
En una época en el que la pulcritud, la sensibilidad y la elegancia (mejor dicho: CLASE) parecen desterradas del universo pop, es necesario que de vez en cuando salga algún tipo con talento que demuestre que, aún a riesgo de parecer hortera, cursi o excesivamente sentimental, se pueden hacer bellas canciones pop, llenas de romanticismo y de esos lugares comunes a los que se suele recurrir para conquistar a un/a chic@ yendo de sensible (y no me neguéis que nunca habéis recurrido a este recurso).
El caso es que llegaba a Santiago el autor de uno de los debuts más destacados del 2008: A place where we can go. Y pendiente de salir este mes su nuevo disco (Slow dance), aprovechó la ocasión para repasar las canciones de su debut en LP, al tiempo que adelantaba canciones de este próximo lanzamiento, sin olvidarse temas de sus EPs Airwalker y Love Everlasting. Y lo hizo adaptando sus temas al formato de guitarra eléctrica, batería, bajo y sintetizadores, que tienen un mayor protagonismo en el nuevo disco, de manera que las canciones construidas sobre una guitarra acústica que dominan el primer álbum cobraron una mayor rotundidad, sin perder un ápice de esa ternura que desprende su combinación de folk, canción de autor y chanson francesa.

Resulta curioso ver cómo el espigado californiano, impecable en el trato al público, exquisitamente educado –hasta parecía que de verdad le había gustado la ciudad, y no lo decía sólo por agradar a la gente…- y hecho un pincel, consigue, ante un personal más bien expectante, convencer y comunicar, sin dejar por ello de divertirse, ajeno a la cierta distancia con el que el público lo contemplaba –porque seamos francos, aunque estuviese lleno el recinto (160 personas), tararearíamos las canciones unas 10 o 15 -.

Y todo esto, demostrando una gran audacia en el directo; con variaciones estilísticas –básicamente, los sintetizadores tan presentes en su nuevo álbum- para no evidenciar cierta repetición de estructuras (ya fuese intencionadamente, o simplemente por intercalar las canciones de su nuevo disco), parando para hablar con el público a su debido tiempo, pero sobre todo, gracias a un repertorio que en directo gana en grandilocuencia y en emotividad en canciones como “A place where we Could go” o “Escape to Aspen”, y que demuestra su gancho como “In this lonely town”, “Gallop”, “We were there” o “Where we Could go tonight”, todas éstas de su nuevo álbum.

En definitiva, ha sido la confirmación en directo de que todavía se puede sorprender bajo el aura de cantautor-crooner, distanciándose de la megalomanía de Morrissey, el ecléctico barniz de Patrick Wolf, la épica de Rufus Wainwright o el dramatismo de Antony & The Johnsons. Y todo esto, arrancando una sonrisa.
Fotos: Olalla Lojo
Cagontodo... y yo ese día, de resaca carnavalera, tumbado en el sofá y mirando por la ventana, pensando en JJ.
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