
Foto portada: Archivo FIB - Oscar L. Tejeda
De vuelta en casa y con el cuerpo recuperado tras cuatro días de festival, llega el momento de poner en orden todo lo vivido en la decimocuarta edición del FIB Heineken. Su cartel mezclaba sin pudor a clásicos de la talla de Leonard Cohen o Morrisey con superventas mundiales como Mika, revolucionarios del flamenco como Morente, rock del siglo XXI con raíz clásica de gente como The Raconteurs o The Kills, reuniones de clásicos del indie contemporáneo como My Bloody Valentine, baile sudoroso de la mano de los franceses Justice, o los sonidos negros de Gnarls Barkley. Ante esta lista tan heterogénea sólo queda esperar que el festival abra sus puertas, de una vez por todas, a géneros como el hip-hop. Si este año fue posible disfrutar de artistas como Gnarls Barkley, no sería nada despreciable la presencia de personajes como Kanye West. Hablando de Kanye West, alguien debería decirles a los portadores de Shutter Shades, en todos los colores posibles, que sólo le quedan bien al rapero, fuera de su persona no dejan de ser un invento más que ridículo.
En cuanto al público, destacar la avalancha europea (especialmente británicos) de todas las edades. A pesar del gran número de asistentes, en ningún momento se hizo complicado moverse por el recinto o hacerse con bebida o comida. La parte negativa, lo pequeñas y calurosas que se mostraron las carpas durante los directos de artistas como Justice, Hot Chip, Battles o José González y, quizás, sería necesario mejorar el apartado electrónico, tanto directos como dj´s. Por lo que respecta a grupos españoles, todos dieron lo mejor de sí y se mostraron profesionales y efectivos.
Jueves 17.
Single
Foto del Archivo FIB tomada por Francois Ollivier
Teresa Iturrioz supo vencer con elegancia y buen humor circunstancias adversas (problemas con su equipo y un grupo de garrulos cerveceros que no dejaban de molestar). Una vez superadas las dificultades, su sonrisa y bonitas canciones como “Pío pío” o “Tu perrito libre pensador” crearon un concierto llevadero. A destacar sus dos cambios de vestuario que dejaron el armario de Róisín Murphy por los suelos.
Sigur Rós.
Foto: Archivo FIB - Oscar L. Tejeda
Rodeados por globos de luz, Sigur Rós ofrecieron uno de los mejores conciertos del festival. Abrir su actuación con “Svefn-G-Englar” les sirvió para ganarse al público desde el minuto cero. Era la primera vez que veía un concierto de los islandeses y la experiencia fue más allá de lo esperado. Tenía miedo a que su directo fuese especialmente frío y no llegase a provocar el marasmo de sensaciones que trasmiten sus discos. A la hora de la verdad, el único desasosiego vino producido por el temor a parpadear y perderme el más mínimo detalle. La voz de Jón Birgisson se cuela por cada uno de los poros de la piel y se pasea por todo el cuerpo como un escalofrío sin fin. Su último álbum puede causar cierto malestar entre sus seguidores más puristas, algunas de sus canciones dejan de lado la solemnidad y encararan directamente un camino presidio por la fantasía; así quedó claro en “Vid spilum endalaust” o “Globbledigok” con su marcada percusión o el ritmo en constante crecimiento de “Inní Mér Syngur Vitleysingur” o “Festival”. Clasicazos como “Hoppípolla” o “Saeglópur” son enormes. Y, por encima de todo, tanto la banda como sus numerosos acompañantes disfrutan de lo que hacen; la sección de vientos es fantástica no sólo a la hora de tocar, sino también a la hora de interactuar con el público. Al final del concierto, lo único que queda es preguntarse cómo algo tan triste es capaz de dibujar en tu cara una enorme sonrisa.
Facto Delafé y las Flores Azules.
Foto del Archivo FIB tomada por Francois Ollivier
No soy seguidor de su suerte de hip-pop de letras bonitas y tonadillas pegadizas, pero lo ocurrido en el concierto del trío barcelonés es de ley reconocerlo: fue todo un espectáculo. El Fib Club estaba repleto de un público entregadísimo. Ante semejante panorama, el grupo se creció de una manera inaudita; sólo por ver sus caras brillar ante cada ovación mereció la pena asistir al concierto.
Battles.
Foto del Archivo FIB tomada por Francois Ollivier
Sin cambiar de escenario y con otro llenazo, los neoyorkinos Battles volvieron hacer bailar a todos los presentes. Sus ritmos primitivos y sincopados son directos, eficaces y calculados. A destacar la fuerza que emanaba desde la batería y la locura general con la llegada de “Atlas”.
Viernes 18.
Vincent Vincent and The Villains.
Foto del Archivo FIB tomada por Liberto Peiró
Entretenido concierto para comenzar una calurosa tarde. Canciones como “On my own” (usada de hilo musical entre concierto y concierto) o “Pretty girl" suenan frescas, pero no novedosas. Tras su concierto llegaban The Rumble Strips que, más o menos, vienen a reivindicar el trabajo de Dexy’s Midnight Runners, pero un servidor en su hoja de ruta tenía marcada una cita con El Columpio Asesino.
El Columpio Asesino.
Foto del Archivo FIB tomada por Javier Rosa
Con su disco “La Gallina”, publicado este mismo año, los navarros se plantaron en el Fib Club con el objetivo de no dar ni un minuto de descanso. Sonido compacto y con más mala leche que una patada en las pelotas por parte de un enemigo. Algún grupo del que comentaré su concierto unas líneas más abajo debería tomar nota.
South San Gabriel.
Foto del Archivo FIB tomada por Liberto Peiró
A pesar de no congregar a un numeroso público, Will Johnson ofreció un concierto más que destacable. Las circunstancias no eran las más propicias para disfrutar de su sonido, con gente entrando y saliendo del Fiberfib.com, ecos de otros escenarios y el calor que a esas horas aun nos acompañaba. Todo esto no impidió que sus canciones perdiesen ni un gramo de delicadeza.
El Guincho.
Foto del Archivo FIB tomada por Francois Ollivier
Armado con sus máquinas (sampler, percusiones) y acompañado en un segundo plano por dos portátiles, Pablo Díaz-Reixa puso en práctica su particular modo de entender las músicas de raíz: loops contagiosos, unas bases próximas al techno y su voz, un poco baja, cantando sus coloristas letras. En cuanto a las canciones, despachó con vitalidad la mitad más bailable de su laureado debut “Alegranza”, más lo que parecieron nuevas composiciones. El público bailo y él acabó sonriendo.
Hot Chip
Foto del Archivo FIB tomada por Liberto Peiró
Llenazo increíble en el escenario Fiberfib.com, incluso los de seguridad del festival tuvieron que bajar a gente que se había subido a los árboles para poder ver algo. Hasta el final del concierto, con una entrañable versión del “Nothing Compares 2 U” de Prince no hubo ni un minuto de descanso. Todo fue hedonismo puro y duro, temas como “Shake a fist” o “Ready for the floor”, aparentemente poco bailables, sonaron como auténticos cañonazos dirigidos a un público que no dejó de saltar, sudar o cantar. Con la llegada de “Over and Over” la carpa sobrepasó los limites de la cordura, la imagen de toda esa marabunta humana saltando y cantando fue espectacular.
My Bloody Valentine.
Foto del Archivo FIB tomada por Oscar L. Tejeda
Un viernes por la mañana te despiertas en tu tienda de campaña y oyes cómo el aire trasporta hasta tus oídos los primeros compases de “When you sleep”. Un torrente emoción recorre todo tu cuerpo, el bochorno infernal de la mañana desaparece, los grillos enmudecen y, mientras en tu cabeza suenan fuegos artificiales, piensas: hoy voy a vivir algo grande. Unas horas más tarde, ya en el recinto del festival, dejas a los Hot Chip versionando a Prince y te lanzas a correr como un poseso hacia el Escenario Verde. Es el momento de dejar brotar toda esa efervescencia que, acumulada desde la mañana, no ha dejado de correr por tus venas. Al frente del escenario están Belinda Butcher, a la que el paso de los años parece que no han afectado, y Kevin Shields. Tras ellos Debbie Googe y Colm O´Cíosoíg. Arranca el concierto con “Only Shallow”, primeros momentos de euforia, pasan los segundos y mi cerebro avisa: ¡volumen bajo, no se escucha la voz! Momentos de pánico, un poco de tranquilidad, es la primera canción, están calentando. Suena “When you sleep”, grande, pero sigue sin escucharse la voz y el volumen sigue bajo, más nervios. Me muevo buscando un sitio mejor, nada cambia. Seguro que desde la grada de prensa se escucha mejor, nervios, el chico me pide que le enseñe el pase, venga, ya nos conocemos, ¿no ves que está a punto de darme un ataque al corazón?. Le enseño el pase de prensa. Busco una silla, me siento, abro bien los ojos y repito por lo bajo “todo va a salir bien”. Ellos no se miran, ni se mirarán, en todo el concierto. Me da igual, como si se bajan del escenario y se escupen a la cara, pero por favor arreglad esto. Suena "When You Wake You´re Still In A Dream", mi cerebro me vuelve avisar: esto no funciona. Mi corazón se resiste a admitirlo, pero la batalla esta perdida. El resto del concierto transcurrió de un modo más que correcto, parece que antes de esta gira se han dedicado a ensayar en serio. Las canciones suenan bastante parecidas a sus discos, pero la magia ha desaparecido, se ha esfumado. El muro de sonido que muchos parecen haber escuchado nunca llegó a ir más allá de un tabique. Mi corazón herido logró encontrar algo de cura con “I Only said” y “Soon”, pero ya era demasiado tarde. No creo que los fallos de sonido se deban achacar al escenario verde, ni a que el concierto se celebrase en un recinto al aire libre. Por este mismo escenario pasarían luego gente como The Raconteurs, Leonard Cohen o Enrique Morente, y todos ellos se hicieron escuchar a la perfección, es más, a algunos como a Morrissey se les escuchó de más. Sólo me queda avisar a los lectores de esta página que, si buscan otra opinión sobre este mismo concierto, en la red encontrarán épicas descripciones del mismo, pero con todo mi inmenso pesar y el mayor de los respetos (y envidia) a todos aquellos que disfrutaron con My Bloody Valentine, un servidor lo vio de otro modo.
La Casa Azul.
Foto del Archivo FIB tomada por Nathalie Paco
Nada mejor que Guille Milkyway para remendar un corazón roto. Concierto pensado para dejarse llevar, disfrutar y convertir el Fib Club en un inmenso karaoke. Sonaron una amplia mayoría de canciones incluidas en su reciente “La Revolución sexual” y clásicos de su repertorio como “Superguay”, “Chicle cosmos” o “Cerca de Shibuya”. Todo el público, europeos incluidos, cayeron en las redes de La Casa Azul, sobre todo en el momento que sonó el clásico de John Paul Young “Love is in the air”.
Mika.
Foto del Archivo FIB tomada por Oscar L. Tejeda
Vaya tela con el Mika. Está claro que en su mesilla de noche tiene una copia del manual para el perfecto espectáculo. Que si una muñeca hinchable, que si bailarines, gigantes y cabezudos, pepelillos de colores, piruletas, peluches tamaño xl, que si ahora te canto en falsete y mil trucos más para entretener a un público que, en ningún momento, se resistió a su propuesta. Y si esto es no es suficiente, el muchacho se dirige al público en un más que correcto castellano. Si alguna vez has canturreado alguno de sus singles, y estoy seguro de que lo has hecho, su directo no te defraudará lo más mínimo. Los momentos de bajón llegan cuando se pone tras el piano, pero duran poco, y si hay que volver a levantar al público pues se versiona el “I just can´t get enough” de Depoche Mode y todo el mundo a bailar otra vez. En definitiva un espectáculo de esos que jamás pensé que vería en Benicassim.
Sábado 19.
Manos de Topo.
Foto del Archivo FIB tomada por Javier Rosa
Comprobado. Miguel Ángel Blanca canta como si un miembro de la familia de El Padrino le estuviese aplastando los huevos. El grupo, acompañado de una violinista, interpretó con gusto todo su repertorio de tragicomedias surrealistas. Gracias a la cantidad el público que lograron congregar a primero hora de la tarde, podemos deducir que a los fibers españoles no les importa plantarse a las cinco y media en el recinto del festival y, además, que Manos de Topo, ya cuentan con una amplia base de seguidores. Para finalizar entre aplausos, nada mejor que una versión del “Bailar pegados” de Sergio Dalma.
The Ting Tings.
Foto del Archivo FIB tomada por Liberto Peiró
Según una hoja promocional, el trabajo de este dúo es: “fresco, divertido, alternativo, burbujeante, bailable, desinhibido, diferente, juvenil… pop en estado puro como hacía tiempo que no se escuchaba”. La verdad es que tachando de la lista lo de alternativo, al igual que hizo el resto de un abarrotado Fiberfib.com, si lo único que te apetece es pasar un rato divertido, The Ting Tings son tu grupo. Por cierto, sus singles junto al “Kids” de MGMT, fueron pinchados por la gran mayoría de los dj´s en la carpa pop.
José González.
Foto del Archivo FIB tomada por Javier Rosa
Si en el concierto de Hot Chip la gente se subía a los árboles, para ver al sueco nada mejor que encaramarse a los sanitarios portátiles. Es evidente que el Fib Club no es el mejor lugar para asistir a un concierto acústico. Aún así mereció la pena poder disfrutar de la calma que transmite la voz del sueco. Me gustaría agradecer públicamente al anónimo que se encontraba a mis espaldas; sus comentarios “ésta es la del anuncio del Sony Bravia” o “ésta es la del video del feto”, lograron que por un momento me olvidará del calor que hacía en la carpa y me acordase de su madre.
American Music Club.
Foto del Archivo FIB tomada por Liberto Peiró
No creo que haya sido la mejor noche Mark Eitzel y los suyos, pero aún así, una noche regular de American Music Club se disfruta tanto como una buena. Contratiempos con una guitarra hicieron que el público se enfriase por unos instantes, nada difícil de superar gracias a las maravillas de canciones incluidas en su último trabajo: “The Golden Age”. Escuchar “The windows of the world” o “All my love” hace que todo lo malo desaparezca por unos instantes.
Lori Meyers.
Foto del Archivo FIB tomada por Javier Rosa
Los de Granada salieron al escenario con ganas de convencer, aunque por el entusiasmo y el modo en que la gente cantaba las canciones daba la impresión que el público ya venía convencido de casa y lo único que deseaba era divertirse. Y así fue, con una banda ampliada, dos baterías y tres guitarras, sonaron compactos y entregados. Dejaron de lado sus canciones más pausadas y se centraron en su material más eléctrico.
The Kills.
Foto del Archivo FIB tomada por Francois Ollivier
Siendo sincero, más allá de un par de singles resultones y de cuyo nombre nunca me acuerdo, la música de The Kills me deja tibio. Su presencia en el escenario se reduce a ellos dos y nada más. Una charla pillada al vuelo comentaba lo tórrido de las miradas que se lanzaban entre ellos aunque la verdad yo estaba flipando con la batería, perdón, que no había batería, que estaba grabada. Vaya tela con las rock stars del siglo XXI, para que después tengas que aguantar idioteces sobre los directos de música electrónica. Por cierto, el concierto debió estar bien, o al menos eso parecía deducirse de los movimientos epiléptico-orgásmicos de tres chicas situadas en mis proximidades. Bueno, también tocaron una de las canciones que me gustan pero que sigo sin saber cómo se llama.
The Raconteurs.
Foto del Archivo FIB tomada por Oscar L. Tejeda
Segundo ataque de sinceridad: más allá de un par de singles resultones y de cuyo nombre sí que me acuerdo, “Steady as she go” y “Intimate secretary”, la música de The Racounters me deja tibio. A pesar de esto, dudo mucho que The Raconteurs sea un simple pasatiempo para Jack White; si así fuera, su “Consolers of the lonely” publicado este mismo año, no incluiría joyitas como “You don´t understand me”, “Many shades of black” o “Old enough”, las cuales en directo ganan tanto en fuerza como en intensidad.
Gnarls Barkley.
Foto del Archivo FIB tomada por Óscar L. Tejeda
Tercer ataque de sinceridad: me esperaba más diversión de un concierto que no fue más que correcto. A pesar de su hiperactiva banda y del vozarrón de Cee-Lo, sonaron desganados, incluso su mega hit “Crazy” resultó de lo más anodino. Los mejores momentos de la noche llegarían de la mano de “Going on” y “Run”. Supongo que me imaginaba un concierto de Gnarls Barkley como un derroche de energía soul, actividad frenética sobre el escenario y por que no decirlo algo más freak. Eso sí, la versión del “Reckoner” de Radiohead les quedó perfecta.
Domingo 20.
The National.
Foto del Archivo FIB tomada por Liberto Peiró
Gran concierto; la oscuridad presente en sus discos se matiza hasta lograr un sonido más limpio y directo. Con un repertorio basado mayoritariamente en su todavía vivo “Boxer”, los neoyorkinos llenaron una vez más el Fiberfib.com. Los momentos álgidos del concierto fueron muchos: desde el pausado inicio con “Start a war” hasta el memorable final con “Mr November”. Por el camino grandes canciones como “Apartament history”, “Secret meeting”, “Mistaken for strangers” o un celebradísimo “Fake Empire”. Si en una carpa son capaces de conseguir semejante maravilla, no me quiero imaginar cuál será el resultado en una sala.
Leonard Cohen.
Foto del Archivo FIB tomada por Oscar L. Tejeda
Sin hacer ruido, Leonard Cohen se plantó en un Escenario Verde que lo recibió con los brazos abiertos de par en par. La calma y el sosiego que otorgan los años hicieron que su corto concierto resultase tan maravilloso como las amables sonrisas que, quitándose el sombrero, devolvía ante cada ovación del público. A destacar la vigencia de canciones como “Everybody knows”, que parece haber sido escrita ayer, o la súplica de amor de “I´m your man”. Escuchar "Hallelujah" en la voz de su compositor original es un placer insuperable y, sintiéndolo mucho, nadie lo hace como él. Uno de esos conciertos difíciles de olvidar en mucho tiempo, tanto por la genialidad del artista como por el respeto y la educación mostrada por el público.
Morente Omega con Lagartija Nick.
Foto del Archivo FIB tomada por Francois Ollivier
Todavía con la piel de gallina tras el concierto de Leonard Cohen, tocaba enfrentarse a ese experimento musical que es “Omega”. La presencia de Lagartija Nick no se materializó hasta la parte final del espectáculo. La primera parte estuvo dedicada al flamenco en estado puro con coros, palmeros, baile, ritmos de caja y, por supuesto, la voz de Enrique Morente coronando semejante cuadro. Desconozco las reglas a seguir para valorar un espectáculo de flamenco, pero cada vez que el granadino lanzaba su chorro de voz no se escuchaba nada más. No sabría nombrar el título de los temas interpretados, pero una vez en casa y tras una nueva escucha de “Omega”, sólo reconozco la interpretación de “El pastor bobo”. Momento destacado de esta primera parte sería el Escenario Verde iluminado únicamente con un haz de luz centrado en Morente mientras se quejaba al aire con un “que ha sido de mi vida”, a continuación el más absoluto silencio y, por supuesto, los pelos de punta. La aparición de Lagartija Nick, siempre en un segundo plano al fondo del escenario, se inició con “Omega” y su base ruidista acompañando al cante de Morente. A la hora de interpretar “Manhattan”, un nuevo vuelco al corazón por el modo de solicitar la entrada de una voz que le acompañase en su interpretación, llegué a pensar que del fondo del escenario saldría Leonard Cohen. Esto no se produjo, una lástima pues hubiese sido un momento impagable; en su lugar salió Estrella Morente que, junto con su padre, acoplaron sus voces a la tormenta de guitarras que sonaba de fondo. Casi tan emocionante fue la interpretación del “Aleluya”, con todo ese grupo de mujeres a los coros y la lucha constante entre el sonido de las guitarras acústicas y eléctricas. Para finalizar, el “Pequeños vals vienes”, con un Morente feliz girando sobre sí mismo.
Justice.
Foto del Archivo FIB tomada por Francois Ollivier
Menudo trago meterse en un concierto de Justice tras todo lo anterior y, sobre todo, menudo trago soportar el calor que emanaba toda la gente allí congregada. No creo que nadie discuta la efectividad de los singles de Justice, ahora bien, su directo es otra cosa bien diferente. Querer comprimir en una hora todo su trabajo (temas propios y remezclas para otros artistas) es una tarea de locos. Justice llevan todo hasta el extremo, o las canciones se quedan en pequeños destellos o se alargan hasta la extenuación. Todo va a una velocidad demencial; antes de que el público reconozca y disfrute un instante de la melodía, meten la quintan a base de electro sobrecargado y si te he visto no me acuerdo. Debo suponer que este es su modo de actuar en un festival, que en otras circunstancias su directo sería más llevadero, no me entiendan mal, que su espectáculo volvió loco a todo el Fiberfib.com, pero ya se sabe, la velocidad sin control no sirve de nada. Una cosa que todavía no me queda claro es el motivo por el cual su actuación se programó a una hora tan temprana, once de la noche, en lugar de permitirles cerrar el Escenario Verde a las tres de la mañana al aire libre y sin ninguna limitación de tiempo.
Morrissey.
Foto del Archivo FIB tomada por Francois Ollivier
¿Alguien sabía que había publicado un grandes éxitos? Yo reconozco que no. Acompañado de una efectiva banda de descamisados, el de Manchester ofreció un buen concierto, al menos mientras cantaba, ya que cuando abría la boca cansaba y aburría de mala manera. De su bocaza salieron quejas contra el Fib por no ser un festival vegetariano, mientras se rascaba la barriga y farfullaba no sé qué paja mental sobre el cáncer; después que todos los grupos españoles, al igual que los del Reino Unido, son una mierda; también hubo proclamas al amor libre y, bueno, mi cerebro dejó de prestar atención cada vez que dejaba de cantar. Gesticuló, se movió por todo el escenario agitando el cable del micro cual dominatrix su fusta, golpecitos en el pecho, cambios de camisa y final por todo lo alto restregándose por el suelo. En cuanto a las canciones, arrancó a lo grande con “The Last Of The Famous International Playboys”, una increíble “Ask” y “First of the gang to die”. De aquí en adelante canciones propias: "Irish Blood, English Heart", versiones de The Buzzcocks "You Say You Don''t Love Me" para finalizar volviendo a The Smiths con “How soon is now”. En definitiva, Morrisey como personaje resultó violento, pero Morrisey el músico inigualable.
Yelle.
Tras el buen sabor de boca dejado en su reciente visita al Sónar tocaba volver a pasarlo bien con la francesa. Diversión hubo, pero menos que en la cita barcelonesa. Tanto ella como su banda sonaron un poco forzados. Si en aquella noche de junio Yelle revolucionó a todo el SónarPub, en Benicàssim el proceso fue más lento y se hizo necesario esperar a hits como “A cause de graçons” o “Je veux te voir” para levantar a todo el Fib Club.
Marc Marzenit.
Grande. Es el único adjetivo que sirve para describir el directo de Marc Marzenit, su techno fue contenidamente rápido y bailable a más no poder. Ojala que entre el público, que no paró de bailar ni un minuto, se encontrase algún promotor internacional que lo haga rico y famoso en el mundo entero.
Con el fin de no alargar más esta crónica, comentar brevemente la actuación de alguno de los dj´s. El viernes, Josh Wink se dejó llevar por un tech-house inspirado. El sábado, Ivan Smagghe realizó un set de techno oscuro en donde destacó su impecable pericia a la hora de mezclar, cambiado de palo y con una pericia similar a la hora de enlazar los temas, Blanca dB nos hizo disfrutar de una gran sesión pop, pues escuchar el “She bang the drums” de los Stone Roses mientras el sol empezaba a surgir en el horizonte fue simplemente perfecto. Por otra parte, la cuota de minimal vino servida de la mano de John Acquaviva.
Esto es todo lo que nos ha deparado el Fib Heineken 2008, bueno, todo a lo que mi cuerpo ha llegado. Parafraseando el “sorry mate” de los ingleses cuando te pisaban (aunque les cueste creérselo, hay más ingleses educados de los que el tópico asegura), sólo me resta despedirme del Fib Heineken con un “see you next year mate”.