
Hacía bastante tiempo que mis pies no se perdían por las ajetreadas calles de Barcelona. En esta ocasión, la excusa no era más que asistir a la decimoquinta edición del Sónar. Como es bien conocido por todos, el festival se desarrolla en diversas localizaciones de la ciudad condal a lo largo de tres estresantes días y sus respectivas noches. Si por el día el núcleo formado por el MACBA y el CCCB ofrecen lo que de manera cursi definiéremos como un marco incomparable, la noche abandona la ciudad y se traslada a la inmensidad de los pabellones de la Fira Gran Vía de Barcelona. Antes de empezar con la crónica estrictamente musical, señalar la imposibilidad de circular con comodidad en la jornada diurna del viernes, los llenazos y el calor en el SonarHall, el ambiente general de buen rollo y su peligroso "estoy aquí para ser visto" del SonarVillage. De la Fira Gran Vía, aparte de su ya mencionada inmensidad, destacar su increíble sonido y, a nivel más personal, aplaudir el valor de los artistas que actúan en el escenario SonarClub. Escuchar el rugir de la multitud que es capaz de albergar semejante espacio, a un servidor, lo dejaba acojonado.
Jueves 19 de junio.
Sónar de día.

Tras una visita general para hacerse con el lugar y picotear un poco en cada escenario, mis pasos se encaminaron hacia el SonarVillage para a ver a Little Dragon. A pesar de que hacia el final de su actuación su sonido puede resultar monótono, los suecos sonaron cálidos; sus canciones cargadas de ecos jazz, profundidad dub y paisajes de electrónica amable resultaron entrañables. Sin abandonar el SonarVillage, destacar la diversión y frescura despachada por Chacho Brodas y los suyos. Su directo consiguió levantar de sus tollas de playa a los turistas más remolones. Bien por Chacho Brodas. Sin borrar la sonrisa de la boca, tocaba bajar al SonarHall para ver a esa entrañable pareja de geeks que se esconden tras el nombre de Zx Spectrum Orchestra. Lo suyo fue un deleite de sonidos y proyecciones retro generados gracias al viejo ordenador. Con fin de hacer tiempo antes de actuación de Pan Sonic, una nueva visita al SonarVillage para escuchar a un desconocido Christopher D Ashley. Su sonido se puede encuadrar perfectamente en una revisión de las carreras de bandas como New Order o Depeche Mode; la verdad, sus canciones ni llegan a molestar ni a enganchar del todo. Para finalizar el día, nada mejor que Pan Sonic, ante un SonarHall repleto de gente. Los finlandeses empezaron despacio y espaciales para poco a poco volver a tierra a base de distorsión, electricidad y puñetazos de ruido que hicieron temblar los cimientos del edificio.
Sónar de noche.

La primera noche en la Fira Gran Vía se puede considerar agridulce. Abriéndola estaba Goldfrapp; si su último disco intenta huir de la pista de baile, en directo queda demostrado que la gente disfruta sobremanera escuchando los temas más glamurosos de “Supernature”. Las canciones incluidas en su más reciente “Seventh tree” suenan bien y Alison, amparada en todo tipo de poses, hace todo lo posible por defenderlas. Lo ocurrido a continuación con Leila resultó una cosa más bien extraña, pues situada en el fondo del escenario y escondida tras sus máquinas, el concierto no llegó a conectar con el público. El desfile de vocalistas entra canción y canción tampoco ayudó mucho a crear un conjunto definido. No creo que toda la culpa sea de la artista, quizás su propuesta merecía un escenario más íntimo. Para finalizar la noche un Ben Watt que sí cumplió a la perfección con su papel; lo suyo fue una buena sesión de house de buen gusto y temas de cosecha propia como su magnifico “Wrong”.
Viernes 20 de junio.
Sónar de día.

Nada mejor para empezar la tarde que la delicadeza de Tender Forever. La chica puso toda su bondad en un concierto impecable y divertido a la par que íntimo. Proyecciones y canciones dedicadas a Beyoncé, disfraces y saltos sobre el público, vamos, un encanto de mujer, lo mismito que sus canciones. Dejando el SonarHall y volvemos al SonarVillage para continuar de buen rollo con Kalabresse; si su álbum “Rumpelzirkus” estaba cargado de house con regusto microscópico, en directo sus canciones ganan enteros y hacen que acabes moviendo los pies. Un poco más tarde, Yo Majesty volvieron a provocar otro llenazo en el SonarHall, tras un brevísimo saludo al público dieron comienzo a un directo rápido e intenso. Sus canciones vuelan sobre unas bases que van más allá del tradicional hip-hop y se pegan como lapas a la cabeza. Dejando a este par de preas rapeando a mil por hora, fui camino del SonarComplex para ver la última actuación de Yellow Swans. Lo de este par fue increíble, un directo abrasador, ruido sobrecargado que te elevaba a las alturas, abrupto e intenso.
Sónar de noche

Nada más llegar a la Fira mi cerebro se debatía entre Madness y la francesa Yelle. Al final opte por la francesa y dejé a los Madness para otra ocasión; estoy completamente seguro de que en esta época del "todos vuelven", antes o después acabaré viendo a los ingleses. La elección fue todo un acierto; Yelle, cual Jane Fonda haciendo aeróbic tras darse una vuelta por la ruta del bacalao, dejó claro que tiene tablas para el escenario y puso patas arriba a todo el SonarPub. Desparpajo, un poco de chulería y ganas de pasarlo bien son sus mejores armas; estando acompañada por dos personas encargadas de la batería y los efectos, desgranó todo su hiper festivo debut “Pop-up”. Antes de ver a Róisin Murphy, hice una visita al SonarLab para comprobar cómo Shackleton volvía loco a todo dios; no soy muy aficionado al dubstep, pero después de ver lo que allí acontecía, mis esquemas mentales hacia este género han cambiado para bien. Lo de Róisin Murphy se mantuvo dentro de lo esperado: buena presencia en el escenario, coreografías con sus coristas, cambios de vestuario y unas canciones interpretadas sin pega alguna. Un concierto con escasos momentos dedicados a la calma y demasiado perfecto. Vuelta al SonarLab para, literalmente volver a fliparlo: Buraka Som Sistema; esta gente a lo suyo lo llaman kuduro. Yo lo llamo quemar la pista a base de un ritmo imparable y duro; los ingredientes, electro punzante por aquí, funk por allá y sonidos tribales sin descanso. A continuación, de vuelta al SonarPark para ver girar la bola de espejos al ritmo de Hercules and Love Affaire. Su directo es correcto, pero la falta de Antony Hegarty hace que los temas en los que presta su voz se queden bastante huérfanos. La bola de espejos giró pero menos de lo que debería haberlo hecho. Tras ésto, mi intención era comprobar si el lema de Erol Alkan “E.R.O.L keeps kids dancing” era cierto, así que me encaminé al acojonante SonarClub, y para mi sorpresa veo en las pantallas a los 2Many Djs. No sé cuál sería el motivo de este cambio. Confieso mi admiración por los belgas, pero siempre y cuando en su batidora metan la mayor cantidad de ingredientes posibles; en esta ocasión se centraron en sonidos clubber al cien por cien, lo cual les resta frescura. Mientras ésto sucedía en el SonarPark, Frankie Knuckles hacía lo que mejor sabe: su sesión se puede definir perfectamente en la imagen de un chico con ganas de irse para casa intentando arrastrar de la pista de baile a su novia. Ella tenía bastante claro que dicha idea no entraba en sus planes, que lo único que deseaba era seguir bailando al ritmo que Frankie tan bien estaba marcando y, joder, mira que hacía tiempo que no escuchaba el “Free” de Ultra Nate. No me puedo creer que hayan pasado diez años desde su publicación. Para finalizar, nada mejor que volver al aire libre del SonarPub; en dicho escenario desde las dos de la mañana Richie Hawtin encabezaba una especie de jam session de portátiles en red. El motivo no era más que celebrar los diez años de su sello Minus. Sin un orden establecido se iban intercalando Magda, Marc Houle, Troy Price, Gaiser, Heartthrob y el propio Richie Hawtin. El resultado era más que bailable, tanto en los momentos minimal como en los de “ahora os soltamos esta secuencia de bombo y os cagáis por la pata abajo”.
Sábado 21 de junio.
Sónar de Día.

Un nuevo día amanece (aún el Sónar noche), un rato de descanso, picoteo rápido y otra vez al tema. Las encargadas de inaugurar mi día fueron The Duloks. Su pop lo-fi es divertido y agradable, pero su directo fue una tomadura de pelo. Es una lástima, pero se dejaron poseer por el espíritu de joven europeo en viaje de fin de curso por la costa brava. Hicieron gracietas sobre chicos, drogas y borracheras. Ante este patético panorama me escapé al SonarVillage para comprobar que Kid Acne se toma las cosas más en serio y es capaz de ser divertido sin caer en la estupidez. Su rapeo sobre bases old school no es nada nuevo, pero al menos se preocupa por intentar convencer al público. Me gustaría poder hablar más de Matmos, pero mi cuerpo no resistió el calor del SonarHall; lo poco visto resultó interesante. Lo que sigue, fue para mi una de las sorpresas del festival en el SonarComplex: Osaka Invasion, que resultó ser de lo más estridentemente divertido. Ove Naxx, un individuo disfrazado de concursante de humor amarillo que distorsionaba un sonido acelerado, resultó increíblemente entretenido; lo mismo sucedería con el dúo Bogulta: uno aporreando la batería y gritando, el otro exprimiendo una guitarra, crearon una suerte de punk-electro pasado de revoluciones que te dejaba alucinado. De vuelta al SonarVillage para ver a The Field, que sin llegar al desastre de The Duloks, su directo no llegó a conseguir unidad, la batería dudo que alguna vez entrase en su momento y las pausas entre tema y tema rompieron todo el componente hipnótico tan bien recogido en su disco. Los momentos brillantes fueron los menos, otra gran decepción. Lleno de tristeza, hice una última visita al SonarHall para ver el directo de The Black Dog; menos mal que la cosa estuvo muy bien: regusto ácido y baile inteligente que mereció la pena. Para finalizar, vuelta al SonarComplex donde disfruté de la locura de Marousa, además de aprovechar un rato para comprobar la eficacia de los ritmos fríos a la vez que bailables creados en norte de Europa de la mano Randy Barracuda, Mesak, Sla and Eero Johannes.
Sónar de noche.

Última noche del Sónar y con menos público que la jornada del viernes. Sorpresas del siglo XXI, ¿quién me iba a decir a mí que vería a Yazoo en directo? Ante un público más bien escaso, Alison Moyet y Vincent Clark presentaron un concierto grandes éxitos más que apañado. Con un escenario sencillo a más no poder, quedó bastante claro que la voz de Alison Mollet se mantiene a pesar de los años, su techno-pop sigue siendo agradable de escuchar y “Only you”, es uno de esos temas tontorrones por el que no pasan los años. Contento también salí del directo de Miss Kittin, puntual a más no poder, que supo contener su voz y hacerlo más que bien. Lo de Soulwax fue tan simple como divertido, hicieron crujir sus cacharros retro y mostraron sus modales de estrellas de rock. Si te dejas convencer por su arenga te lo pasas fenomenal. Todo lo contrario ocurrió en el SonarPark; lo de Bonde do Role fue cansino y monótono. Volviendo al pasado, Jeff Mills y Mike Banks transportaron a todo el SonarClub a un viaje por Saturno. El resultado pudo haber sido mucho mejor, pero un parón al poco de iniciar su actuación, provocó cierto desánimo entre la gente. Una vez de vuelta en escenario dejaron bien claro que ellos son una de las piezas fundamentales de la historia de Detroit. Tanto en los momentos más ambientales como en las piezas bailables (muy bailables) sonaron impecables; quedó demostrado que el techno tiene pasado y mucho futuro. Ya comenté el directo de Buraka Som Sistema; el sábado por la noche repetían en formato dj y el resultado fue igual de infeccioso que lo ocurrido el viernes. Los Mc´s no paraba de jalear al público y el dj estuvo increíble, todo lo que salía de esa mesa sonaba brutal. Si en algún momento alguien les recomienda escuchar a Diplo, ustedes respóndanle con un "Buraka Som Sistema molan más". Hablando de molar más, lo de Dj Mehdi vs A-Trak fue de lo mejorcito del sábado. Un llenazo impresionante en el SonarPark, al menos durante el set de Dj Mehdi. Elegancia, educación, fiesta, momentos de garrulismo ilustrado. La parte de A-Trak, perdió fuerza, pero Dj Mehdi se ganó el cielo. Para finalizar, por un lado tenías a Óscar Mulero siendo fiel a sí mismo y a al lema que portaba en su camiseta “Detroit Techno Militia” en el SonarClub y, en el SonarPub, a Ricardo Villalobos divirtiendo a la gente a base de house pequeñito cargado de sus habituales sonidos de fanfarria.
Fotos: www.sonar.es