Darren Hayman + Nacho Vegas + The Zephyrs
Lugar: Playa Club (A Coruña)
Precio: 12/14 €
Aforo: Media entrada
Era la tercera edición del Soft Pop Tour y la primera a la que podía asistir. Diversos motivos hicieron que en años anteriores no pudiera ver a Trembling Blue Stars, Camera Obscura o Lovejoy. No había demasiado ambiente, el suficiente para que los voceadores oficiales nos dieran la noche con sus seguro que interesantísimas conversaciones a grito pelado en primera fila. Desde mi posición de hablador pasivo, pido la delimitación de zonas de habladores y no habladores en los conciertos de una vez por todas.
Darren Hayman fue el primero en disparar y, a pesar de cierta desidia, el que más cerca del centro de la diana anduvo. Primero con una especie de ukelele eléctrico y luego con su guitarra hizo lo que todos esperábamos y atacó sus temas sin olvidarse del cancionero de Hefner anterior a Dead Media, esas historias que nos encogen el corazón, a la vez entrañables e irónicas, que hacen que feos y “losers” nos sintamos identificados por unos minutos. No adivino la razón de por qué los temas elegidos fueron entre otros “Good fruit”, “Hello kitten”, “Don’t go”, “The greedy ugly people” o “The hymn for the alcohol”. Lo que ocurre es que Hefner tenían semejante cantidad de temazos que es hasta normal que se dejara atrás “The hymn for the cigarettes”, “Mary Lee”, “The day that Thatcher dies” – a pesar de que se la pedimos – “I love only you” y sobre todo hemos de ¿agradacerle? que no nos destrozara con “Don’t flake out on me”. Bueno, la ausencia de esta última quizá responda a que el amargasábados tristón oficial iba a ser Nacho Vegas.
El ex-Manta Ray (me gusta llamarle así porque creo que con Manta Ray alcanzó su cima), que no es santo de mi devoción desde que inició su – infladísima por la crítica - carrera en solitario, se presentó con una cara que asustaba. Sólo espero que nadie de su familia lo vea así jamás. Pues el caso es que este hombre se ha convertido en icono de nuevos intelectualoides, más allá de los gafapastas habituales; me refiero a esos tirando a hippies con coleta y perilla que tanto odia mi madre. Pues justamente dos de esos se pusieron a mi lado a berrear (no se escuchaban a ellos mismos, está claro) palabra por palabra todas sus canciones, mientras yo tenía que soportar a todos, a los que berreaban y a Nachete. De todas maneras he de reconocer que allí solo, en el escenario, llegó a hacerme sentir mal, triste, en algún momento (“El salitre”, “El angel Simón”, “En el jardín de la duermevela") y creo que eso es precisamente lo que pretende transmitir. Por ello daré un voto de confianza al menos a su directo.
Cuando empezaron The Zephyrs alguien debía estar repartiendo bocatas en la playa de Riazor, pues la mitad de la gente que estaba viendo a Nacho Vegas incomprensiblemente había desaparecido. Esos son los amantes de la música que me hacen gracia, los que le dicen a su amigo fan de U2 “voy a ver a Nacho Vegas que mola, que es muy profundo y desgarrado y tal; deberías ser más abierto y venir”, pero cuando empieza el siguiente grupo ni siquiera se queda a escucharlo porque no lo conoce. Como mínimo habrá que quedarse a verlos y después decidir si te gustan o no. La gente que así lo hizo y se quedó decidió que eran aburridos, dado el alto ratio nº bostezos/nº de asistentes. A mi me parecieron un grupo agradable, con desarrollos bonitos, pero claro, era sábado noche y la gente quería algún guitarrazo. Pues no, de eso apenas hubo. Como curiosidad citar la presencia de caras conocidas entre los zafiros, en concreto dos de los componentes de Astrid. Estos chicos le pegan a todo.