciones. Poco que aportar.

Tampoco Eli ‘Paperboy’ Reed aporta nada nuevo a la música, pero lo hace de una manera tan pasional que no importa. Asumiendo su papel de producto clónico del soul de los 60’s de la Atlantic y la Motown, no renuncia a dejar fuera ninguno de los tics y puntos comunes. Entra los True Loves y uno de los vientos lo presenta con aspavientos y grandiosidad y sale él con su pinta de estudiante del ICADE con traje azul y camisa con chorreras. A lo largo del concierto perdió la compostura y acabó descamisado y empapado de sudor. Todo un derroche de energía. Próximo a Sam Cooke, cuando canta baladas se acerca a Otis Reding, cuando se acelera se aproxima a James Brown. La carpa echaba humo cuando salió a cerrar el concierto con “(Doin’ the) Boom Boom” a todo trapo. El propio Eli decía en su web que este último show de su gira europea había sido muy especial. Uno de los triunfadores del festival.


A última hora los Bad Brains se cayeron del cartel y, a toda velocidad, fueron suplidos por los menos interesantes UK Subs. Punk del auténtico, del 77. Un cantante chillón y bastante ruido. Para quien le guste.

The Zombies generaban dudas y expectativas a partes iguales. Para un servidor no estuvieron a la altura aunque sumaron momentos memorables. Ningún grupo dependía tanto de un disco como los ingleses y tocar un resumen en medio del concierto y despacharlo para el resto del tiempo no ayuda. Eso sí, las voces claras y cristalinas, el sonido perfecto. Demasiado. Y la estética tampoco ayuda a disfrutar. “Care of Cell ’44” o “Roses for Emily” preciosas y, por suspuesto, “Time Of The Season”. Remataron con “God Gave Rock’n’Roll To You” de Argent, no de Kiss, como todos pensábamos y él intentó aclarar.


El escenario principal ya era un hervidero esperando a los cabezas de cartel. Esto jugó en contra de unos voluntariosos Soul Asylum que se encontraron con el público más frío del festival. Los de Dave Pirner arrancaron con “Somebody To Shove” haciendo presagiar lo que iba a ser el concierto. Fuera baladas, dentro potencia. Una única y obvia concesión: “Runaway Train”. El resto se fue rellenando con canciones como “Black Gold”, “Misery”, “Without A Trace” o “Stand Up And Be Strong” y un amago de “I’ll Be Gone ‘Til November” (¡de Wyclef Jean!) en medio de un tema propio. Con Tommy Stinson (ex The Replacements) al bajo y un Michael Bland (ex de Prince) de unos los 200 kilos a la batería, mantienen su espíritu veinteañero intacto, aunque esa etapa ya les quede lejos. Notable.


Llegaron los Black Crowes y, como era de esperar, quemaron Mendizabala. “Sting Me” y “Twice As Hard” dieron paso a una sucesión de hits entre los que se colaron “Soul Singin” y “Goodbye Daughters of the Revolution” o “O Josephine” de su última entrega. El núcleo central lo constituyeron varias jams donde Rich Robinson y el nuevo, Luther Dickinson, se explayaron a gusto con momentos verdaderamente brillantes. Sobre todo con un “Thorn In My Pride” que dejó dos cifras en el minutero. Chris parece disfrutar igual que el público bailando al fondo del escenario, dejando por minutos el protagonismo al resto del grupo. Después de la versión de “Poor Elijah” se dio paso a otra ronda de éxitos centrados sobre todo en su debut. “Hard To Handle”, “Jealous Again”, “She Talk To Angels” y la inevitable “Remedy”. De propina “Thick’n’Thin” los devuelve a esos Faces a los que recordaban al principio en detrimento de los Allman Brothers a los que parecen aspirar a sustituir. Las expectativas estaban muy altas. Para mi, hubiese sido mejor repartir de otra manera jams y hits, pero no estamos ahora pare decirles a los Robinson lo que deben hacer. Ese estatus incontestable sólo lo consiguen los clásicos.


Electric Eel Sock, unos japoneses, eran los encargados de salir con la difícil tarea de hacer olvidar a los cuervos. Y lo hicieron a base de descaro y numeritos escénicos. Un batería en pelotas con un calcetín como única prenda, y no precisamente en el pie, y dos baquetas en cada mano fue la estrella. Mucha gente quedó contenta. Nadie habló de música.

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COMENTARIOS
1 comentario

El directo de los Howlin’ Rain fue de las mejores sorpresas del festival, de hecho incluso Chris Robinson acabó bailando a un lado del escenario.

Buena crónica!

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