Antes de Bart Davenport actuó un mago en la Nasa. Sería muy fácil decir que la verdadera magia estuvo en la guitarra y la voz del americano, pero he de confesar que eso se nos ocurrió a todos antes incluso que el músico saliera al escenario. Como no me gusta hablar a priori, espero a que acabe el concierto para empezar a concebir ideas. La primera idea es que Davenport es un tipo con talento. Talento para tocar la guitarra de una manera prodigiosa, talento para dejar sonar su voz en unos registros cálidos y con presencia, talento para componer bonitas canciones que suenan a tiempos anteriores. Tiempos anteriores que quizá no existieron más allá del imaginario colectivo. Esos idealizados 60’s, esas playas de California en un invierno sólo sugerido o esas calles de Philadelphia en las que se respiraba revolución.
Davenport podría interpretar a un compañero del Austin Powers. El look no está tan alejado y en físico, tampoco desentona. De hecho el propio Powers, en caso de tocar la guitarra, no creo que dejase de cantar las canciones de Davenport en una playa a una de esas chicas yeye a las que aspirase a llevarse a la cama. Intentad imaginaros la escena y os haceis una idea.
Las limitaciones del formato acústico en solitario no parecen ser obstáculo para Bart, que está acostumbrado a dejar el resto de instrumentos en su país cada vez que gira. Más fácil, más simple y más barato, sin perder ni un ápice de su valor. Soul, bossa, pop… todo y nada de eso. A mi, por momentos, no deja de recordarme en algunas melodías a las que componía Paddy McAloon para sus Prefab Sprout en sus momentos de gloria. Ni a una canción para la Motown destripada del mítico “Wall of Sound” de Spector. De hecho, si Davenport pudiera viajar en el tiempo como su doble Powers, no creo que dudase ni un milisegundo en aceptar esta oferta de empleo, aunque tuviese que dejar su voz y su show para audiencias reducidas.
Una hora que se pasó volando y un puñado de canciones que resonaron en la oscuridad del teatro compostelano. Mientras lo recordemos, la sonrisa y las poses de Bart Davenport permanecerán recordándonos que aún hay belleza y que los 60’s existieron, aunque, seguramente, no fueron como nos los imaginamos.
vaya, que opiniones tan dispares, tanto a un amigo como a mí nos pareció un auténtico coñazo de concierto; no fuimos capaces de recordar ni un solo estribillo, todas las canciones nos parecieron iguales. aunque bueno, tampoco sus discos nos dicen nada de nada.
hay que ser muy bueno para afrontar un concierto con tu voz y tu guitarra acústica.
en fin, me alegro de que te gustase.
Yo lo vi hace unos años en La Casa de Arriba y coincido bastante con lo que dice Watts. Para una horita está muy bien. Toca bien, canta bien y sus canciones, aunque no van a cambiar el mundo, son más que agradables.
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