
Texto: David Watts
Fotos: Polaris
Passeio Marítimo de Algés, Oeiras, Portugal
10, 11 y 12 de julio 2008
Mientras en España vivimos un duelo sin cuartel entre promotoras de festivales para robarse grupos y público, que está subiendo el caché de los músicos por encima de lo normal y las entradas más allá de lo que, en plena crisis, se puede pagar, en Portugal van a la suya. Sin esa competencia estúpida y atroz, pueden contratar mejores músicos, a mejor precio y dejar las entradas más baratas. Mejor. Y total, Lisboa queda igual de lejos que Madrid. El festival Alive de Oeiras, por ejemplo, este año logró reunir un más que notable cartel sin elevar las entradas a precios estratosféricos.
El mayor problema del festival fue el primer día. La asistencia desbordó por completo a la organización. Se dice que 40.000 personas acudieron, básicamente a ver la reunificación de Rage Against The Machine. Si esta aglomeración se produce otra jornada, no hubiese sido tan problemático, pero el primer día hay que ponerse las famosas pulseras. 40 minutos nos llevó atravesar una cola más bien desorganizada. Lo justo para perderme el concierto de Spiritualized. Lo que escuché desde allí y el final al que pude llegar, prometía. La gente que lo vio lo confirma. Acompañados por dos coristas negras en momentos puntuales y dedicando una parte del concierto a los temas de su reciente "Songs in A&E" y otra a hits como "Come Together", remataron la faena con un ejercicio de distorsión al más puro estilo Sonic Youth y dejaron satisfecho al privilegiado público que había logrado pasar los controles de seguridad.
El segundo problema del festival este primer día era la acumulación de grupos que hacía que algunos coincidieran. MGMT estaban programados en la carpa Metro On Stage 20 minutos antes de que The National empezaran en el escenario Optimus. En teoría, daba tiempo a ver un par de temas del nuevo hype para comprobar si había fundamento en las muchas veces desmedidas alabanzas de la prensa o no. Pero sólo en teoría, porque se produjo un retraso y no se dio tal posibilidad. The National ya han demostrado que no son flor de un día, así que mejor asegurar. Arrancar con "Start A War" parece una buena idea. Basaron su repertorio en su aclamado "Boxer" con algunos momentos para el anterior "Alligator". Desde que pisaron Paredes de Coura hace un par de años, el grupo ha crecido y parece que están más sueltos en el escenario. La inclusión de una pareja de vientos y un violinista/teclista enriquece su sonido y los temas tienen suficiente calidad para salir adelante. Los más aplaudidos fueron "Mistaken For Strangers", "Apartment Story", "Fake Empire" y, por supuesto, "Abel", "Secret Meeting" y un "Mr. November" que sirvió para cerrar con Matt Berninger cantando en la valla. Simpático, agradeció a un fan portugués una carta que habían recibido. Lástima de hora, lástima de calor.
Otro tercer problema fue la cancelación a última hora de Cansei de Ser Sexy… pensándolo bien ¿es eso un problema?
La masificación comenzaba a ser importante cuando los multiétnicos Gogol Bordello tomaban el escenario. Las 4 primeras canciones sonaron bien, con esos aires balcánicos y esa escenografía desmadrada. Las 4 siguientes sonaron iguales. El resto del concierto fue un bucle infinito de esas 4 canciones. No sé cuanto tiempo tocaron pero a mi me pareció una eternidad. En Ortigueira, donde se celebraba su famoso festival ese mismo fin de semana, se lo habrían pasado en grande.
The Hives demostraron ser un chiste sin gusto. Su cantante es un payaso que se ríe de todos los clichés manidos del rock, pero lo que puede tener gracia una vez, no la tiene durante todo un concierto. Sus grititos histéricos ponen nervioso a cualquiera y sus temas nuevos no están a la altura de sus viejos hits como "Hate To Say I Told You So" o "Main Offender". Aún así, hay quien quedó contento.
Después de la broma, la excitación se palpaba en el ambiente. Rage Against The Machine están de vuelta… ¡Y siguen igual! La misma energía, la misma actitud, la misma entrega, las mismas consignas. Arrancaron con "Testify" y la respuesta fue inmediata. No se me dan bien las cifras de público, pero si dicen que había 40.000 personas, 20.000 estaban pogueando y saltando al ritmo que marcaban De la Rocha y compañía. Se centraron en sus dos primeros discos y alcanzaron los momentos más álgidos cuando retomaron su disco debut. "Know Your Enemy", "Bullet In Your Head" o, ya en los bises, "Freedom" y, por supuesto, "Killing In The Name". La gente se sigue sabiendo de memoria sus letras revolucionarias, sus gritos y los personales solos de guitarra de Tom Morello. Que en 1994 Rage Against The Machine resultaran excitantes no es de extrañar, que sigan siéndolo en 2008 puede ser sintomático. Entre sudor, polvo y satisfacción, terminó la primera jornada. La carpa queda para los amantes de la electrónica.
El segundo día la afluencia se rebajó considerablemente. La cancelación de Chris Cornell, sin sustituto, dejó la jornada un poco floja. Nouvelle Vague se quedaron atrapados en el aeropuerto de París. Fue lo mejor que pudo pasar. Igual que relata el mismo John Butler en su CD en directo en St. Gallen, les pidieron que tocaran antes y más. Igual que en Suiza hace unos años, por supuesto, aceptaron. Decir a estas alturas que John Butler Trio son una revelación, parece una tontería, pero si contamos que volaron por los aires las expectativas y se erigieron como unos de los triunfadores del festival, es por algo. Butler sorprendió, sin rastas y de pie, y la explanada de Oeiras se llenó de banderas de Australia e incluso un canguro hinchable: allí es ídolo nacional.
Empezó con "Treat Yo Mama" y nos metió a todos en su mundo y en su música. Reggae, rock, funk, soul, folk… todo con acento buenrollista. Los tres son excelentes músicos y un cuarto miembro a las teclas dotaba al grupo de un sonido perfecto. Pero el líder aquí es John, y alcanzó uno de los momentos del festival cuando se quedó solo con su guitarra de 11 cuerdas e interpretó los 10 minutos de "Ocean". Técnica, innovación y emoción se pueden dar la mano. Emocionante. Si hasta aquí el concierto iba sobre ruedas, a partir de este momento se disparó. Renunció a sus temas más calmados (nos quedamos sin "Peaches & Cream" y "What You Want") a excepción de "Grooving Slowly", que sirvió de recuperación. Ukelele, banjo... Butler toca cualquier cosa y lo hace bien. Después de un concierto completo donde sonaron "Used To Get High", "Better Than", "Company Sin" o "Zebra", solos de contrabajo, percusión y guitarra, se fueron con una energética "Funky Tonight" y con una ovación de lujo.
Si Dylan hace 40 años soportaba silbidos y abucheos todos los días y siguió adelante con su electrificación, a ver quien le dice algo ahora que goza de todos los respetos, en parte gracias a ese movimiento a contrapelo. Dylan va a lo suyo. Lo tomas o lo dejas. Esta vez fue más fácil reconocer los temas que en el Monte do Gozo hace años, pero requiere algo de esfuerzo. Enfundado en un traje oscuro y amplio, con raya blanca a los lados que le hacia parecer aún más pequeño de lo que es, y siempre al teclado, desgranó temas de su dilatada carrera. "Rainy Day Women" al inicio, "Don’t Think Twice It’s Alright", "Desolation Row", "Tangled Up In Blue" y algunas de sus recientes discos llenos de blues más que de folk o rock, Dylan dejó claro que el público entra o sale, pero él sigue adelante. La banda, muy profesional, peca de impersonal. Pero él es él. Presentó a la banda y se marchó tras tocar un "Like A Rolling Stone" donde quedó claro que Dylan va por su lado y el público por el otro. Ya sabemos lo que hay.
Como los Dragones y mazmorras no son lo mío, Within Temptation, sirvieron de fondo para visitar los innumerables stands donde podías conseguir camisetas, mochilas, estrellas luminosas o, incluso, hacer de Batman o grabar tu propio videoclip y que quedara colgado en la web. Ingresos para el festival y diversión para el público. Pueden tomar nota muchos en España, así como de la limpieza en los baños y la zona de comida, con muchísimos puestos diferentes y precios razonables. En fin…
Llegó el último día con bastante más expectación que la que levantó el pequeño genio judío (perdón, ahora es cristiano). La propuesta de Xavier Rudd, él solo con sus trastos, resulta tan original como pesada. El tipo duerme a las ovejas australianas, con su guitarra o con sus didjeridoos.
Donavon Frankenreiter parece más atractivo a priori. A esa hora de la tarde, mientras el sol se ponía, fue desgranando su cancionero lleno de temas suaves y voces cálidas y susurrantes con una banda completa apoyándole. El tipo resulta simpático con su pinta de secundario de Starsky y Hutch: camisa estampada abierta y de cuello enorme, pantalón acampanado, gorrito y bigotón. Lástima que a esa hora mi cabeza y la de la mayor parte del festival estuviera pensando en el siguiente artista.
Neil Young dice que está mayor, que la muerte puede llegar en cualquier momento (lleva dos aneurismas) y que aún tiene mucho por decir y mucho que entregar. Vino a Algés y lo entregó. ¡Vaya si lo entregó! Con un cuarto de hora de retraso por un problema con el viejo amplificador del guitarrista canadiense, arrancó el concierto en un escenario abigarrado de decoración: una efigie de un indio, un caballete donde se colocaban cuadros con el nombre de la canción interpretada, ventiladores gigantes, unos números y letras luminosas inconexas al fondo, focos gigantes a los lados del escenario, un órgano viejo, un piano pintado al modo hippie y un teclado en forma de paloma de la paz esperando a la altura de los focos para ser descolgado. Salió acompañado de sus amigos y músicos en esta gira y lo primero que hizo fue un gesto de agradecimiento al público por el caluroso recibimiento. "Love And Only Love" de comienzo. Lo malo de esta "Era de la Información" es que sabemos todo con adelanto, así que no nos sorprendió. Lo bueno, es que es más fácil cambiar algo y que la sorpresa sea mayor. "Powderfinger" no la venía tocando en esta gira y arrancó lágrimas y aplausos. "Spirit Road", de su último disco entraba dentro de lo previsto, pero entonces, no sabemos aún por qué, a Neil se le empezó a ocurrir de todo, y entramos en barrena. "Cortez The Killer". No tienen cuadro preparado para esta canción. Caras de sorpresa y bocas abiertas en el público. Neil estaba disfrutando. Incluso sonreía. La banda le sigue y Larry Cragg, su mítico técnico de sonido, estaba preparado para cualquier cambio de plan. Otro: "Rockin’ In The Free World". Tampoco estaba previsto. La locura. Todos coreando el estribillo. Y Neil volvía a sonreír. La versión de "Oh Lonesome" Me parece un empeño personal del canadiense, pero el público le siguió. La banda se va y Young comienza a tocar con su harmónica mientras se dirige al órgano casi oculto detrás de la batería. Preciosa versión de "Mother Earth". El realizador pincha en las pantallas un fundido de la cara de Neil y la luna casi llena y arranca aplausos en el público. Del órgano se fue hacia la acústica y ejecutó "Needle And The Damage Done" a medias con la gente. Vuelve la banda y otra sorpresa "Unknown Legend", del increíble "Harvest Moon". Luego el plato fuerte de este set acústico: "Heart Of Gold", el único número uno de su carrera, emocionante, y engancha con "Old Man", ambas de "Harvest", ambas con referencia a la edad. "Keep Me Searching for a heart of gold/ and I’m getting old. Old man look at my life/I’m a lot like you are". Increíble. Presenta a su banda con especial ovación a su “long time lovin’ wife, Pegi”. "Get Back To The Country", de su olvidado "Old Ways", da paso a otro de los momentos de la noche: "Words". No hay palabras. Ya estamos preparados para la recta final, los 25 minutos de "No Hidden Path". 25 minutos a los que no sobran tantos como parecen y que Young disfruta enormemente haciendo su particular corrillo con Rick Rosas y Ben Keith, arrastrando a Chad Cromwell al ritmo que él marca. Las letras luminosas ahora sí tienen sentido. Ponen NEIL. Y ellos se van en medio de una locura desatada. Vuelven para interpretar una discutida versión de "A Day In The Life" del grupo que fue “más grande que Jesucristo”. Si en los demás sitios sonó como en Oeiras, no sé qué hay que discutir. Young consiguió romper con un movimiento las 6 cuerdas de su guitarra y se retiró en medio de su aullido. 62 años. No sólo no ensucia su leyenda, sino que la aumenta cada paso que da. Gracias a ti, Neil.
Difícil tocar después de esto. Si hay alguien que tiene los mimbres adecuados para salir de este compromiso, éste es Ben Harper. Por desgracia los trenzó mal. Empezó con "Jah World" y siguió uno detrás de otro con medios tiempos. Su banda suena muy bien, su voz es espectacular, pero después de tres días y del concierto de Neil Young, así no se va a ninguna parte. "Fight Outta You", "Into The Colors", versión de "Use Me", "Gold"… La cosa no iba bien. El viento soplaba y empezaba a hacer frío en el paseo marítimo de Algés. Empezó a levantar el vuelo con un "Diamonds on the Inside" con Frankenreiter acompañándole. Un tema mitad en portugués levantó al público, pero seguía haciendo frío. "Black Rain", "With My Own To Hands"… Despegaba, pero son tres días y hacía mucho frío. A otra hora, en otro momento, posiblemente sería un buen concierto, ahora no. Lo siento, Ben, otra vez será. Una bifana y para casa, que el camino de vuelta es largo.