Summercase 08
24 de Agosto de 2008



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Summercase 08
Texto: Javimetal

Boadilla del Monte, Madrid
18 de Julio de 2008






Hay días que el calendario los destaca de rojo para que te des cuenta de que, o es domingo, o es festivo. A partid de ahora, los almanaques deberían traer impresos en otro color los días en que se celebre el Summercase, porque tantos (y tan buenos) artistas en el mismo recinto en tan poco tiempo debe ser cosa de alineaciones astrales, o de meigas (o de números con muchos ceros detrás, para qué engañarnos). A pesar de los peros, que los hay, no felicitar a la organización de este evento sería una grosería, porque han elaborado un cartel fantástico, aunque en ocasiones eso suponga perderte alguno de tus artistas favoritos debido a fatales coincidencias horarias. Me gustaría hacer una breve referencia a lo mejorable del festival, que para mí son pegas que no empañan en absoluto lo primordial de un festival: la música.

En cuanto al recinto, tan criticado por ser un “pedregal insufrible”, he de decir que sí, había piedrecitas por muchas zonas del recinto, pero aunque fuese incómodo, y posiblemente sea muy mejorable, no considero que sea algo tan insufrible. El cansancio de la gente venía por estar tanto tiempo de pie, no porque las piedrecitas hiriesen a los pies apoyados sobre chanclas o Converse (parecían la indumentaria oficial). Incómodo sí, insufrible, no. Primera nota negativa. Y aunque algunas de las mejoras anunciadas para este año fuesen la compactación del terreno y la habilitación de una zona con césped artificial, no fueron suficientes. Así, bajo mi humilde opinión, pienso que estaría mucho mejor todo el recinto con ese césped artificial, o simplemente, con una capa de cemento, que incordiaría muchísimo menos al personal.

Otro detalle censurable fue la escasa información del recinto desde el transporte preferido por los asistentes: el metro ligero. Una mejor señalización haría mucho más fácil llegar hasta él, dejando menos cancha al azar o a la intuición de los asistentes. Pero los puntos negros del Festival se han acabado.

Por tanto, antes de empezar a desgranar la cosecha musical de este día, empezaré por dejar constancia de mi selección musical: Mystery Jets, The Kooks, Dorian, Los Campesinos, Kings Of Leon, Sex Pistols, Raveonettes, Cansei de Ser Sexy, Kaiser Chiefs, Foals, Planetas y Tiga.

A pesar del hándicap que supone actuar a horas intempestivas a plena luz (y calor) del Sol a media tarde, el primer concierto al que me acerqué fue al de Mystery Jets –era el más cercano a la entrada en el recinto-, y con la canícula que supone Madrid a mediados de julio, mejor no hacer esfuerzos innecesarios. Pillé su actuación bastante empezada, y entre que ya no son actuaciones demasiado largas y que mientras buscas alguna zona con sombrita y tal, se acabó enseguida. Los (pocos) temas que escuché sonaban bastante bien, y se respiraba esa cercanía de los conciertos en una sala pequeña –a pesar de que tenían su parroquia de fieles, a las 18.00h no éramos muchos los que ya nos habíamos acercado hasta Boadilla del Monte- pero no me dio tiempo a engancharme con ellos y dar una opinión fidedigna de su directo. Les concederé el beneficio de la duda.

Eso sí, el siguiente grupo ya consiguió atraer a muchísima gente, entre ellos muchos seguidores británicos –que eran una proporción considerable de los asistentes-. The Kooks confirmaron lo que todos sabemos de ellos: que son, de la nueva hornada de grupos jóvenes británicos, los de una música más jovial, pero que su reciente segundo disco, “Konk”, adolece de falta de gancho y magnetismo, que desbordaban en su genial debut, “Inside in/Inside Out”. Sin ser un mal disco, no acaba de convencer; a veces peca de tibieza y nos deja a medias –que nunca es bueno-, intuyendo que en cualquier momento pueden despuntar, pero que también pueden convertirse en algo previsible. Esperemos que sólo sea un traspiés en su carrera y vuelvan pronto al redil junto con algunos de sus compañeros de generación, que aprovecharon la desaparición de The Libertines para despuntar, pero que pecan de cierta irregularidad en sus segundos discos (¿estáis pensando en Bloc Party?). Llegaron enchufados, y las primeras bofetadas fueron su nuevo single, “Always where I need to be” y su clásico “Eddie’s gun”, que encendieron al personal y ya no lo apagarían durante toda su actuación. No obstante, se podía ndistinguir fácilmente, aunque no se fuese conocedor de su discografía, cuáles eran los temas de su primer álbum (coreadísimos “Ooh La” o el tema-anuncio “She moves in her own way”) de los del segundo, disfrutables para servidor, pero con menos impacto entre el público, como “Mr. Maker”, “Shine on” o la lasciva y bailable “Do you wanna” –que en los Festivales también se va a pillar, ¿no?-. ¿Y si encadenaban más de un tema del segundo disco y la gente se enfriaba? Pues tiraban de repertorio, sonaban hits incontestables como “Naïve”, o hacían bromas sobre sus “amiguitos” Pete Doherty o Alex Turner, o hacían sentarse al público –especial conexión con el abundante número de ingleses- y (casi) listo. Faltaba su “Sofa Song” para dejarnos un gran sabor de boca. Un notable para ellos, y a seguir el recorrido nosotros.

La desbandada tomó mayoritariamente dirección Dorian. Ya figuraban en mi hoja de ruta y no decepcionaron. Quizá fue un concierto demasiado corto –poco más de 35 minutos-, posiblemente motivado por el batería, recientemente recuperado de una lesión en la muñeca. Su pop electrónico fue muy bailado por los que nos congregamos allí, aunque en mi opinión les favorecería un poco más de garra e ímpetu, con más guitarras y una voz más marcada sobre las bases, pero la propuesta es la que es. Podrán pecar de sonar demasiado blandos, pero ante golosinas como “Te echamos de menos”, “La noche espiral”, “Más problemas” o “Cualquier otra parte”, -dedicada a Facto Delafé, junto con los cuales su pretendido “buenrollismo” y amabilidad les pueden restar credibilidad-, no hay nada que objetar.

A continuación, fue el turno de la revelación-confirmación de la noche, y posiblemente los triunfadores, Los Campesinos! Empezaron muy mal, pero no por su actuación, sino por un sonido pésimo, y muy bajo, a los que el público reaccionó con una sonora pitada hacia el técnico de sonido, que se vio obligado a ceder ante la multitud, a elevar el sonido de los galeses. Pero a partir de ahí, fue una auténtica gozada (“gozada total”, que diría Joaquín Luqui). Su riqueza instrumental, sus juegos de voces, su entrega y sus inmensas ganas de agradar a los asistentes, provocaron una retroalimentación positiva con el público, y crearon una comunión increíble con el grupo Indie internacional revelación del 2008 –y atención, que sacaran otro LP este mismo año-. Suenan enérgicos, impulsivos, rápidos y saben cómo conectar con el público. Los temas de “Hold on now, Youngster” mejoran mucho en directo, y la interpretación arrebatadora te empujan a bailar y a saltar, a corear –a gritos- sus rabiosos estribillos y a no despegar de tu boca una sonrisa de oreja a oreja, creyéndote lo que ellos transmiten: ganas de comerse el mundo. Y si esto lo adornamos con unas palabras en español y con lanzar botellines de agua a diestro y siniestro, como sería una Cabalgata en verano, tenemos al directo más ilusionante de esta edición del festival. Crucemos los dedos porque continúen así y nosotros podamos disfrutarlos.

En este momento de alboroto llegó mi primer dilema de la noche: escoger entre Biffy Clyro y Kings of Leon. Me decidí por los segundos y no me defraudaron –aunque me contaron que los británicos dieron un conciertazo. Centrémonos, pues, en los americanos. Eran el primer plato fuerte del escenario principal. Lo sabían e hicieron una demostración de que son unos fantásticos instrumentistas –dignos de mención los globos con el chicle del batería, dominando igualmente el instrumento-, y de que juegan en una liga distinta al resto de grupos: dan la impresión de que son los únicos rockeros que le gustan a los indies, o los únicos indies que le gustan a los rockeros. Y partiendo de este precepto, elaboran un repertorio, centrado en su último “Because of the Times”, -que también próximamente tendrá sucesor-, en el que prevaleció el músculo al compás bailable. Sin tener un especial carisma, conectaron con el público, seducido por ramalazos como “Four kicks” o “Charmer” o “Razz”, temas in crescendo como “On Call”, “Black Thumbnail” o “Knocked up”, y demostrando que, aunque sólo hubiesen tocado un tema, si fuese “My party” habrían conquistado al público. No obstante, se echó en falta que no tocaran más temas tanto de su anterior disco –que les funcionaron estupendamente, como “The Bucket” o “Taper Jean Girl”- o de su debut, “Youth and young manhood”, del que no tocaron ni una canción, ni siquiera su solicitadísima “California Waiting”. Una lástima. Aún así, un 8 para el grupo de los hermanísimos –y primo- Leon.

Tras ellos, y ante la indiferencia que me provocaban los grupos que tocaban en el hueco previo a la actuación de los Sex Pistols (Mogwai y Facto Delafé), preferí esperar la ansiada actuación de la leyenda viva del punk británico. Y aunque siempre he preferido a The Clash, debo decir que los Sex Pistols me convencieron. Mucho se critica la finalidad de esta gira, y aunque somos conscientes de que resulta muy rentable reunir grupos aparentemente irreunibles para hacer sus correspondientes “Giras de su cuenta corriente” (los propios Sex Pistols habían hecho una a mediados de los 90 llamada “Gira del Lucro Indecente”), no resulta un crimen si dan un gran espectáculo musical, como es el caso que nos ocupa. Empezando al grito de “Enjoy or die!”, sonaron a las mil maravillas, posiblemente mejor que en 1977, con todos sus éxitos, entre los cuales yo me quedo con “Holidays in the Sun”. No obstante, lo que ya no es tan aplaudible es tocar con cierta candidez “Anarchy in the UK” con polo y pelo peinado con raya al lado –como el bajista-. Por lo demás, y a pesar de unos Rotten y Jones barrigones, cual jubilado británico en la costa del Mediterráneo, debemos reconocer su valía musical, e ignorar los esfuerzos por demostrar su pretenciosa rebeldía o irreverencia del cantante, con sus gárgaras de Bourbon, sus gritos de “Fucking Zapatero” o “Fucking hot in Spain”.

No obstante, en sus bises descolocaron al público, y la parte del público que prefirió asistir a otras propuestas en vez de guardar sitio para Kaiser Chiefs o Planetas, (como yo), nos perdimos algún tema más de los Sex Pistols, que provocarían un retraso de unos 20 minutos en la actuación de los Kaiser Chiefs, que se quedaron sin bises para permitir una actuación prácticamente puntual de los que cerraron el escenario grande: los granadinos Planetas.

Entre esas propuestas, me sorprendió que tenían prácticamente el mismo número de asistentes que los británicos tanto CSS como Raveonettes. Ambas ofertas invitaban al baile con voz femenina, en un electro-indie sensual, pegajoso y bailable, aunque con sus diferencias. Mientras las Raveonettes, quizá por su origen nórdico, más sutiles, encandilaban pero conservando cierta distancia, las CSS mostraban un estilo más cercano –hablaban más con el público, reconociendo que habían visto a The Breeders-, explícito, sexy (para muestra un botón: “Music is my Hot Hot Sex”) con un aire ingenuo y juvenil debido a una decoración del escenario que ayudaba a su visión del electro-glam-rock, con una cantante que me recuerda a una Juliette Lewis tranquila con un empacho de azúcar. Dejaré su “enfrentamiento” en empate técnico, y como temas estrella “Love in a Trashcan” por parte de Raveonettes, y el mencionado anteriormente para CSS.

Ya era más de medianoche y hacia el escenario principal se producía un gran bullicio. Era posiblemente el mayor lleno de la noche, y los protagonistas no eran otros sino los Kaiser Chiefs. Atrajeron la atención y no defraudaron. A pesar de presentar varios temas nuevos –que no desentonaron con el resto, por lo que suponemos que el nuevo disco no defraudará-, se permitieron el lujo de comportarse como las estrellas de la noche (de largo, la mejor iluminación de escenario). Cuentan con un cantante carismático, Ricky Wilson, que entró con una muleta (a lo “House”), que saludó a componentes de los Kooks y de Kings of Leon que estaban entre el público, y que incluso animaba a la gente a jalearle mientras se ataba los cordones y demás payasadas varias, pero que entre tanto salto, y tanto escalar por la estructura del escenario arriesgó con resultar pesado un concierto en el que los temas eran hits, y los estribillos, berreados por todos los asistentes, especialmente por los británicos, mayoría en las primeras filas y ya en puro estado hooligan –cerveza en mano y haciendo pogo-. Abusan del recurso de cambiar el tempo de los temas, acelerando los estribillos frente al resto de la canción, pero con la cantidad de hits que atesoran, eso fue lo de menos. No serán el mejor grupo británico del momento, pero posiblemente tengan el directo más divertido y coreable. Hay muchos temas donde escoger, pero me quedaré con “Everyday I love you less and less”, “I predict a riot” y “Heat dies down” como los más intensos de la noche.

Y como ver cómo preparaban el escenario de Los Planetas me aburría soberanamente, me pasé a ver un rato a Foals. Sonaban tremendamente bailables, como los colegas bailongos de Strokes y Bloc Party, instrumentalmente impecables. No obstante, no me gustó su disposición en el escenario, con poca interacción con el personal, y tocando como en el local de ensayo, mirándose entre ellos todo el rato. Pero a esas alturas de noche, lo que importaba era moverse, y ellos lo consiguieron.

Quedaba por ver el grupo que cerraría el escenario grande, los granadinos Planetas, el gran icono del Indie nacional de los 90 (¿o desde los 90?). Debo reconocer que no son santo de mi devoción, aún no me han llegado a enganchar. Pero esto no me deslegitima para considerar que los únicos que pueden hacer geniales sus conciertos son el público. Jota y los suyos son estáticos, previsibles y fríos con el respetable, y éste responde según sea fan o no de la banda: el fan suele ser acérrimo y vive su éxtasis en unas interpretaciones en las que la única emoción es la del aficionado, y el que va al concierto a intentar responder por qué este grupo es tan venerado acaba aburrido en los temas que desconoce y tibio en los temas que le gustan. Posiblemente me acabe enganchando a sus álbumes clásicos, pero, por el momento, me pareció un final de fiesta inapropiado, tanto por la hora, como por el grupo.

Menos mal que simultáneamente estaba Tiga en otro escenario, que como vale tanto para un roto como para un descosido, arrastró a los no-fans de los granadinos a una sesión muy bailable, pero más propia del Creamfields o del Sónar que de este Summercase.


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