Texto - Berenguelo. Fotos - Prisciliano.
La primera vez que me lo comentaron costaba darle credibilidad, Antony and the johnsons en Santiago, en la Quintana; pero a medida que iba pasando el tiempo me iba cerciorando de que si, era verdad, iba a ocurrir...
El paso inexorable de los días dió lugar a que llegase la cita y se culminase la ansiosa espera. El día en cuestión había mucho ambiente en la Quintana dos mortos. La afluencia de publico me sorprendió, no pensé q se fuese a llenar, pero la verdad es que no quedó una silla libre e incluso había gente de pié. La plaza de la Quintana se sale como ubicación para este tipo de eventos, realmente el marco era incomparable y la foto debía ser muy bonita.
A las 11 de la noche y pocos minutos salieron The Johnsons, que ese día eran 5: cello, violin, guitarra, bajo y ACORDEÓN!!!! Sin mediar palabra, los músicos se sentaron acompañados de sus respectivos instrumentos y empezó el concierto con un sólo del guitarrista (Rob Moose). Tras varios minutos de gorgoritos guitarreros apareció Antony. Por fin!!!! Era él. In person. Parecía que acababa de bajar de un OVNI y que era víctima de un severo jet lag. Llevaba una indumentaria cuanto menos particular, con una especie de jersey/chal hecho trizas. Cuando apareció todos lo recibimos con una gran ovación, a pesar de este recibimiento, Antony se mostró como ausente, alienado, actitud que mantuvo durante todo el concierto. Sin apenas saludar se sentó al piano e interpretó My lady story, los asistentes incrementamos aún más la ovación al reconocer la canción.
Prosiguió con Cripple and starfish, con una interpretación genial de la banda, los arreglos de cuerda sonaron “divinos”, lo qué se ratificó cuando en la mitad de la canción la Berenguela tomó la palabra mediante una campanada monosílaba.
Tras este momento “glorioso”, llegaron dos temas desconocidos para la mayor parte de los asistentes, pero que por lo he visto suele interpretar habitualmente en directo: Everything is new y The Lake. El primero no es más que una especie de mantra en el que repite el título una y otra vez. La segunda es una composición de Antony con letra de un poema de Edgar Allan Poe. Los dos temas resultaron bastante aburridos, mucha floritura, muchos gorgoritos y poco más.
Llegado este momento, Anthony abandonó la placenta que le envolvía hasta entonces y empezó a interactuar con el público. Empezó a hacer silbiditos cual ave que escapó de su prisión. El público respondió de inmediato y masivamente, con lo que aquello parecía el sonido de fondo de un capítulo de El hombre y la Tierra, con sonidos de las mas variados pájaros, pajarillos y pajarracos. La Berenguela volvió a responder con monosílabos, otra campanada que provocó la sonrisa de todas y todos, y también de Antony.

Después de este momento prosiguió con la retahíla de temas como For today i´m a boy, Man is the baby, Find the rhythm of your love y The guests. Este último es un tema de Leonard Cohen en el que, a la voz de Anthony, se unió la de Rob Moose, guitarrista y “violinista ocasional” de The Johnsons. Este tema también es uno de los habituales de Antony en directo.
Fue en este momento cuando sin mediar explicación Antony empezó a realizar una especie de movimientos espasmódicos con sus brazos, y a emitir una especie de gemido rítmico. Como no llegaba la ambulancia, ni le sañía espuma por la boca, la gente empezó a aplaudir a lo que Antony respondió: "Dejadme encontrar mis ritmos". Ahí lo dejamos en esa especie de trance que luego nos explicó que se llamaba “Dust and water” y que fue respondido con una nueva ovación, provocada en parte por la mayoría que no entendíamos la motivación de esta pieza, pero no era plan de cortarle el rollo, porqué a él se le veía muy emocionado.
Como aquello se veía que no funcionaba, Antony retomó su piano y se arrancó con el tema You are my sister. Este tema arrancó más aplausos del público, que reconocimos el tema y nos sentimos aliviados de que acabasen los espasmos y los sonidos guturales.

Cuando se aproximaba la medianoche el grupo inicio el tema I’m in love with a dead boy. A la mitad del tema, sonaron las campanadas anunciando la hora, su sonido se conjuntó perfectamente con la música, parecía que el grupo había buscado premeditadamente este efecto, aunque también parecía que la Berenguela quería protestar sobre el necrofílico contenido de la canción.
Tras este tema Antony nos presentó su siguiente interpretación, una versión de Soft black stars de Michael Cashmore, miembro de Current 93, otro tema habitual en los directos de Antony.
A continuación, y tras presentar a los miembros de su banda, Antony interpreta dos de los mejores temas de su exitoso último disco, Bird Gehrl y Hope there’s someone, lo que hace que el público se entregue totalmente.
En este momento, cuando habían transcurrido poco más de hora y cuarto de concierto, Antony y su grupo anuncian q recogen sus bártulos y q se despiden de nosotros. Todos reclamamos más y nos pusimos de pie para mostrar nuestra manifiesta disconformidad con aquella especie de coitus interruptus: “No nos puedes dejar así, Antony”.
Tras esta avalancha de imprecaciones y suplicas el grupo volvió con Antony a la cabeza, para deleitarnos con una versión del Candy says de Lou Reed. Tras lo cual se volvieron a retirar a las tinieblas de las bambalinas para no volver a salir. A pesar de que algunos reintentamos el conjuro invocador, esta vez no fue fructífero por lo que desistimos muy a nuestro pesar. Se ve que Antony tenía el ovni aparcado en doble fila ya que no volvió a aparecer, dejándonos un mal sabor de boca a todos los presentes.

Corolario: hay que reconocer que Anthony, por su música y actitud, no deja indiferente a nadie. Parecía realmente un ser de otro planeta, alguien hecho de una pasta especial, difícilmente clasificable pero que a la vez dá la impresión de lejanía, como de estar muy metido en un mundo propio en el que no tiene cabida la realidad.
Los que estuvimos allí nos merecíamos un segundo bis o por lo menos un primer bis mas duradero. Una sola canción, en un único bis, supo a poco como colofón de un concierto que, sin ser realmente brillante, sólo fue singularmente singular.
Texto - Berenguelo.
Fotos - Prisciliano.