
Texto y fotos: Sierjo
El motivo por el que me desplazaba al país vecino no era moco de pavo. Allí me esperaba una cita con la mujer que el pasado año nos hizo pasar calor, mucho calor con Overpowered, la misma que podría conseguir que Madonna se sintiese poco más que una vulgar aldeana. Después de su visita a este país el pasado verano dentro del Optimus Alive 2008, la británica había dejado a la parroquia portuguesa con ganas de más, lo que demostró agotando las entradas más de un mes antes de que se celebrase este evento, una especie de festival patrocinado por el mismo operador telefónico que el festival antes citado y que contó con una organización nefasta.
Lo que más y primero me llamó la atención fue el civismo y la paciencia del público luso. Primero, por aceptar sin rechistar el retraso de hora y media que anunciaban nada más retirar las entradas por culpa del solapamiento con un acto militar – algo así como el baile de la Escuela Naval, con militares de variado rango y sus emperifolladas esposas – que se celebraba en otra de las salas de la Casa da Música; segundo, por no provocar ningún altercado cuando el retraso se convirtió en más de dos horas y media hasta que Khan of Finland apareció sobre el escenario de la preciosa sala con la única intención de profanarlo; tercero, por no lanzar ni un solo tomate al susodicho por los interminables cuarenta y cinco minutos de ridículos graznidos con los que nos torturó; y cuarto, por aguantar estoicamente otros tres cuartos de hora mientras el staff de Róisín Murphy ponía todo a punto para su actuación.

Finalmente y con todo este retraso acumulado – que nos haría llegar a casa pasadas las siete de la mañana – las luces se apagaron y los sintetizadores comenzaban a emitir un prometedor zumbido. Acto seguido, precedida de sus dos hiperactivas coristas y ataviada con un indescriptible atuendo compuesto por un objeto similar al super disco chino de Enrique y Ana en la cabeza y una piel de animal recién cazado, chepa incluida, a los hombros, Róisín atacaba los primeros compases de una “Overpowered” brutal. Mientras la rubia elevaba unos cuantos grados la temperatura de la sala con su simple presencia, todas las vicisitudes anteriormente relatadas quedaban olvidadas de un plumazo. Ella lo daba todo y el público respondía ruidosamente a la entrega de su diva, a veces con la mirada perdida en sabe dios qué mundo y la mayoría del tiempo buscando con los suyos los ojos de sus fans y acercándose a ellos desde el borde del escenario. Tras un comienzo inmejorable fue incapaz de sacar todo el partido que lleva dentro una “You know me better” que sonó algo escuálida, aunque “Chekin’ on me” le sirvió para remontar un vuelo que se convertiría en estratosférico cuando sentada y tras un rápido cambio de escenario, encaró la preciosa “Through time”.

A partir de este momento y entre cambio y cambio de vestuario a velocidad vertiginosa – lo suyo fue una auténtica pasarela de moda bizarra en la que cabrían toda suerte de boinas, antifaces, gafas a lo Star Trek, vestidos de inspiración animal o un traje con las mangas cosidas a los bolsillos. Purito prêt-à-porter – comenzaron a ganar protagonismo los temas que años atrás había compartido con Moloko, sobre todo en su primera época, pero pasando de largo por sus hits más obvios. Y aunque esto pudiese convertir el show en uno de esos temidos conciertos “para fans”, el espectáculo no se resentía demasiado, pues no siempre el tema que Rosinha (así la bautizó el público portugués a grito pelado) interpretaba era el centro único de atención. Si no te gustaba la canción tenías de sobra con que distraerte: el nuevo modelito de la diva, sus provocaciones, los contoneos de las coristas o el simple disfrute de escuchar toda el alma que contiene la voz de la Murphy – que no titubeó en ningún momento – te mantenían alerta hasta el próximo petardazo, como el que pegó convirtiendo en puro trance “Movie star” o en un final que fue del dance megacool de “Let me know” a el rockerío más macarra del final de “Ruby Blue” en tan solo unos minutos.

No tardaron en volver al escenario para ofrecer un solicitadísimo bis, que comenzó revisitando por tercera vez el I am not a Doctor para luego volverse a desmelenar versionando en primer lugar a Brian Ferry y cerrando con la divertidísima “Ramalama (bang bang)”. A pesar de que apenas faltasen unos quince minutos para que se cumplieran las dos horas de concierto – y pasadas ya las cuatro y media de la madrugada, hora española – algunos incluso echamos de menos un segundo bis, aunque solamente fuese por contentar a las masas ¿”Cry Baby”?¿”If We’re in Love”? Por ejemplo.
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