
Fotos: Paula Rico
…y el público se negaba a irse, hacía tiempo que, invitados por las hermanas Casady, habían abandonado sus butacas, y el concierto en auditorio se había convertido en concierto en sala, y el suelo temblaba pidiendo a gritos un segundo bis. Una de esas veces en las que el público lo pide de verdad, y el grupo se recrea y tarda una eternidad en volver a salir, conscientes del deseo que suscitan.
Hora y media larga antes, había llegado a un Pazo da Cultura de Pontevedra que poco a poco se llenó hasta agotar localidades, en el concierto que CocoRosie daba dentro del ciclo Con Voz Propia. En el escenario, a la espera de la llegada de Bianca y de Sierra, amenizaban ésta un par de teloneros que luego participarían del concierto de las estadounidenses, en medio de la penumbra que lucía en la tarima, sólo iluminada con luz negra, que convertía en único punto claramente apreciable una especie de sábana más propia de la tela de unas mallas horteras del programa de aerobic de turno de los 80.
Cuando llegaron, en esa luz sólo se veía el maquillaje facial que cubría sus ojos, a modo de guerreras indias, vaticinando que no se iba a tratar de un concierto en son de paz. Tardaron cinco minutos en demostrarlo, tras afinar un tanto el sonido, y coquetear claramente con el hip-hop, que me hizo temer que eso fuese a ser el devenir del resto del concierto.
No fue así, y cuando CocoRosie engrasó las bisagras, y en tercera y cuarta posición de su repertorio engancharon Terrible Angels y Beautiful boyzk, estaba claro que lo que tuviese que venir a partir de ahí estaba condenado al triunfo y al favor del aforo.
Y después vino un gran repaso a su último disco, The Adventures of Ghosthorse and Stillborne, sin dejar en ningún momento de repasar el pasado, con Good Friday, Not for sale o Armageddon.
Se sucedían los intercambios de instrumentos, aunque en gran parte de los temas el acompañamiento musical principal era un tío que hacía las bases electrónicas con la caja torácica, Bitbox, le llaman, que incluso tuvo sus minutitos de gloria, haciendo un solo que acabó definitivamente de encender los ánimos, ya bastante caldeados cuando nos acercábamos a los tres cuartos de hora de recital. Momentos irreprochables con el harpa, con el piano, mientras sonaba Promise o una Werewolf que se convirtió en uno de los temas más aplaudidos del concierto, en medio de un gran silencio, y del contraste de voces de las hermanas, cercanas por momentos a gente como Björk, y que cinco notas después arañan de esa forma tan suya la música lírica.
En los bises, concretamente en el primero, brilló Japan, en un derroche de capacidad pulmonar del acompañante de marras. El segundo bis, tan solicitado, se convirtió en una especie de Jam session que no se puede aplaudir, con gente bailando, algún top-less, ejercicios de gimnasia, etc..sin saber exactamente qué coño pintaban ahí. Lo cierto es que para hacer eso, es mejor dejar al público con las ganas de más, de querer que empiece de nuevo otro concierto, y no marcharse con un sabor amargo, como si estuviésemos en una rave de colegas hasta arriba de MDMA…será que uno es un clásico, y no entiende el arte espontáneo.
Dicho este inciso, y pasados los días, sólo sería una anécdota fácilmente olvidable.