
La incansable promotora SWR lleva más de quince años poniendo el norte de Portugal en el mapa de compromisos de todo aficionado a los sonidos más extremos, siendo responsables de eventos como el Barroselas Metal Fest o el que nos ocupó este fin de semana, el Bracara Extreme Fest que componía un cartel atractivo para todos los paladares dentro del amplio espectro del metal. Clásicos como Napalm Death o Enslaved acompañaban a valores nuevos en comparación como Decapitated o Aborted, entre muchas otras propuestas más que os relataremos en la siguiente crónica. Cabe destacar el esfuerzo de SWR en la elección del recinto, un cálido Centro Cultural Braga Viva que está emplazado en unos antiguos cines, con mucho espacio para público y bandas, cuyas salas sirvieron de escenario inmejorable para el desarrollo de los conciertos. Como única nota negativa, la cancelación a última hora de Altar Of Plagues, uno de los grupos más esperados.
VIERNES
Los valencianos Trocotombix fueron los primeros en enfrentarse al escenario grande, todavía semi-vacío cuando comenzaron a desplegar su abrasivo grindcore, que sorprende por la riqueza en ideas variadas, frescas y bien ejecutadas, sin embargo su set remató en la frialdad por la pasividad del público y ciertos problemas técnicos que minaron la actitud del grupo, que seguro habrían estado como peces en el agua en una sala de conciertos, sin tantos micros y demás. Más suerte tuvo el trío Aathma, ya que inaugurando el escenario pequeño disfrutaron de un sonido espectacular y cristalino, que replicó con justicia su concepto como grupo, un doom contundente, pesadísimo, ejecutado con sobriedad, cuyo desarrollo y voces casi siempre limpias bañadas en eco nos hizo recordar ( para bien ) a los mejores YOB. El público respondió agradecido ante tal soltura arropando a la banda en sus brazos, que estuvo sobre las tablas como en casa. Los madrileños se revelaron como un grupo a seguir, muy en serio.

Antes de que los portugueses Deskarga Etílika asaltasen el escenario, nuestras prejuiciosas mentes aventuraban que con semejante nombre quizá nos íbamos a enfrentar a una suerte de réplica portuguesa al infame rock calimotxero, pero para nuestra sorpresa el cuarteto practicaba un crust-punk noventero bastante decente, que explotando con irregularidad el legado de grupos ilustres del género como Amebix o Disrupt, consiguió una buena respuesta del público a pesar de que la guitarra era prácticamente inaudible debido a los problemas técnicos que seguían afectando al escenario grande.



SÁBADO
Después de una larga noche de frío y pocas horas de sueño gracias a la actividad nocturna que nos ofreció Braga, tocaba estar puntuales en el escenario, ya que los madrileños Adrift prenderían la mecha el segundo y último día del sábado. Primeros espadas en la escena metal underground del estado, ofrecieron de principio a fin un show aplastante, afilado y denso en misma medida, ayudados por un sonido perfecto que engrandeció todavía más si cabe sus megalíticas composiciones, dejando al respetable convencido de que estaban ante un grupo que merece ocupar un lugar destacado en el cartel de cualquier evento. La base rítmica ( qué batería! ) conspiraba con unas guitarras que cortaban el aire y que se sumaban a la potentísima voz de Jorge para grabar a fuego en la memoria de los asistentes el hecho de que estábamos viendo a unos grandes. Ardemos en deseos de escuchar su nuevo trabajo, que será publicado a principios de 2012.
Todavía sobrepasados por la tamaña gesta de Adrift, fuimos ensimismados hacia el escenario pequeño, donde los canadienses Archspire estaban ajustando amplis y sonido, preparándose como es debido para desplegar lo que fue una sucesión de trallazos death-metal hiper técnico que dejaron al público ojiplático, ya que resulta difícil de creer que se pueda llegar a tocar con semejante precisión y contundencia ( nunca he visto tocar el bajo de esa manera ) sin perder el toque de suciedad y desbarre que el propio estilo requiere. Como estar centrifugado en una lavadora con otras trescientas personas y pasándolo bien. Sus composiciones no aburren y tienen un gran deseo de ser originales en un estilo muy competitivo, y aún por encima resultaron ser unos tipos de lo más simpáticos, que no paraban de mofarse de ellos mismos de una manera sana e ingeniosa.

Otra vez pasamos de lentitud extrema a rapidez extrema ( intercambio que nos dimos cuenta, era una constante en el festival) siendo los estadounidenses Cyanide Serenity los encargados de pisar el acelerador a base de una mezcla de thrash con retazos de hardcore y death metal directa a la yugular, que gracias a un frontman demoledor provocaron los primeros pogos de la jornada a pesar de que su sonido estaba excesivamente saturado y resultaba dificultoso entrar en detalles. Un buen show.

Y a ver si aventuran los que sigan leyendo qué viene ahora. ¡Correcto! acelerón y propuesta totalmente contrastada con la anterior como fue la de los italianos Fleshgod Apocalypse. Poco sabíamos de este grupo que demostró tener una buena base de fans entre los asistentes, que se calentaban al ritmo de una tétrica pieza que sirvió de introducción a la jaleada entrada de los miembros de la banda en las tablas. Los no conocedores pestañeamos primero por la estética y luego por su música: Vestimentas de músicos clásicos pero recientemente exhumados, reseñables el teclista con gafas de sol sumado a lo anterior y un bajista clavado a Diego El Cigala, que no es un detalle banal, a pesar de lo que parezca. El discurso consistía un death metal sinfónico (sí, eso existe) repleto de pasajes muy agresivos que daban paso a desarrollos de estilo clásico basados en el teclado que se veían aderezados por la voz aguda como un violín de El Cigala, que sonrojaría hasta al papa de la Iglesia del Power Metal. Hay que decir que a pesar de lo hortera del asunto, se revelaron como un grupo muy sólido, entretenido de ver, profesionales y que dejaron a sus fieles más contentos que unas castañuelas.

Llegó el momento entonces del segundo grupo en tamaño en el cartel, los noruegos Enslaved, una formación única en su especie, ya que han evolucionado como nadie desde sus comienzos del black metal primigenio hasta la riquísima y variada propuesta que llevan asentando con sus últimos discos. La expectación era máxima y para cuando la agrupación de vikingos puso un pie en el escenario para inmediatamente atacar "Ethica Odini", la sala ya se había rendido ante la atmósfera creada por un sonido rocoso y gélido, envolvente hasta el extremo. El público observaba embobado semejante exhibición de fuerza, sin apenas moverse, algo que dejó un poco confuso al líder Grutle Kjellson, que quizá interpretó pasividad por parte del público. Nada más lejos de la realidad, nadie quería pestañear por no perderse ni una fracción de segundo nada de lo que ocurría encima de las tablas. El set se centró en sus obras más recientes, sorprendiendo con una versión de "Immigrant Song" muy personal, que fue el preludio a un desbordante final con "Allfard Odinn", única referencia a su viejo catálogo, en concreto al legendario split con Emperor de 1993.

Todo lo bueno debe acabar, y el Bracara Extreme Fest echaría el cierre en lo que a conciertos se refiere de mano de los polacos Decapitated, un grupo que presentaba su quinto disco después de un parón de cinco años debido a un desgraciado accidente automovilístico que acabaría con la vida de su batería Witold Vitek Kieltyka y dejase gravemente herido a su cantante Adrian Covan Kowanek. El guitarrista Waclaw Vogg Kieltyka reconstruyó el grupo reemplazando a un hermano y a un compañero, hazaña digna de mención pero no sorprendente en un grupo con tanta voluntad como Decapitated, ya que hay que recordar que estos chicos antes de ser mayores de edad habían revolucionado el death metal técnico mundial con un seminal primer disco, "Winds Of Creation". La organización había decidido que este último concierto se celebrase en el escenario pequeño, que se convirtió en una olla a presión a merced de una banda que exudaba furia y contundencia, desgranando un set coherente que abarcó toda su discografía. Bajo el liderazgo del nuevo cantante fustigando, unas primeras filas cada vez más asalvajadas caían en el caos absoluto a base de un muro de sonido formado por una guitarra atronadora e infernal, un bajo densísimo pero claro, una batería que parecía el motor de un avión y una desgarradora voz. Profesionalidad y veteranía a pesar de su juventud la de los polacos, que dejaron al público extasiado y con ganas de más, pero para su descontento el Bracara Extreme Fest había terminado dejando un sabor de boca inmejorable.

Fotos: David Tombilla
buena crónica!
¡Ten paciencia! El comentario tarda un ratito en publicarse. Gracias.