1 de Julio de 2009
Texto: Fermín Rodríguez
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Sónar 2009


Volver a Sónar 2009 | Crónica del jueves 18 | Crónica del viernes 19

Había hecho el buen propósito de asistir al concierto del etnomusicólogo (esta palabra en currículum debe quedar de gloria) gallego Carlos Suárez, pero mi cuerpo dijo que ponerse en funcionamiento a la una de la tarde podría acarrear futuros problemas. Desde aquí solo recomendar una visita a la página escoitar.org para comprobar su participación en la elaboración de un mapa de la identidad sonora de Galicia. Al final mi cuerpo aterrizó a tiempo de ver la actuación de Ebony Bones. El problema es que no mereció mucho la pena. La futura nueva artista de moda hizo un concierto que perdía fuelle poco a poco. Su imagen, al igual que la de su banda, es divertida y colorista pero las canciones carecen de la chispa suficiente para mantener la atención del espectador. A pesar de todo, ella no paro de sonreír y hacer unas poses que parecía haber ensayado mil veces ante el espejo de su casa. Una pena, eso sí, su single debería hacerte bailar todo el verano.


Tenía bastante claro que mi tarde del sábado la iba a invertir en el showcase de Raster Noton en el SonarHall, pero hasta entonces había que hacer tiempo. Una visita rápida al SonarDôme para saborear a Guillamino y caminito al SonarComplex. Este escenario ocupaba la capilla del Convent dels Angels, lo que supone abandonar el núcleo principal del festival y moverse un poco, muy poco, pero aun así da pereza. No estaría mal situarlo en los bajos del MACBA. Vale, su arquitectura depurada no es comparable a una capilla gótica, pero queda más a mano. Bajo la cabecera de la capilla el islandés Ben Frost lanzó drones peligrosos que mezcló acertadamente con paisajes de piano y silencios delicados.

De vuelta en SonarHall, buen sitio y a esperar que la gente de Raster Noton me alegre la tarde. Una de las cosas más graciosas de pasear por la feria profesional fue comprobar como algunos de los encargados del stand del sello se mimetizan a la perfección con su música, aunque en el fondo lo que realmente se te pasaba por la cabeza era pincharlos con un alfiler para comprobar si bajo tanto ascetismo había vida. Además, me apuesto lo que sea a que uno de ellos (como es evidente desconozco su nombre) no respiraba, palabra. Los primeros en aparecer fueron SDN. Su actuación mantuvo un ritmo “pausado” pero constante y como acompañamiento unos visuales coloristas. Bien. A continuación Byetone; tras su figura, un inquietante conteo acompasado con los beats iba en constante crecimiento provocando en el público un estado de tensión continua. Su mezcla de electro, techno crudo y ruido resultó sobrehumano. "Plastic Star”, el tema más bailable de su ultimo álbum Death Of A Typographer, debería sonar en todo club que se precie de poner buena música. El público fue entrando en calor poco a poco, por no decir que cuando el conteo se estaba aproximando a mil, un ruge-ruge se fue apoderando de la sala y terminó con el griterío cuando en las pantallas apareció dicho número. Byetone resultó increíble. Por el SonarHall me pareció ver a Richie Hawtin, pero toda mi atención estaba puesta en el escenario, así que no lo puedo asegurar. Byetone grande, muy grande. Tras él llegaba el turno para Alva Noto. Lo suyo fue más relajado pero igual de certero, visión minimalista para unos sonidos impecables que nunca llegan a cansar. A Atom TM tuve que sacrificarlo con el fin de llegar con calma a la Fira y evitar las engorrosas colas.


Antes de abandonar el recinto, una última vuelta para comprobar como en el SonarVillage Busy P, que dudo mucho que pase a la historia por sus habilidades tras los platos, hacía bailar a todo ser vivo que se encontrase en el patio. Su set sirvió de colofón para una tarde repletita de artistas del sello Ed Banger, pero como ha quedado claro, un servidor estaba a otras cosas. Si aun fueran la gente de Kitsuné, pues me lo pensaba. Más difícil de obviar me resultó la sesión de house calentorro que Culoe De Song pertrechaba en el SonarDôme. Madre mía que calor.


Casi con puntualidad británica Animal Collective tomaron las riendas del SonarClub. Creo que la mejor frase para describir su actuación es: inolvidable concierto de Animal Collective, pero no el concierto que me apetecía ver un sábado por la noche en el SonarClub. Los de Baltimore decidieron guiarse por la coletilla de “festival de música avanzada” y relegaron su lado más popular a un segundo plano. Dudo mucho que una persona que se haya sumado al carro de Animal Collective después de escuchar Merriweather Post Pavillion llegase a disfrutar planamente del concierto. Abrieron con una “My Girls” un tanto dispersa, a partir de aquí las canciones se alargaron sin piedad y su peculiar versión de la psicodélia se impuso sobre el sonido dulce y ensoñador. De su último disco cayeron “Daily Routine”, la ya mencionada “My Girls” y “Guy´s Eyes”. Esta última me gustó especialmente. Del resto de su repertorio destacar “Banshee Beat” y una inesperada y celebrada “Fireworks”. Y sí, se dejaron en el tintero “Brothersport”, “In The Flowers” y “Summertime Clothes”. Concierto memorable con regusto amargo.


Tras los animalitos, una visita rápida al SonarPub par comprobar que Fever Ray me sigue gustando tan poco como The Knife. Eso sí, su puesta en escena cuidada y enigmática. Si en su momento disfrutaste con el proyecto de Karin Dreijer y su hermano, no deberías perderte a Fever Ray por nada del mundo. De vuelta al SonarClub pude comprobar como el bestia de Beardyman ponía a todo el mundo a bailar a base de beatboxing y efectos. Menuda cabra loca.


A continuación la polémica estúpida de la noche y no, no me refiero a los niñatos de Crystal Castles; hablamos de la actuación de Orbital. Resulta cansino escuchar o leer crónicas de individuos protestando de que no hicieron nada nuevo. En estos casos a uno no le queda más remedio que asumir que vive rodeado de imbéciles que acuden a los sitios sin informarse lo más mínimo. La actuación de los hermanos Hartnoll se anunciaba como un “porque yo lo valgo” sin la menor intención de mostrar nada nuevo. Lo más gracioso de todo esto, es que a mi Orbital en su momento me la pelaban mucho, pero después de este sábado me declaro ferviente seguidor de los inventores de las gafas antorcha. No sé si el llenazo hasta la bandera del SonarClub pudo haber influido, pero ellos estuvieron sembrados. Empezaron con “Lush” y sin darme cuenta acabé dando saltos rodeado de gente con los brazos en el aire. El resto de su actuación fue de total catarsis colectiva: Que si “Halcyon”, “Chime” (piel de gallina total), “Impact”, “Remind”, “Belfast”, “Style” y muchas más en una hora de baile. Momento para enmarcar, “Satan”: Escuchar la charla de padre a su hijo sobre el arrepentimiento fue impagable. Para todos aquellos que sigan ofendidísimos con Orbital, un poco más de cizaña, pues los listos de los Hartnoll acompañan esta gira con la publicación de un disco de grandes éxitos y espérate tú a que no se saquen de la manga un dvd ¡Ala! A darse cabezadas contra una pared.


Con la sonrisa en la boca y con un par de kilos menos obra y gracia de Orbital, me planté en el SonarPub para ver un poco de Crytal Castles. Su disco me parece resultón, por lo tanto nada podría presagiar el desastre que allí se iba a producir. Nada más llegar te dabas cuenta de que no se escuchaba absolutamente nada, solo un lejano eco proveniente de los monitores del escenario, pero bueno, se supone que son punks de nuevo cuño, así que tampoco me importó demasiado. El problema es cuando por todo tu cuerpo empieza a correr la sensación de que te están timando de mala manera. Alice Glass empezó a montarla: que si el cable del micro, que si me tiro al público y les doy de beber, que ahora me acuesto en el suelo. Mi paciencia se agotó cuando a la colega se le dio por emprenderla con su monitor, así que me fui por donde había llegado. Antes de abandonar el SonarPub una última mirada al escenario para comprobar como la pava se cargaba la batería. Al parecer, lo siguiente fue liarse a leches con un segurata. Lo peor de todo es que estas chorradas de cargarse el escenario e ir de flipada por la vida hay gente que piensa que son lo más. De pena.

El resto de la noche debo admitir que bastante bien, menos para el pobre de Jeff Mills que se quedó sin sonido unas cuantas veces. Si Alice Glass se queda sin sonido la arma; si le pasa a Jeff Mills coge el micrófono, pide disculpas, deja que los técnicos intenten arreglarlo y vuelve a empezar. Este señor es un santo. Estando yo presente se quedó colgado tres veces, pero al parecer la cosa ocurrió otras tres más. A mi me importó poco, el jueves tuve la oportunidad de verlo pinchar como The Wizard y me doy por satisfecho. Además seguro que vuelve el año que viene, cosa que debería hacer para quitarse la espinita de esta penosa noche.


De vuelta al SonarClub una grata sorpresa de la mano de Moderat. Pocas esperanzas tenía depositadas tras escuchar el primer disco resultado de la unión de Modeselektor y Apparat. Su directo contundente por momentos y expansivo en otros me hizo arquear la ceja para bien. Especialmente destacable su puesta en escena. Tras ellos llegaba el turno de mi ratón fiestero favorito. El regusto trancero del entrañable primer disco de Deadmau5 me lleva acompañado desde hace muchos meses, pero todo ese gusto hortera y sin complejos a sonar comercial, en directo se acaba transformando en electro-house de brocha gorda. Otra vez será.


A partir de este momento, el cuerpo pide más guerra que paz, así que Marcel Dettmann en el SonarLab se marcó un set de esos para que te duelan los pies durante muchos días. Si ya me lo dijo un conocido de la noche “se nota que es alemán”. El fin de fiesta en el SonarPub vino de la mano de un renacido Carl Craig del que, a pesar de no inventar nada nuevo, su mezcla de techno groovie y house con clase hizo las delicias del público. Bien por Carl Craig.

Para finalizar un momento bronquita pa´la peña. Mucho rajar de que siempre pinchan los mismos, pero cuando le tocó el turno a Tadeo (después de Orbital) todo el mundo huyó por piernas. Pues os jodéis, el fundador de Net28 hizo una sesión precisa, contundente y muy bailable. Algo parecido ocurrió con el directo de Henry Saiz, muy poca gente para disfrutar de algo tan bien hecho, perfecto broche para cerrar el SonarClub.

Fotos: Sonar.es

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