Os preguntaréis que pinto yo desplazándome más de 130 Km para asistir a un concierto de Julieta Venegas, una chica que según me han comentado será la telonera de la próxima gira de Alejandro Sanz (!!!). ¿Será que me emocioné por el Grammy al mejor álbum rock vocal en solitario que le han dado? Definitivamente no, es un premio más que está en venta, como todos. Podría decir que mi novia quería ir y tuve que ejercer de obediente calzonazos, pero los que me conocéis sabéis que yo no gasto de eso (no gasto novia, por supuesto, no calzoncillos); también que sólo iba por ver como movía las caderas pero, no nos engañemos, sin dejar de ser una chica atractiva con la que no me importaría compartir colchón, Julieta Venegas no es Kylie Minogue. En realidad he ido porque Julieta Venegas tiene dos discos, los que he escuchado, con canciones bonitas, con encanto y, si bien últimamente se ha dejado querer por el mainstream (más bien, el mainstream la violó), apenas ha perdido algo de su dignidad en dicho acto. Bueno, algo sí que ha perdido: “Si” (RCA, 2003) , a pesar de tener buenos momentos y sin dejar de gustarme, es un disco a veces blando, con letras menos trabajadas y en algún momento insulsas, lejos del interesantísimo y excitante “Bueninvento” (RCA, 2000).
El ambiente no era el de los conciertos a los que acostumbro ir y me vi sometido a una interesante desintoxicación de flequillos, chapitas y camisetas de rayas. Lo que aquí había era desde groupies que apenas tenían edad para entrar en una discoteca a treintañeros con jersey a los hombros (aunque a uno no le falte tanto para llegar allá). Tal vez sería una buena ocasión para ver un concierto con tranquilidad, pensaba yo en mi tierna inocencia. Lo que pasa es que uno tiene imán para los borrachos y la reina de los mismos se me puso justo delante, dándome la paliza a base de empujones toda la noche mientras bailaba a la Venegas como si fuera Pastis & Buenri.
Sobre la una menos veinte de la noche salió el grupo a escena, formado por guitarra, batería, bajo y teclista, además de Julieta, que alternaba su acordeón con la guitarra acústica. La verdad es que la de Tijuana es un encanto, siempre con la sonrisa en la boca y se le puede perdonar casi todo. Incluso que la banda sonara un poco pobre, sobre todo al principio, recayendo todo el peso sobre el batería (nota: fiarse siempre de los baterías con pinta de jugador de basket) que se quedaba un poco sólo en su intento de meter un poco de ruido. Los mejores momentos sucedían cuando la moza agarraba la acústica y así el concierto fue creciendo hasta el final.
Se cumplieron casi todos los preceptos de los conciertos “no indies”: que si la voz de cien chicas a coro cantando todos los temas de pe a pa (los del último disco, de los anteriores sólo los tres o cuatro más avispados nos...ejem, se atrevían), presentación de los músicos uno a uno, “venga esas palmas”, “estamos encantados de estar en Coruña”, etc; sólo eché de menos el momento balada con los mecheros en alto.
Para delirio de sus fans comenzó el show con su último single, “Algo está cambiando”, para seguir recorriendo su último disco en su totalidad (o casi). Pronto se arrancó con la primera incursión en un tema de su primer disco, Aquí (RCA, 1998), siguiendo con el mejor tema de Bueninvento, la versión de Juan Gabriel “Siempre en mi mente”, que sonó realmente linda. Su otra incursión en este disco – la genial “Sería feliz” no me acabó de convencer en vivo. Entre tema y tema de Sí , introducía alguna variante, como sus colaboraciones para los largometrajes Amores Perros – “Me van a matar” – o Asesino en serio – “El listón de tu pelo” (versión de Los Ángeles Azules), o un narcocorrido de Los Tigres del Norte versión skatalítica. Grandes también sonaron “Andar conmigo”, con momento me-callo-para-que-la-gente-coree incluido, “Mala memoria”, una de mis debilidades, u “Oleada”.
Tras un bis con el único acompañamiento de su guitarra al principio y de toda la banda después, cerraron una actuación cuando menos entretenida y entrañable, y efusivamente se despidieron de su público hasta la próxima vez, que ya “no será lo mismo”.