
Texto: Javimetal
Fotos: Jessica Barcala
Caldas de Reis, Pontevedra
12 de julio 2008
“Que haya guerra de festivales no nos importa. Que se peleen. Nosotros nos quedamos con el Cultura Quente”. Esto lo pronunció Pucho, el cantante de Vetusta Morla, y simboliza el pensamiento de las miles de personas que abarrotaron la Carballeira de Caldas de Reis el pasado sábado para demostrar que es posible confeccionar un cartel muy apetecible, con grupos de la Primera División Nacional (Deluxe, Sunday Drivers), Internacional (Café Tacuba) y promesas que posiblemente lo estén en unos años (Vetusta Morla, Niño y Pistola, o Koacha) y que siga siendo un festival de entrada y acampada gratuito, en un entorno maravilloso: una carballeira al lado de un río. Es un evento en continuo crecimiento, pero de “desarrollo sostenible”: paso a paso, se va consolidando como una cita ineludible en el verano musical gallego, y debería estar marcado en rojo ya en tu calendario estival para sus próximas ediciones.
La música empezó en la tarde-noche, con una sesión del “maestro” Chema Rey, con un repaso a todos esos hits tan escuchados en su programa Bulevar, emblema de Radio 3, que ayudaron a que la gente a acercarse hasta la carballeira, aunque todavía fuese temprano y el Sol aún apretase. Enseguida el ambiente comenzó a animarse, como si nos encontrásemos en un enorme pub al aire libre, y hubo quien se puso a bailar esos clásicos indies grabados en el subconsciente colectivo. No obstante, y a pesar de mi admiración hacia su labor profesional, me pareció que era una sesión calcada a la que ofrecía este año en su gira junto a Deluxe –aunque siendo tan buena se perdona-.
El testigo lo recibieron Pacífico. Este grupo vigués presentaba su primer disco, “Radiografía de un soñador”, y demostraron que la experiencia es un grado: como antiguos componentes de bandas como Medusa, Killer Barbies o Kannon, son músicos geniales y tienen unas tablas admirables sobre el escenario; sin embargo, quizá pequen del defecto de las “superbandas”: les falta esa pizca de pasión que únicamente se ve con su “banda madre”, en la onda de esa primera novia a la que no olvidas. Sin embargo, ofrecieron un concierto más que correcto, con un sonido estupendo y unos temas de rock melódico que, a pesar de que no conocía, me dejaron con muy buen sabor de boca, así que os recomiendo encarecidamente que visitéis su myspace.com/sonidopacifico.
El siguiente grupo en sonar fue Niño Y Pistola. Con su sonido de querencia clásica, sus melodías vocales y sus canciones “beatle”, demostraron que son un grupo muy compacto y que tienen un cancionero genial, pero que quizá les falte algún elemento-gancho que les permita dar ese estirón dentro del panorama nacional y ponerse a la altura de grupos como Sunday Drivers (a los que han teloneado ya en varias ocasiones este año). Aunque no los conozcas, es imposible verlos sin tararear, o sin llevar el ritmo con el pie. Y ante tanta inmediatez, me planteo: ¿Triunfarían si cantasen en castellano? Mientras tanto, seguiremos valorando su gran baza, que es la que nos atrae a los melómanos: su pasión por la música, algo que demostraron tras su actuación, siguiendo entre las primeras filas del público los conciertos de Sunday Drivers, Vetusta Morla o Deluxe.
A continuación llegó el turno del grupo revelación del festival: Koacha. Sin duda, los franceses sorprendieron, y muy gratamente, con su post-punk bailable, un rock alegre y contagioso. Siguiendo con su clasificación, y aprovechando su origen, son como un ménage á trois entre Phoenix, Daft Punk y Rinôçérose, y fuera de sus fronteras, serían el hermano francés de Franz Ferdinand –no sólo por el enorme parecido de sus frontman-, o de los Bloc Party de “Silent Alarm”. Demostraron unas ganas enormes de agradar y de hacernos bailar, animando al respetable a acercarse al escenario chapurreando un español de turista, incluso felicitándonos por la Eurocopa, con lo que se lo metieron en el bolsillo. Una gran banda, con un líder carismático, que incluso bajó hasta el público a seguir con la fiesta. Muy recomendables.
Se iba haciendo de noche, y llegó el momento del primer plato fuerte de la noche: los toledanos Sunday Drivers. Difícil lo tenían para que su pop melódico no hiciese decaer el ambiente tras el enorme derroche de energía de Koacha, pero lo consiguieron con un repertorio muy conocido por el público, ayudado últimamente por campañas publicitarias y por series como “Cuestión de sexo”. Engancharon al público desde el primer tema, “Rainbows of colours”, y ya fue imposible que la todos dejasen de cantar. Fueron, sin duda alguna, el grupo romántico del festival, ya que eran muchas las parejas que se abrazaban entre el público, demostrando que sirven como banda sonora para sus momentos más sentimentales. No obstante, ya tienen una colección de hits considerable, y convirtieron en himnos sus dos éxitos más importantes: “Do it” y “On my mind”. Sin embargo, para mí su momento álgido fue el cierre del concierto, a la medianoche, con “Often” y, especialmente, con “Little Heart Attacks” con su final a lo “Hey Jude!”, que coreó hasta el apuntador.
El siguiente grupo en actuar eran los mexicanos Café Tacvba. Eran la contratación de la que estaba más orgullosa la organización del festival (recordemos que la semana anterior habían actuado en el escenario grande del Rock in Rio) y no defraudaron. Aunque de los “cabezas de cartel” eran los que tenían una parroquia más pequeña entre los asistentes, demostraron que decir Rock alternativo en castellano sin nombrarlos es una herejía. Su veteranía y su buen hacer son innegables, y dieron un auténtico conciertazo: repertorio variado de sus diferentes épocas, un sonido impecable, una conexión brutal con el público –incluso subieron a varias chicas al escenario-, y una demostración de que son, de largo, el grupo más ecléctico de este Festival (y posiblemente de todo el rock no anglosajón), con una polivalencia más que consolidada. Una de sus grandes comodines es su líder, carismático a más no poder, que se encontraba disfrutando de Koacha antes de subir al escenario, y que, derrochó –e hizo derrochar- adrenalina a un público que se marchó encantado. Personalmente, me quedo con mis dos temas favoritos: “Ingrata” y “Eres”.
Sin embargo, mientras media carballeira no le quitaba ojo a los Café Tacvba, la otra media cantaba… ¡los ensayos de Vetusta Morla¡, de largo los triunfadores de la noche. Sin duda, fue la noche de su consagración como la revelación de este año (aparte de Russian Red), y tienen un futuro más que prometedor. Me recuerdan a la irrupción en la escena nacional de Lori Meyers, y les auguro un futuro al menos tan bueno como el de éstos. Despertaban mucha expectación (en sus primeras filas había músicos de Sunday Drivers y Niño y Pistola) tras su estupendo debut, y no defraudaron. Tienen una cualidad que les hizo destacar por encima del resto de grupos, la que hace de puente de unión con los admirados Piratas: empatía. Sus fans quizá no fueran los más numerosos del festival, pero eran los que más y más alto cantaban. Se debe a que son un grupo magnético, hipnótico, seductor. Enseguida enganchan y no hay forma de soltarlos. Me resulta increíble que después de 8 años como banda, paseando sus canciones por las discográficas, tuviesen que autoeditarse ellos mismos. Normal que –como confirmó tras el concierto su cantante- ahora las discográficas anden detrás de ellos. Volviendo al concierto, con un par de temas ya nos tenían a todos en el bolsillo. Hicieron gala de su especial conexión con Galicia (“Galicia está encantada”), y con la parroquia, y la hicieron participar en temas como “Sharabbey Road”, dedicada al pueblo saharaui. Como dicen en uno de sus temas: “ser valiente no sólo es cuestión de suerte”. Yo lo completo: también lo es de talento, y estos tipos van sobrados.
Tenía el listón altísimo Deluxe, que ejerció de anfitrión, y aunque no lo superó, al menos no defraudó al público. Xoel es un tipo que últimamente ha ganado en cualidades al frente del escenario: lo domina con soltura, y cada vez se encuentra más cómodo interactuando con el público. Además, cuenta con unos músicos excepcionales, pero es esto último lo que lo traiciona. Lo que debería ser una ventaja, Xoel lo utiliza para un lucimiento instrumental repetitivo e innecesario, haciendo versiones más lentas de sus temas, y aunque con el repertorio de sus dos últimos discos puede encajar –los cuales componen casi la totalidad del repertorio-, con los temas anteriores no, lo que lleva a sacrilegios como el actual “Que no”. Qué lejos parece que queda aquello de “no intentes hacerme cambiar, no me pidas ese favor, siento decirte que no…”. La verdad es que lo ha hecho, y este cambio favorece a sus últimos fans pero no lo hace a los que lo siguen desde el principio – como es mi caso-. Ahora aprovecha su virtuosismo musical en favor del espectáculo, cuando antes el espectáculo era el propio virtuosismo musical. Si antes lo prioritario eran los temas, ahora lo es la música como hilo conductor del concierto. Esto lleva a que sean fijos en su actual gira instrumentales como “Paseo en bicicleta por la playa de Riazor” o una nueva versión de “Cine de verano”, pero los momentos que más se disfrutan son precisamente los temas menos recargados y ostentosos, como “Quemas”, en que sólo Xoel y su guitarra aparecen en el escenario, o en los que la versión en directo no se desvía del original y sólo supone imprimirle más energía el tema, como puede ser “Pájaros fríos”, “Historia universal” o “Adiós corazón”. Sin embargo, aquello que diferenciará este concierto de otro de esta gira han sido dos momentos impagables: la interpretación del “Bailaches Carolina”, que el público entonó a todo pulmón, y la colaboración de Xose Manuel Budiño, con la gaita en “Extraña habitación” –es curioso ver cómo los temas que más se corean son los de antiguos discos y, en cambio, brillan por su ausencia en el repertorio- y con la flauta en “El amor valiente”. Se podría decir que estas notas positivas encubren –que no compensan- lo negativo de la actuación: ahora un concierto de Deluxe es como un partido de fútbol con mucho balón en juego, pero lejos de las áreas, sin riesgo, con virguerías pero en la defensa, sin dignarse a atacar, un “jogo bonito” incouo y prescindible. Esperemos que no se convierta en la tónica de este tío con (muchísimo) talento, pero que ahora adolece de autocomplacencia.
Y así terminó el festival, que tuvo como nota negativa la ausencia de Vive la Fête, que habían atraído a mucha gente a Caldas para verlos y que debido a una enfermedad de la cantante, y su consiguiente cancelación de la gira española, provocó el desencanto entre sus seguidores. Esta ausencia repercutió en un alargamiento de las actuaciones a partir de Sunday Drivers, que entre sus fans fue muy agradecida (dicen que no hay mal que por bien no venga).
Por tanto, marquen como próxima cita el año que viene el Cultura Quente, me atrevo a decir que el mejor festival gratuito de España hasta que alguien me demuestre lo contrario, en una de sus ediciones más ambiciosas hasta la fecha, en la que, a pesar del gran nivel de todos los grupos, destacan sobre todos ellos Vetusta Morla, un grupo con hambre de éxito y que lo acabará alcanzando.