
Texto: Dr. Chou
Fotografías: Paula Rico
Teatro Colón de A Coruña
29 de marzo de 2008
Existen ecuaciones cuyas incógnitas no son demasiado fáciles de despejar. No siempre que se unen dos grandes músicos para dar un concierto el resultado es digno de aplaudir, por ilusionantes que fuesen las expectativas puestas de antemano.
Venían Nacho y Christina a cerrar el ciclo Vangardas Sonoras en un Teatro Colón con el sold out colgado desde mucho tiempo atrás. El interés levantado era más que justificable, teniendo en cuenta el historial de la Rosenvinge, con un gran pasado y un sobresaliente presente, y el de Vegas, probablemente el mejor artista que ha dado el estado desde la aparición de Los Planetas, y en plena apoteósis creativa, con proyectos logrados, como Verano fatal, del que hablamos, y, sobre todo, Lucas 15, un regalo que nos brindó recientemente de la mano de su mano derecha, Xel Pereda. Permitidme ni recordar otro matrimonio de factura no muy lejana, con apelaciones a cierta fruta...

Pues bien, lo dicho, un trabajo tan logrado como Verano fatal puede convertirse en algo absolutamente vulgar si quien lo interpreta está sumido en la mayor de las desmotivaciones. Aquello de que una canción regular podía convertirse en buena si la interpretación es brillante y una gran canción puede diluirse sin más en nuestra memoria si se canta a desgana.

Podríamos intentar excusarlos; decir que el sonido era horrible (de verdad, horrible, digno de la peor de las orquestas de aldea); que las voces no se escuchaban apenas, eso cuando vocalizaban, claro; que el bajista no se sabía más de una (al igual que Christina no se sabía el nombre y él tuvo que recordárselo cuando presentaba a la banda), o se perdía y astillaba más de una vez; incluso que desde el patio de butacas algún maleducado no dejaba de hablar en alto y gritar subnormalidades (lo siento, pero una cosa es que un concierto no sea un entierro, y otra que jodan a quien pagase una entrada para escuchar); pero el caso es que en pocos momentos ellos pusieron algo de su parte. Y cuando había indicios de que el devenir del recital podía llegar a un punto de inflexión, y coger ritmo, ellos se tomaban su minuto para encender un cigarro, abrir una lata de cerveza, tirarla en el vaso, despacito, para no hacer espuma, afinar, no, así no me convence, empezar, parar, volver a afinar...

Fueron transcurriendo los primeros temas, con ese sonido indescriptible:
Ayer te vi,
Humo,
Que nos parta un rayo, y la cosa no funcionaba. Lo peor es que ellos se daban cuenta, y quizás se vinieron todavía más abajo. Sólo algún arreón en medio, como para recordarnos que, a pesar de lo que estábamos presenciando, ellos son buenos, con una celebradísima
Canción de palacio#7, que se quedó en amago, o
La plaza de la soledá, que por fin estuvo a la altura.
Hacia el final se acumularon ciertos momentos que pudieron dejar la sensación, seguramente equívoca, de que el concierto tampoco estuvo mal, con una Rosenvinge haciendo suya
El hombre que casi conoció a Michi Panero de forma absolutamente brillante, por duro que sea escucharla decir aquello de
...y cuando digo no es no, acompañada sóla de su piano, y que a uno le hizo desear que en más momentos del concierto se intercambiasen creaciones, que las llevasen a su terreno. Digno de mencionar fue también
Tok tok, el tema estelar de
Continental 62.
En fin, a uno no lo ciega una mala experiencia, y celebra la cada vez más clara intención de la pareja de aumentar la familia (de hecho, estrenaron temas como
Distancia adecuada, y
La muerte sentimental, una canción tremendamente potente, que cerró el bis, y que recordaba al Verano fatal interpretado veinte minutos antes con una suerte muy distinta), pero espera que la vez que repita experiencia en directo, la suerte sea mayor.