Teatro Salesianos, 21:30 h. 12/15 € Casi Lleno....
10 de Junio de 2004



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dominique A + Mirna Mynkoff (08/06/2004).jpg

Teatro Salesianos, 21:30 h. 12/15 € Casi Lleno.





El festival sinsal 2.0 nos volvió a convocar para el plato fuerte de este año, uno de los cantautores más grandes de la escena actual, que no es otro que el señor Dominique Ané, que nos visitó en el transcurso de la gira de presentación de Tout será comme avant (Labels, 2004), su sexto disco.

Había ya un gran ambiente en el teatro Salesianos cuando calentamos motores con Myrna Minkoff, curioso cuarteto gallego que no dejó a nadie indiferente, tanto por su música (¿Qué era aquello?¿¿¿postneolofifolkrock???) como por su actitud más que amateur. El caso es que, a pesar de estar más verdes que los pensamientos de José Luis Moreno, la peculiar manera de hacer música de estos prometedores...¿hood galaicos? agradó y se convertió en un buen aperitivo de lo que íbamos a ver posteriormente.

Tras ellos un descanso en el que salí al hall a airearme. Nada más lejos de la realidad, pues aquello parecía la quinta fila del FIB viendo a Belle & Sebastian. Así que de nuevo entramos, que sentadito se está muy bien.

Poco más tarde de las 23:00 apareció el genial franchute, totalmente de negro, con el Salesianos casi repleto. Se presentó sólo, alternando guitarra electroacústica y eléctrica, y ayudado por algún que otro cacharro. El escenario no se le hizo grande en absoluto y comenzó a repasar su carrera con la maestría que caracteriza a un monstruo escénico como él, enorme compositor y todavía mejor intérprete.

La actuación comenzó en acústico, un poco fría, para por fin despegar dos canciones más tarde cuando agarró la eléctrica y subió la intensidad del recital, que no dejó de crecer y crecer durante la hora y cuarenta minutos que duró, dos bises incluidos. Los momentos culminantes llegarían cuando nos puso la piel de gallina con la solemne “la memoire nueve”, del álbum homónimo para lithium que lo dio a conocer en nuestro país, la intensísima “empty white blues”, por la que Elvis no dudaría en empeñar su tupé, y la belleza simple y delicada de “les enfants du pirée”. Todo ello hizo que le perdonáramos que se dejara en el tintero canciones como “pour la peau”, “en secret” o “le twenty two bar” (Ignoró casi por completo la memoire nueve, cuando las canciones de este disco parecen hechas para actuaciones como ésta).

Ovación tras ovación, de la calma a la tormenta y viceversa, la actuación fue transcurriendo hasta llegar al final, poniendo el broche de oro con una de las canciones más esperadas de la noche, “Antonia”. Entonces se encendieron las luces y (casi) todos nos fuimos con la sonrisa en la cara y la mente puesta en la próxima cita: Donna Regina.

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