Playa de Riazor (A Coruña)
3 de Agosto de 2006
Texto: David Watts.
Fotografías: Manuel Martín Rois.
Es cierto, siempre me olvido de comentar a los teloneros. Así que vaya por delante que no escuché la actuación de Sunday Drivers completa, pero lo que oí me gustó. Sonido compacto y canciones más que correctas. Se fueron satisfechos, no sólo de tocar en la playa de Riazor, sino de hacerlo delante de un artista admirado para ellos como es Paul Weller. Incluso les dieron permiso para realizar un bis. Bien.
Y ahora vamos al protagonista. Un
Paul Weller convertido en leyenda desde hace mucho tiempo, encumbrado a los altares por los artistas del llamado
Brit-pop, que pisaba Riazor envuelto en una gran expectativa al día siguiente de que pasaran por ese mismo escenario
El Koala y los
Mojinos Escozíos (
Burning entran dentro de otra categoría para mi). Enfundado en un chubasquero (quizá advertido de la climatología adversa a la que tuvo que hacer frente el autor del “himno” del mundial, o a lo mejor secundando una propuesta estética apuntada por sus discípulos británicos) entró como un torbellino, alejado por completo de la actitud que uno podría esperar. La condescendencia y prepotencia quedan para otros ídolos rockeros venidos a menos (no miro para nadie, pero me viene a la mente cierto personaje que actuó en el Monte do Gozo hace un par de años en sustitución de
Bowie), Weller está en plena forma y aún goza encima de un escenario. Y además es consciente de que su función es hacer disfrutar al público que se congrega delante de él. Comunicativo, motivado y transmitiendo energía y ganas de gustar. La fórmula de su recital en “A Coruña” (el mismo Weller empleó esta forma del topónimo varias ocasiones) no por evidente resultó menos efectiva: de entrada cuatro cañonazos rematados por
Peacock Suite para meterse al público en el bolsillo, después relajación para dejarse llevar por su música e ir “in crescendo” para rematar otra vez como un huracán con piezas espectaculares como
Changing Man y el tremendo (y escaso) bis a base de
A Town Called Malice que hizo enloquecer a los pocos que aún quedaban impasibles en la playa bañada por el Atlántico. Antes los fans de
The Jam habían podido escuchar también una revisión de
In The Crowd.
Y entre el acelerado inicio y la gran ovación final, un poco de todo: comprobar que, en directo como en estudio, el londinense sigue fiel a los conceptos musicales que abrazó desde que presentó su
Wild Wood - canciones próximas al
r’n’b de los años 60 con toques soul, estribillos poco estridentes y arreglos trabajados sin renunciar a la potencia -, observar que
Damon Minchella y
Steve Cradock son musicazos como la copa de un pino (y de paso echar de menos los buenos tiempos de
Ocean Colour Scene), disfrutar con los pasajes instrumentales que los cuatro músicos nos ofrecieron, dejar pasar algún tema prescindible del repertorio de casi 2 horas… Repertorio del que destacaría (personalmente) el momento en el que Paul se sentó delante de un teclado invisible desde mi posición y entonó
You Do Something To Me. Entrañable.
En conclusión: no creo que nadie se haya sentido defraudado por la visita del ídolo inglés y muchos de nosotros repetiremos la próxima vez, porque aún nos queda Paul Weller para rato. Eso sí, no esperéis sorpresas, seguirá haciendo lo mismo que lleva haciendo desde hace mucho tiempo. Al que le guste, bien, al que no, seguirá sin gustarle.
David Watts