14 de diciembre de 2009 | Pavilhão do Atlántico, Lisboa
25 de Noviembre de 2009
Texto: David Watts
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Depeche Mode


A lo tonto, han pasado 20 años desde la publicación del disco doble y la película dirigida por el mítico D. A. Pennebaker sobre el asalto de Depeche Mode a los USA bajo el nombre de 101. 20 años en los que, pese a que el tango diga lo contrario, pueden pasar muchas cosas: se han consolidado como estrellas mundiales, han publicado su gran obra maestra, han introducido instrumentos orgánicos en su sonido, su cantante ha intentado suicidarse, han perdido a uno de sus miembros clave, se han recuperado, reahabilitaciones, aventuras en solitario y, finalmente, han superado una guerra civil de la que Dave Gahan ha salido fortalecido firmando algunas de las nuevas canciones, terreno antes reservado en exclusiva para Martin Gore. Lo único que permanece inalterable en el grupo es Andrew Fletcher, que sigue sin pintar nada.

20 años más tarde 30.000 personas ven subir al escenario a los tres Depeche Mode y otros dos tipos -uno encargado de cubrir donde Fletcher no llega a los teclados, el otro dando vida a las percusiones programadas con una batería de un tamaño desmesurado- en el Pavilhão do Atlántico de Lisboa mientras unos teclados pregrabados daban paso al primer tema, ‘In Chains’, de su último álbum. Los británicos venían a presentar Sounds of the Universe pero se olvidaron por el camino. Tras tres de los mejores temas del disco, incluido su notable single, ‘Wrong’, solo se volvieron a acordar en una ocasión de la entrega. Venerada por la crítica como un intento de buscar otras sonoridades, detestada por los fans como un alejamiento peligroso de los parámetros habituales de la banda, parece que el grupo ha terminado por ponerse de parte del público, que son los que pagan la entrada. ‘Walking In My Shoes’ y ‘A Question of Time’ pusieron la maquinaria en marcha. Esta última deja claro que Depeche Mode, hoy en día, consiste en un enfrentamiento de egos entre Dave Gaham y Martin Gore, y este último no está dispuesto a ceder terreno parapetándose detrás de unos teclados. Prefiere colgarse la guitarra y ponerse delante tocando una parte intrascendente de la canción que lucirse con su otro instrumento hacia el fondo del escenario. Fondo ocupado por una gran bola y una amplia pantalla con unas proyecciones, diseñadas por el habitual Anton Corbijn, más bien discretas.

A estas alturas las dos estrellas se habían despojado de sus americanas –de lentejuelas la de Gore, discretamente negra la de Gaham- y ya lucían bíceps y tatuajes bajo sus chalecos. Se nota que esta es una gira de segunda vuelta y que el grupo se dedica a explorar terrenos olvidados, como indica la inclusión de ‘World In My Eyes’, ‘Policy of Truth’ (bienvenida sea, completando los 4 singles del inmenso Violator en una noche) o, sobre todo, un tema como ‘Fly In Windscreen’ del pretérito Black Celebration (los anteriores a este disco desaparecen completamente del repertorio, igual que Exciter y el anterior Playing The Angel, que solo encontró en ‘Precious’ su única representación). En medio, el peaje habitual con Gore reclamando su parcela de Depeche Mode. Sorpresa. Primero se suelta con ‘Sister Of Night’, después nos regatea con una espectacular versión de ‘Home’ (otro tema sublime) solamente acompañado por el piano. La parte de guitarra la canta el público aún cuando llega Dave dispuesto a atacar la parte final del concierto. Él reclama aplausos para Martin, con el que el único gesto que ha tenido hasta ahora ha sido un apoyo hombro con hombro bastante descoordinado y un abrazo que pareció forzado. Más lucha de egos, supongo.

Poco a poco llega la parte final, que se abre con un tremendo ‘I Feel You’, más rockero que en Songs of Faith and Devotion, a día de hoy un disco clásico que nadie pareció entender en su día (a ver si va a pasar lo mismo con este último…). La obligada ‘Enjoy The Silence’, alargada hasta el límite, y la habitual ‘Never Let Me Down Again’, con el habitual meneo de brazos en alto de todo el público, dejan paso al también habitual descanso anterior a los bises. El descanso se prolongó mientras Gore, que había rozado el cielo con sus temas a la voz solista anteriores, se pasó con su reivindicación hasta llegar al suelo con un ‘One Caress’, que no venía a cuento. La ovación a Dave cuando volvió a aparecer fue una de las más grandes de la noche. Él fue el encargado de transportarnos a finales de los 80’s con ‘Stripped’ y ‘Behind The Wheel’ que, directamente, nos movieron al Rose Bowl de Pasadena de aquella gira del Music For The Masses. ‘Personal Jesus’ hizo vislumbrar el final. A mi me pareció más lenta de lo habitual o algo desalmada y agotada. Me temo que estos chicos están deseando descansar una temporada y pensar en su siguiente paso antes de lanzarse a otro lanzamiento y gira. En fin, que tal es el cansancio que el habitual cierre con ‘Goodnight Lovers’ se cayó de convocatoria. A lo mejor así nos dejan con ganas de más. Son unos profesionales y cumplen sobradamente pero, por favor, tómense un descanso antes de volver a arrancar.


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