Lugar: Auditorio de Santa María da Feira (Portugal)
Participantes: Josephine Foster, Sondre Lerche y Patrick Wolf.
Aforo al completo...
Texto y Fotos: Prisciliano & Berenguelo
Después de escuchar la canción de Devendra, ¿cómo no iba tener ganas de acudir a Santa María da Feira? Ver a la gente “comiendo pera” y llevando “su secta llenah de morah”. Que importaban los 200 kms que tenia q recorrer para llegar y los mismos para la vuelta, por lo menos el día que actuaba Patrick Wolf había que hacer el esfuerzo: Santa Maria de la Feira, que plasseeerrr!!!!
Y como “la gente buena sólo gosa y nunca hay pena”, a las 21:45 hora local, nos introdujimos nel teatro del evento, que se veía un poco ajado por fuera a pesar de la colorida iluminación de la fachada. Tras esperar hasta poco de las 22:05 hora lusa, nos dejaron pasar al patio de butacas, el teatro se llenó ensenguida.
La decoración era austera y espartana, la foto de la web del ayuntamiento daba una imagen mas lustrosa. Lo mejor eran las butacas, cualquier movimiento en ellas implicaba una serie de pedorretas que deslucían la transcendencia del evento. Hicieras lo que hicieras el flato era inevitable y desproporcionado, dado el cuidado que todos poníamos para evitarlo. No todo era tan malo, hay que reconocer que el sonido fue más que correcto, el de los conciertos, no el de las pedorretas.
La decoración del escenario tampoco le andaba a la zaga. Se componía de un grupo de 4 pinos (variedad: pino pinastre) que alegraban el escenario, dándole un aspecto bucólico y pastorial, sobre todo durante el primer concierto. Además en el escenario lucían una especie de stores-esterilla, de una tela como de hábito franciscano, lo que unido a la pobre iluminación daba la sensación de que lo que se avecinaba era algún tipo de ceremonia animista, todos mis temores se confirmaron cuando llegó ella....
Josephine Foster: la srta. Theremin nos enseña el lenguaje de las ballenas
No tengo palabras para describir lo que sentí durante la actuación de esta señorita. En mi vida había vertido tantas lágrimas provocadas por los bostezos (os lo dice un estudiante de derecho). Para que os hagáis una idea, ese concierto era como ver a un gato gritando de dolor acompañado a la guitarra por una monja interpretando canciones de misa, pero unido en un mismo ser, el gato y la monja, un híbrido inconcebible hasta ese momento.
No exagero nada, en cuanto la tía empezó a cantar a algunos le empezó a dar la risa, la mayoría asistimos impávidos a la sucesión de gritos ululantes, propios de un ser de ultratumba, que emitía esta chica. En esto, el colega que estaba a mi lado me definió la voz de esta chica a la perfección, me dijo: “Parece un theremin”. Era verdad, aquello no era un sonido humano, animal, vegetal, ni de este planeta. No sólo cantaba, también nos deleitaba con sus arpegios de guitarra rudimentarios y algún acompañamiento con armónica, inefable e indescriptible.

La intérprete apenas intercambió unas palabras con el respetable público. De vez en cuando nos dedicaba unas miradas alucinadas y vacías. Trató de explicarnos de qué iba una de sus canciones, pero dedicar una canción a una comida habitual en el breakfast norteamericano no aportaba nada positivo a aquello que, cada vez más, adoptaba trazas de tragedia.
Aquello duró 45 minutos: Josephine Foster, nevermore....
Sondre Lerche: si me das una guitarra daré un concierto
Después del concierto de la innombrable, cualquier cosa valía. Podrían haber puesto hasta a un ornitorrinco tocando la zambomba, me hubiese encantado y seguro que le hubiese comprado una camiseta y todos sus cds.
Salió Sondre Lerche y estuvo genial. Aunque no os guste su estilo de música, hay que reconocer que es un gran artista, derrocha energía en el escenario y nos hizo salir de la profunda y oscura abulia, en la que cierta persona nos había sumido.

En cuanto empezó el concierto con el tema Dead Passengers de su primer disco “Faces down” se notó que aquello era otra cosa. Era un fulano con una guitarra que interpretaba sus canciones, no una especie de hechicera invocando a sabe dios qué clase de espíritus.
Tras esta canción empezó a hablar con el público, comentó que era la primera vez que estaba en Portugal y que le hacía mucha ilusión. También sentía no hablar en portugués aunque le encantaba la música en ese idioma, la bossa nova sobre todo.

De ahí que a continuación de atreviese a interpretar a capella “San Vicente” de Milton Nascimento, su cantante brasileño favorito. Fue un momento bastante divertido porque decía que no recordaba bien la letra, de hecho nos preguntó si se pronunciaba San Vicente o San Vicenti. Se le olvidó la letra un par de veces, lamentándose y pidiéndonos disculpas, lo que provocó los aplausos de una concurrencia que estaba entregada ante tanta simpatía.
Tras interpretar “Days that are over” y “Sleep on needles”, nos dijo que le gustaría interpretarnos una canción que había compuesto esa misma semana y que acababa de grabar, y que esperaba que no nos importase. Con cosas como ésta, no parecía que hubiésemos pagado ni que él fuese a cobrar, allí no había negocio, sólo música.

Interpretó otras dos canciones inéditas, advirtiéndonos que eran muy románticas, y nos preguntó si nos gustaba el romanticismo, yo recordé a Josephine Foster y sentí un escalofrío....
Y siguieron los regalitos con una versión de una de sus canciones favoritas “Baby plays around” de Elvis Costello.
Tras la interpretación de otra canción que no reconocí y de “Noone’s gonna come” de su primer disco, puso el punto y final al concierto con “Two way monologue”.
La verdad es que Sondre es un tío muy simpático, que canta y toca la guitarra muy bien. Cae bien a pesar de que le gustan las camisas de cuadros, de ser guapo, rubio y de tener los ojos azules.
Patrick Wolf: Ukeleles & fashion
Tras haber recobrado el interés por la música y las ganas de vivir con Sondre, recibimos como a una tétrica aparición a Patrick Wolf.
Con las piernas depiladas y un look más propio de Genís, paseó su altura por el escenario con paso delicado, se sentó ante un piano que le quedaba pequeño y empezó su concierto con la maravillosa “Wolf song”, en la que incluyó algunos aullidos.
Tras esta canción hizo su entrada un caballero que se acomodó detrás de una batería, y que fue el único acompañamiento de Patrick durante el concierto.

Siguió al piano para interpretar Teingmouth y tras finalizar la interpretación de esta canción, cogió para sorpresa de todos uno de sus dos ukeleles para interpretar a continuación The gipsy king. El ukelele sonó un poco desafinado al principio del tema, inconveniente que fue solucionado por Patrick a medida que éste avanzaba.
La verdad es que este instrumento tiene muy poca sonoridad, además las canciones sonaban más pobres que en sus discos, está claro que se perdían la mayor parte de los arreglos, solo la voz, la batería y el pobre sonido de un ukelele mal afinado.

Avanzado el concierto y siguiendo en esta línea austera, con el sano regocijo de la concurrencia, Patrick extrajo de las profundidades del escenario un violín que tenía como complemento un arco deshilachado, dado que, como nos comentó el bueno de Patrick, no había podido comprar un arco nuevo. Tras aposentar el instrumento entre su barbilla y su hombro, y tras realizar una serie de escorzos en él, procedió a interpretar Jacob´s ladder.

Siguieron los temas uno detrás de otro, alternando entre el piano y alguno de los ukeleles, e incluso volviendo a la simple y llana interpretación a capella como en Eulogy, panegírico tema en el que manifiesta su pesar por el óbito de su abuelita. Fue a esa altura del concierto cuando Patrick se despojó del lazo-corbatilla y del chaleco que lució hasta ese momento, para asombrarnos con la parte de atrás de su camisa, que se componía de dos jirones de tela que apenas cubrían su espina dorsal y que me hizo pensar que seguro que a su abuelita no le hubiesen gustado esas pintas, Patricio.

Cuando se acercaba el final del concierto y de nuevo ante su piano, Patrick nos indicó que su siguiente interpretación sería de un tema de una cantante británica a la que admira profundamente y que, según sus propias palabras, tras muchos años siendo ignorada “está volviendo a salir de su tumba”. El tema en cuestión era “Running up that hill” y la muerta-resucitada era Kate Bush.
Y al final llegó el final, tras interpretar Land’s end y The libertine, Patrick el decamisado se despidió de nosotros y huyó entre bambalinas. Pero la algarabía y el alboroto incesante entre la turba solicitando su vuelta al escenario se vió correspondido, y Patrick regresó para interpretar sólo con su ukelele la maravillosa “Wind in the wires”.

El chico tiene mucho talento y mucho futuro, pero si grabas unos discos tan ricos y variados, no des unos conciertos tan pobres de sonido y descamisados.