Permítanme que vaya al revés que los acontecimientos en la capital española este fin de semana y comencemos por el concierto estrella. Al contrario que el concierto anterior – Patrick Wolf – la entrada fue comprada vía Internet y éramos varios que llevábamos tatuados un id code de veintitantos números lo cual eleva a posible el hecho de errar en el momento de copiarlo, si se hace a mano, o que Servicaixa funciona tan mal como Correos, y ello te mantiene con la sospecha hasta el último momento, pero no, allí estaban los sobrecitos perfectamente cerrados con unas entradas espantosas en las que costaba esfuerzo leer Smog y no digamos el resto.

Bill Callahan acompañado por dos personajes fantásticos, una guapísima elfa a los teclados – Joanna Newson – y un vikingo entrañable sin nombre conocido haciéndose cargo de todo lo que sea percusión incluyendo chirriar los platillos, se subieron al escenario y tocaron una hora exacta de reloj sin concesiones ni apenas comunicación hacia nosotros, cosa que sentó regular ya que el público y quiero decirlo en negrita, mayúsculas o como vea en su momento que se ve más claro: fuimos excepcionalmente educados y silenciosos mientras tocaban. Ni un simpático We love you, Bill! le arrancó una miserable mueca. Tampoco los generosos aplausos en los temas antiguos hicieron que se dignase a mirar de frente y la única que durante la actuación miraba de reojo y reaccionaba a algo era ella, encantadora y tímida. El vikingo saludó por todos al final cerrando el fantasmal desfile. Ya digo y repito que parecen tan normales, pero sin duda no lo son.

Más allá de lo social, este tipo tiene una voz y un carisma muy por encima de cualquier cosa que ande vagando con los pies pegados en el suelo. Toca, canta, susurra y baila de forma graciosa en trance, haciendo lo que le da la gana en cada tema. Tanto Joanna Newson como el vikingo estaban pendientes de sus caprichos musicales, única versión de In the pines, una interpretación mágica de I was a stranger, y poco más en esta ocasión. Están de gira por Europa con su último disco A river ain´t too much to love del que al menos tocaron seis temas: Say valley maker preciosa en la apertura, Rock bottom riser, I feel like the mother of the World para estrés del vikingo, In the pines, Drinking at the dawn algo plana y Let me see the colts. Del mítico Red apple falls añadieron Blood red river que fue casi tan laureada como I was a stranger y el raquítico set list apenas se completa con Bathysphere y Vessel in vain. Así que un bis de un tema, mano en bolsillo, thank you y goodbye.
