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Sinsal 3.0 Primavera
Teatro Salesianos (Vigo)
Hora: 20:30
Precio: 15/18 €
Aforo: El Salesianos es como Balaídos, nunca se llena del todo.
Al llegar a casa costaba dormir a pesar de ser más de la una y media de la mañana, estar cansadísimo y tener que levantarme antes de las ocho para ir a trabajar. Pero es que no dejaban de repetirse en mi cabeza imágenes de lo vivido ese día en el Salesianos. Pero cuando pasados unos días esas imágenes se hacen recurrentes y uno no deja de resucitar en su memoria esos conciertos, se puede estar en la certeza de haber asistido a algo especial, a uno de esos momentos que no olvidaremos en mucho tiempo y que no van a ser fácilmente repetibles.
Nina Nastasia parece seria, algo tímida, de pocas palabras, pero muy segura de si misma cuando aparece ante el público. No necesita más que el rasgueo de las cuerdas de su guitarra para deshacerse de la fragilidad que destilan sus canciones y para convencernos y hacernos comulgar con ella. Sólo el ocasional y anecdótico acompañamiento del acordeón de su acompañante se sumaba a esta comunión de vez en cuando.
El auditorio, en total silencio, se empapaba con auténticas perlas, pequeñas maravillas de la talla de “A love song”, “Regrets”, “Stormy weather” o “Oh, my stars”, destellos de country, pop o americana, que la han hecho entrar por la puerta grande en el olimpo de las cantautoras.
La repercusión del concierto de Nina sería mucho mayor de no ser por el par de desalmados que forman parte de Kid Dakota, el grupo que la sucedió en el escenario y que acompaña en toda la gira a Low. Pensábamos que después de Frog Eyes no habia nada más, pero las fronteras del frikismo musical se extienden más allá de donde alcanza nuestra vista. Guitarra trajeado y bateria espectacular digno de analísis psicológico (aturuxos, malabarismos, lametones a los platillos, destrozo de baquetas fueron parte de su repertorio particular) armaron una buena. Una de las pocas veces en que me sobró la butaca en un concierto (¡Quién estuviera de pie para poder dar unos botes!).
Mezclando un poco de todo a lo que podamos poner la etiqueta de rock, su guitarreo cotagiaba, se pegaba como una lapa, vibrante de veras. Es normal que a la salida la gente se arremolinara alrededor del stand a comprar los cds (¿Cuál era la solución a la piratería que no me acuerdo?) de una banda de la que nadie había oido hablar en su vida. Unos tercer y cuarto kids se unieron bien avanzada la actuación: eran Zack y Alan de Low, que no se querían perder el evento y que para la ocasión lucieron sus mejores pintas y actitudes de pirados, apuntalando los temas al bajo y guitarra (que no se oía) respectivamente. El sorpresón de la noche.
Era difícil que Low defraudaran, imposible. A pesar de que el cambio que han dado con la publicación de The Great Destroyer fue recibido con frialdad en un principio, finalmente todos hemos cedido ante los encantos de los nuevos Low. Aún así lo mejor siempre venía de la mano de sus temas más solemnes, más “de antes”. De hecho tuvieron que pasar unas cuantas canciones para meterme de lleno en el concierto. Fue cuando tras varios temas se arrancaron con “That’s how i seen (amazing grace)”, que sirvió de entrante a uno de los momentos de la noche. Mimi, sensacional todo el tiempo, impone su ley (fue la mejor, escondida al fondo del escenario se merendó al resto sin pestañear) y ataca eso de “i don’t need a lazer beam...”; mientras. a mi se me ponia la piel de gallina.
A partir de ahí sólo intensidad y emoción. Zack y Alan en trance, serios, concentrados, sin mediar palabra. Parecían malhumorados, pero no. Más tarde se dirigirían al respetable, dedicarían una canción al público portugués (muy numeroso, ya decía Reixa lo de “Vigo capital: Lisboa”) e incluso Alan aceptaría una petición cuando desde las primeras filas alguien pedia “ por favor, Missouri, es mi cumpleaños”. A pesar de no recordar los acordes lo intentó, quedando como anécdota y abortando antes de tiempo.
“Sunflower”, “monkey”, “i remember”, “when i go deaf” o “last snowstorm of the year” formaron parte de una recta final apoteósica, discusión incluida sobre qué canción deberían interpretar. Por descontado, se impuso la opinión del más fuerte, ejem, de la más fuerte. El único bis supo a poco. Yo particularmente ya tengo otra vez mono de Low. Me conformaré con sus discos a la espera de poder volver a verlos. De lujo.
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