Sala Capitol (Santiago de Compostela)
25 de Enero de 2007.
Texto: David Watts.
Fotos: Manuel Martín Rois.
Hay ocasiones en las que sientes que formas parte de algo especial. Personalmente, tuve esa sensación hace años en el concierto de Mark Lanegan (en la gira de Scraps At Midnight) o, más recientemente, con Marah en La Iguana de Vigo. El concierto de los californianos Redd Kross fue de esas ocasiones. La Sala Capitol abarrotada y ansiosa de recibir su descarga de (hard) power-pop, un grupo de culto que regresa después de casi 10 años de inactividad, y una actitud intachable que se mantiene a los largo de los años.
Los hermanos McDonald puede que ya luzcan algunas arrugas, pero su espíritu adolescente permanece intacto. Disfrutan interpretando sus canciones, haciendo coreografías agitando sus melenas a los lados sincronizadamente o gritando sus estribillos pegadizos delante de los micrófonos.
Para esta ocasión, han vuelto a unir sus fuerzas con Roy McDonald (ninguna relación de parentesco) y Robert Hecker, guitarrista mutado en una especie de ser de otro planeta luciendo calva y movimientos espasmódicos con su guitarra naranja colgada justo debajo del cuello. Justamente los mismos que grabaron Neurotica, uno de sus álbumes más legendarios (aunque no el mejor).
Salieron al escenario como si ya hubiesen ganado la batalla: Jeff con camisa vaquera, Steve con un traje y unas gafas super cool, Roy con una camisa con chorreras deliciosamente desfasada y Hecker con un pantalón blanco a la altura del sobaco y camisa verde brillante (descalzo, por supuesto). The Lady In The Front Row, Bubblegum Factory, One Chord Progession, por si quedaba alguna duda de su estado de forma, lo acompañan con un comienzo arrebatador. Sonrisas entre el público, saltos y estribillos entonados a coro por toda la audiencia. Como decía, algo especial. Peach Kelly Pop cierra el cuarteto inicial en el que picotean de cada uno de sus discos más importantes. Sin pausa Annie’s Gone retumba en toda la sala con Jeff dejando la música para sus compañeros de grupo y los estribillos para el público. La brevedad de su primer set no impide escuchar otras joyas como Jimmy’s Fantasy, Neurotica, After School Special con Steve a las voces (el más punky de los cuatro en actitud) o un tremendo Crazy World que cierra la primera parte.
Nadie se mueve ni siquiera para pedir otro tema. Salen Roy, Robert y Steve que pregunta si creemos que este bis está por contrato o si en realidad no queremos más. Se ríe y Hecker
tiene su momento de gloria con la simpática Love Is You y llena la sala de sonrisas pese a la afonía del guitarrista. Vuelve a salir Jeff también y es ahora una desmadrada Follow The Leader, mucho más violenta y extensa que la versión incluida en Show World, la que cierra. Ahora sí que la sala entera rompe a gritar y a silbar para que vuelvan a compartir un poco más de su música con la audiencia. Y ellos vuelven a salir sonrientes, con un regalo bajo el brazo: One After 909 de The Beatles pasado por el filtro Redd Kross, es decir, potente y acelerada. Deciden que es hora de irse y el riff de Huge Wonder al más puro estilo Black Sabbath, lo anticipa.
En total casi hora y media de concierto. No es muy largo, pero sí puedo asegurar que fue muy intenso, plenamente satisfactorio. Un año tardará en salir al mercado uno de los discos más esperados del rock reciente (con permiso de Chinesse Democracy) y, sobre todo, su gira correspondiente. Un placer, tenerlos delante. Uno de los conciertos del año en Galicia seguro. Y aún estamos hablando de enero…