Texto y fotos: Sierjo
Auditorio de Galicia. Sala A. Brage
Santiago de Compostela
9 de junio de 2007
Tres años y un día. Esa es la condena que hemos cumplido los seguidores de Dominique A para poder verlo de nuevo por estas tierras. Corría el 8 de junio de 2004 cuando el parisino entusiasmaba a un concurrido Teatro Salesianos de Vigo sin más compañía que la de un puñado de guitarras y pedales.
Muy atrás, hace casi once años, quedó mi primer y revelador encuentro con su música en un todavía en pañales Festival de Benicàssim. Recuerdo haberlo escuchado de pasada mientras presentaba los temas de La Memoire Neuve (Lithium, 96) con su banda y no poder evitar pararme a presenciar boquiabierto el resto de la actuación. Las cosas han cambiado mucho desde entonces y hoy podemos considerar a Dominique A como el único superviviente que sigue en plena forma de aquella generación de músicos franceses que nos asombró durante la segunda mitad de los 90. Para muestra un L’horizon.
Monsieur Ané se volvía a presentar, ahora en el santiagués Auditorio de Galicia, acompañado de una banda: vientos, percusión, teclado y sobre todo una segunda guitarra sostenida magistralmente por las manos de Olivier Mellano.
Al poco de comenzar todos sabíamos de qué iba esto: electricidad. Las caras sorprendidas abundaban; aquellos acompañantes involuntarios que esperaban echar una cabezadita tendrían que esperar a una mejor ocasión, pues hubo bien pocos momentos para el respiro en un concierto caracterizado por la energía y el sudor, sudor que el gabacho derramó a mares durante alrededor de una hora y tres cuartos.
La presentación de su último trabajo, el espléndido L’Horizon (Greenufos, 06) copó los primeros compases del show, para poco a poco ir regalándonos algunos de sus temas más esperados. Como mínimo de sorprendentes podríamos calificar sus revisiones de “La memoire neuve” (electrificada e hipnótica), “L’amour” (tensa) y “Pour la peau” (su solemne comienzo la volvió irreconocible en un principio). Mientras, en medio de un ambiente de gala – casi lleno –, el respetable recibía con alborozo cada muestra de complicidad del simpático galo.
Cada “graciñas” era recibido con una ovación por una multitud expectante mientras recientes y semi-recientes temas iban cayendo uno tras otro. Tras haberse despedido con “L´horizon” (la canción) poco tardaron en hacer acto de presencia otra vez en el escenario al ritmo de “Tout será comme avant”. En el segundo bis y acompañado sólo por su guitarra acústica, su sobrecogedor “Empty white blues” dejó mudo al auditorio justo en el momento que una inesperada alarma comenzaba a sonar de fondo, a la que Dominique contestó algo como: “fuego, vamos a morir, buen lugar para morir”. Una improvisada jam compuesta de golpetazos a la batería tras haber intentado hacer bailar a ritmo de discoteca a un público bastante tímido (casi tan tanto como las pataditas a la batería, no se fuera a romper algo...), puso el punto y final a una noche intensa y, por qué no, divertida.