
Schiller Theatre, Berlin
7 de Noviembre de 2007.
Texto: David Watts
Fotos: Lars Demars
Berlin, Lucinda Williams actúa el día 7 de noviembre. El día 6 aún quedan unas pocas entradas. Y allí estamos nosotros, en Alemania, asistiendo a un concierto imposible de ver en España. Imposible porque Lucinda nunca ha actuado en nuestro país. Así que, tras comprobar que las costumbres son diferentes en todos los países y que un hall de un teatro es tan buen sitio como otro cualquiera para situar un puesto de venta de salchichas, tomamos nuestros asientos numerados mordiéndonos las uñas para esperar a que llegara ELLA.
Cuando entró en el escenario del pequeño y oscuro Schiller Theatre, los fríos alemanes empezaron (inesperadamente para mi) a aplaudir con todas sus ganas. La increíble banda que le acompaña comenzó a hacer sonar sus instrumentos con suavidad (incluso el batería golpeaba los tambores con las manos) y la magia comenzó a llenar toda la platea. Cuando Williams empezó a entonar los primeros versos de Rescue, sentimos como se nos formaba un nudo en la garganta. Y entonces, en el tercer verso, su voz se quebró por una milésima de segundo. Nadie lo hubiese notado, pero ella, fiel a su fama de perfeccionista, mandó parar a la banda. “Hay tomas buenas y malas. Esta era de las malas”. Y volvieron a arrancar. Curiosamente, cuando llegaron al tercer verso, justo donde lo habían dejado, el nudo volvió a mi garganta. Fue una sensación a la que acabé habituándome a lo largo del concierto. Ventura, Fruit Of My Labor. No volvió a haber fallos. Todo perfecto. A continuación, Blue marcó uno de los puntos álgidos. La tristeza infinita de Lucinda golpeándonos con suavidad. Difícil elegir un solo momento.
Su voz impresiona en directo mucho más allá de lo que se aprecia en los discos. Simple y sin concesiones, si necesita leer las letras en un atril, lo coloca a su lado y lo mira sin disimulo. Unas veces se colgaba la guitarra acústica, otras se limitaba a cantar. Se fue soltando y empezó a contarnos cosas de las canciones, como el vagabundo alcohólico que dio pié a Drunken Angel, la fuga de la mujer de su hermano que inspiró Are You Alright o Dylan influyendo en Steal My Love. Comentó todos los errores de la crítica respecto a la interpretación de sus canciones o, directamente, se carcajeó de términos como Hip-billie que usaron para describir Righteously. Lágrimas al borde de los párpados cuando empezó a sonar 2 Kool 2 Be 4-Gotten. En Still Long For Your Kisses se convirtió por momentos en cantante de Rythm’n’Blues. Transformó el pequeño teatro alemán en un diminuto antro de carretera de Oklahoma (por poner un ejemplo) cuando atacó sus canciones más country. Entre estas incluyó un regalo en forma de nuevo tema con un simpático duelo de voces con el guitarrista Doug Pettibone. Antes de acabar estaba tan cómoda con la audiencia, a la que dijo no ver por culpa de los focos, que se lanzó a un monólogo cómico comparando las ciudades de Europa entre si (odia París, por lo visto). 
Volvió a los cinco minutos como había prometido, y ella sola se lanzó con un Passionate Kisses de esos que ponen los pelos de punta con todos sus defectos y virtudes. Poco a poco volvió la banda y Lucinda se colgó la eléctrica para el potente Joy, gritando a pleno pulmón, I Don’t Like You Anymore / ’CauseYou took my Joy y rematando con un sorprendente Riders On The Storm de The Doors. Los gritos obligan a retornar al escenario. Difícil describir con palabras la tremenda versión de Unsuffer Me con la que cerraron el concierto. La que aparece en su reciente West es una canción suave. En directo, las paredes del teatro temblaron con la contundencia de la banda entrando con la misma rabia con la que cantó Lucinda, después de cada estrofa. Las luces se encienden tras cinco minutos de aplausos.
Repasando mentalmente el concierto echo de menos muchas de mis favoritas: Right In Time, Essence, World Without Tears, Out of Touch… y aún así la sensación de satisfacción es total. Quizá alguna vez visite España. Hasta entonces seguiré recordando que ví a Lucinda en un pequeño teatro berlinés…