Lugar: Clube Vademecum (Vigo)
Precio: 5 € (consumición incluida)
Aforo: unas 50 personas contando al grupo, empleados del local y, si me apuran, la señora de la limpieza.
Nos avisan de que el concierto había empezado, tras lo que apuramos nuestras cervezas en La Casa de Arriba y caminamos los menos de tres metros que nos separaban del Vade. Todavía no estamos muy acostumbrados a la nueva puntualidad que se estila por esos lares, pero de todas formas se agradece.
Nada más asomar mi nariz en la sala una sensación entre incredulidad y cabreo se apoderó de mi. Supongo que algo parecido debería sentir el barbudo Carey Mercer, líder de Frog Eyes, que ya interpretaba alguno de sus temas delante de - agárrense – menos de diez personas (El número de asistentes no superaria los cuarenta y cinco – los conté - en ningún momento de la noche. La noche anterior habían llenado en Portugal). A veces pienso que no nos merecemos que nos organicen estos conciertos; bueno, no lo sólo lo pienso, sino que estoy convencido de ello. A lo mejor para algunos fue un impedimento los ¡5 Euros! que había que pagar (consumición incluida). Al próximo al que escuche quejándose de la falta de conciertos y blablabla lo cuelgo del Sireno por las pelotas. O peor, lo baneo en el soulseek.
En fin, a lo que iba. Que con este desolador panorama los canadienses bastante hicieron con no irse llorando y ofrecieron una dignísima actuación, corta pero intensa. Siempre apoyados en su delirante frontman, todo un freak, y con el propio Daniel Bejar en un segundo plano durante la mitad del show, facturaron su rock tenso e histriónico que bien encajaría como banda sonora de una hipotética tercera parte de La Familia Adams. Reescuchando su último trabajo, The Folded Palm (Absolutely Kosher, 2004), ahora pienso que en realidad estuvieron comedidos.
Tras ellos subió desanimado Randall Bickford, o lo que para el caso es lo mismo, The Strugglers. En media hora ventiló con la única ayuda de su guitarra un bonito repertorio de un pop-rock muy americano que, según él mismo, serviría para fastidiarnos la noche. Que le vamos a hacer si a uno le encantan los amargados, pero eso si, no en sábado.
Tras un hábil cambio de papeles, Frog Eyes se convirtieron en Destroyer y ahora sí, Daniel acaparó todo el protagonismo para dotar de nuevas aristas a unos temas, los de Your Blues (Acuarela, 2004), que se tornaban irreconocibles con su nuevo envoltorio. Aún así, este nuevo y ruidoso traje no mermó la capacidad de las composiciones de Bejar para emocionar a la escasa audiencia que ocupaba un Vademecum desangelado. No se merecían tan triste recibimiento.