Paredes de Coura 08
| Publicado el 24 de Agosto 2008 a las 06:21 PM

Paredes de Coura 08
Texto: David Watts
Fotos: Santiago Díaz Cadaveira
31 de Julio, 1, 2 y 3 de agosto de 2008







Un año más, la pequeña villa portuguesa de Paredes de Coura nos recibe con los brazos abiertos y un cartel más que interesante. 25.000 personas acudieron cada día, según la organización, a la llamada. El cartel no es el único atractivo de este festival, donde se mima al público con otras atracciones como actuaciones de jazz gratuítas, concursos, zona de Internet, variada oferta de comida, etc. Eso sin mencionar el incomparable marco y un pueblecito que trata a los festivaleiros con respeto.

El jueves no pudimos asistir, pero los comentarios son más o menos unánimes: Gustaron X-Wife; Bellrays vieron cómo sus temas más soul se diluían en un escenario al aire libre, mientras sus canciones más rockeras tuvieron mejor aceptación; Mando Diao aburrieron; Sex Pistols decepcionaron a quienes creían que el punk seguía vivo.

Viernes

Two Gallants a las 19:00 y cuarenta minutos. Escasos. Todos quedamos con ganas de más. Los dos de San Francisco siguen demostrando que tienen canciones redondas. Se limitaron a tocar sus singles y hits y añadir un tema nuevo de aires surf que nos hace pensar que aún tienen margen de maniobra en un formato que parecía limitado. "Seems Like Home To Me", "Long Summer Day", "Steady Rollin?", "The Prodigal Son", "Despite What You?ve Been Told", "Nothing To You" y un "Las Cruces Jail" que cortó el extasis repentinamente, sonaron inmejorables a orillas del Coura. Por favor, no nos vuelvan a hacer esto.

The Rakes tuvieron más tiempo en cambio. A mi me sobró todo. Unos Franz Ferdinand de tercera o cuarta generación (hace tiempo que perdí la cuenta) sin nada nuevo que añadir al panorama musical.

A última hora, The Sounds fueron llamados a acudir como parche ante la caída de The Long Blondes. Buen parche. Maja Ivarsson es la reencarnación v.2000 de la Debbie Harry de los 70?s, así que The Sounds son la versión sueca y actual de Blondie, con todo lo que eso conlleva. Temas facilones, coreables y divertidos. Y una cantante que se erige como reina de la fiesta. Con sus shorts ajustados y sus bailecillos tan trasnochados como simpáticos, no dejó indiferente a ninguno de los varones allí presentes. Los problemas técnicos de "We?re Not Living In America" estaban solucionados cuando sonó "Queen Of Apology". Casi dan al traste con su actuación enlazando la balada "Night After Night" con un instrumental que reclamaba atención para el resto de los músicos. Sólo sirvió para que Maja se quitase la cazadora y le pegase un empujón a la recta final del recital. Empezó con "Painted By Numbers", pasó por la más rockera "Song With A Misión" y remató con un bis con su éxito "Tony The Beat". Pop instantáneo y con fecha de caducidad, pero eso qué importa.

Entre los grupos actuales, Editors son los que más papeletas tienen para acabar llenando estadios. Su giro desde el debut, más próximo a Joy Division, hasta ese segundo disco que apunta a U2, les da lo que otros de su generación no tienen. Eso y un puñado de canciones que apuntan alto. Consciente de su papel de lider, Tom Smith se muestra comunicativo y con ganas de agradar, muy lejos de apatías y estatismos habituales en este tipo de grupos. El concierto comenzó alto con "Bones", Lo de "Smokers Outside Hospital Doors" es un caso aparte: roza la genialidad. Nos mostraron el mejor sonido del festival, compacto y enérgico. La guitarra aguda de Chris Urbanowicz - que recuerda a Will Sergeant incluso en su vestimenta - me produce crispación, pero es un tema personal y a todo se acaba uno acostumbrando. Cuando se sacudan determinados tics (esa batería sincopada, esos giros vocales deudores de Ian Curtis) y miren hacia delante pueden ser líderes de una generación de la que empezaron a rebufo. O sea, que podrían seguir los pasos de Coldplay, esperemos que no se pierdan por el camino como éstos. Se nota que tienen a muchos enganchados a su estilo. Habrá que tenerlos vigilados.

Primal Scream no son santo de mi devoción, lo reconozco. No estuve en las primeras filas coreando ni nada parecido. Empezaron muy rockeros con "Can?t Go Back" y "Dolls", pero fueron mutando como mutan en sus discos, en compartimentos casi estancos. Después de una primera parte así, los temas más maquineros no encajan. Y menos cuando llevas una banda que parece no aceptar bien estas concesiones a otras épocas. Los guitarras parecían aquí perdidos. Uno parecía sacado de Motley Crue y otro con suficiente edad para haber vivido muchos años sin sintetizadores y bases pregrabadas. "Movin? On Up", "Country Girl" y un apático "Rocks" cerraron el concierto. Desde mi posición se percibía excitación en las primeras filas.


Sábado

Este año, a las primeras horas, se habilitó un escenario llamado Fanta Play On (en realidad el mismo que sirve para las actuaciones nocturnas) dedicado a la música de la península en general. Aquí actuaron Sean Riley & The Slowriders, unos músicos de Coimbra que están sorprendiendo a todo aquel que le da una oportunidad a su disco Farewell. Un tipo con clase este Sean Riley, una formación extraña los Slowriders: bajista y teclista/batería (las dos cosas a la vez). Su música bebe de fuentes americanas facturando un folk-rock suave y oscuro que puede recordar a Mark Lanegan o Nick Cave. Lástima que el técnico de sonido se olvidara los graves a tope de la actuación de la noche anterior. Un técnico puede estropear un concierto, demostrado. Aún así, ellos pusieron todo de su parte. Una voz privilegiada y personal, un sonido crudo y más potencia que en el disco, rematando algunos temas con una tormenta eléctrica. Atención a canciones como "Harry Rivers" o "Twenty-six years". Incluso se atrevieron con una versión de The Black Keys.

Después, en ese mismo escenario, Dorian siguieron con su electro-pop bailable. A uno le cuesta entender que estos tipos gocen de un éxito relativo. Desafinan y sus canciones parecen del montón, pero tienen sus fans, incluso en Portugal.

Ya en el escenario principal, los italianos Spiritual Front demostraron su clase. Elegantes hasta en el vestir ? trajes negros y corbatas blancas ? y en la puesta en escena ? los cuatro miembros sentados en taburetes- mostraron unas pocas canciones en un horario limitado. Una propuesta musical próxima a Murder By Death o a las variadas (e influyentes) encarnaciones de David Eugene Edwards, con elementos propios de la cultura mediterranea. Tienen discos con nombres como "Armaggedon Gigoló" y canciones con títulos como "Jesús Died In Las Vegas". Sorprendieron y agradaron a los pocos congregados a esa hora.

En Paredes, de tiempo a esta parte, siempre hay un grupo al día que cubre el cupo de un determinado sonido moderno. Sí, clones de Franz Ferdinand. Este día, The Teenagers sustituían a The Pidgeon Detectives. Había que coger fuerzas para lo que se nos venía encima antes de tiempo, merced a un cambio de horario de última hora.

Con bastante retraso, una Ouija apareció cubriendo la parte posterior del escenario y mientras sonaba el tema de "Por un puñado de Dólares"; The Mars Volta tomaban al asalto el escenario de Paredes de Coura. No dieron tregua. Sin previo aviso arrancaron el riff de Goliath y la cosa desbordó. He estado en bastantes conciertos, esto era otra cosa. Los solos y riffs se iban entrelazando hasta llegar a un punto de locura, y entonces seguían más allá. Mientras Cedric Bixler-Zabala cantaba en un registro imposible, daba saltos imposibles y bailaba como un poseso, Omar Rodríguez-López guiaba con su guitarra a toda la banda mucho más allá de lo que ningún grupo se atrevería a acercarse, deslizándose por el escenario como si flotase un palmo por encima del suelo. Media hora seguida con el mismo tema. Hay que dejarse llevar por sus siempre exagerados excesos. Los que nos subimos al carro estábamos en otro planeta, los que esperaban a otro grupo de pop-rock, se quedaron en tierra. Cedric tuvo que abroncar a los que se dedican a hacer crowd surfing durante todo el festival. Bien hecho. El dominio de Omar con la guitarra es impresionante, el batería podía salirse de ritmo todos los compases que quisiera y volvía a encontrar a la banda donde los dejó. Un saxo loco. Teclas... Ocho músicos flotando por encima de lo humanamente imaginable. Hora y media más tarde y mientras el riff de "Viscera Eyes" seguía sonando, se retiraron. Nosotros nos posamos suavemente en Paredes, el concierto seguía en otra dimensión. Quien los vió en otras ocasiones dice que flojo y escaso. Para los que era nuestra primera vez, vimos que hay música en el más allá.

Los que salieron perjudicados del cambio de horario fueron dEUS. El público quizá salió ganando. Algo debieron escuchar o ver desde el backstage porque salieron a por todas. Es curioso ver que Tom Barman tiene ahora mucha más energía que hace 10 años, cuando estaban en el punto de mira de todo el panorama musical independiente. Suenan muy bien, sí, pero uno no puede dejar de pensar que el día que Barman decidió volver con una formación prácticamente nueva (excepto Klaas Jazoons), y con una propuesta distinta, hubiese sido mejor firmar los discos con otro nombre. El repertorio se basó practicamente en los dos últimos discos, los que ha grabado esta formación, dejándonos solo con la miel en los labios a los que pensamos que los dEUS originales eran más imaginativos que dEUS v 2.0, aunque ésta sea mejor banda. "Instant Street" destacó por encima de todo, con mucha más fuerza y distorsión que en su grabación en disco. No se dejaron atrás "Suds And Soda", "Roses" o "Turnpike". De las nuevas, destacaron "The Arquitect" y "Favourite Game". Tras unos bises cantados, cerraron con la preciosa Serpentine. Son otro grupo, pero son un buen grupo.


Domingo

Cambié a Standard y Ra Ra Riot, por una merecida siesta. El calor aprieta desde muy temprano en Paredes. Llegué para ver a las angelicales Au Revoir Simone. Lo de angelicales es un decir. Cursis es poco. No sé en cual de sus planetas, universos o satélites estaba David Lynch cuando declaró que este era su grupo favorito actual. Uno se espera del director americano un toque de oscuridad o maldad tras esa pátina de luz, (como en This Mortal Coil, otra de sus debilidades reconocidas) pero yo no lo ví en ningún lado. Lo que sí que ví es a tres chicas de NY fuera de sitio, nerviosas y tocando sus teclados sin ninguna gracia. Declararon que era el mejor concierto de su vida. Hasta ellas no se lo creían.

El Homenaje de Joy Division parecía, a priori, fuera de lugar. Lo estaba. No dudo de la admiración de los portugueses hacia el grupo, pero los de Ian Curtis no se merecían esto. Mientras se dedicaban a destrozar el legado de los de Ian Curtis (¡Love Will Tear Us Apart con una tuba!), no podía dejar de acordarme de los 40 minutos en horario intempestivo de Two Gallants.

Biffy Clyro sorprendieron pero no convencieron. Mucho más agresivos y macarras que en disco, su música es un compendio de muchas cosas diferentes que no acaban de casar y, por momentos, se hace indigesta. Emo, power-pop, heavy, progresivo, rock. My Chemical Romance, Foo Fighters, Sunny Day Real State, Queen y suma y sigue. Salieron con sus torsos al descubierto, llenos de tatuajes, y todos a juego con pantalones blancos ajustados, con el acelerador a tope. Desgranaron los temas de su más reciente disco revelación, "Puzzle". Para mí, la más sorprendente es "9/15ths". Muchos aplausos para ellos.

Evan Dando ha vuelto con sus Lemonheads de toda la vida. Cabezas de cartel indiscutibles. Un timo con todas las letras. Una cosa es dejadez y despreocupación, y otra cosa es la tomadura de pelo. No creo ni que probasen sonido, Dando no logra muchas veces alcanzar el tono de la canción y, para rematar, a mitad de concierto decide quedarse él solito en el escenario y tocar 7 u 8 temas. Más de lo que un público del cuarto día de festival está dispuesto a soportar. Se dejó muchas de sus canciones emblemáticas en el tintero, y encima, decidió que el concierto había terminado cuando el batería empezaba un nuevo tema. Volvió para tocar un mísero bis sólo acompañado por el bajo. Eso no se hace.

Uno no sabía del nivel de estrellas que Thievery Corporation gastan a estas alturas en el país vecino. Es curioso cómo unas músicas se quedan obsoletas en poco tiempo mientras otras se mantienen o hacen reapariciones cíclicas a lo largo de la historia. A mi los americanos me sonaron trasnochados y antiguos. Esa música electrónica con aires de world music tuvo su punto álgido a finales de los 90, justo cuando ellos empezaron, pero ahora no le encuentro el sentido. Eric Hilton y Rob Garza, ambos detrás de unos sintetizadores, se hacen acompañar por varios músicos tocando instrumentos de verdad y varios cantantes. Por el escenario desfilaron incontables vocalistas según la música se acercase a sonidos hindús, rastas, marroquís o brasileiros. Perdí la cuenta. Iban ya cuatro días de festival, y la cosa no estaba para excesos, así que se fue produciendo un lento abandono del escogido paraje portugués. Caribou (que actuaban en el escenario pequeño) tendrán que esperar a otra oportunidad.

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