Del 13 al 15 de noviembre | Castellón
23 de Noviembre de 2008
Texto: Mediosordo
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Tanned Tin 08


Texto y fotos: Mediosordo

Llegaba a esta edición del Tanned Tin sin haber hecho los deberes, predispuesto a ser sorprendido y con tan sólo un puñado de grupos de los que se pueda decir que soy seguidor acérrimo. Con un cartel que sobrepasa los treinta es bastante sencillo encontrar propuestas que no son del agrado de uno, aunque sinceramente el nivel este año ha sido exageradamente alto, con sólo un par de conciertos que no llegaron a dar la talla.

Por otro lado, y como novedad, en esta edición se prescindía del Auditori, concentrando toda la actividad conciertil en el Teatro Principal y en el Casino (para las sesiones matinales), todo un acierto ya que así todo está muy a mano y vas a los conciertos caminando tranquilamente desde tu hotel. También destacar los semi-improvisados miniconciertos de diez minutos que tenían lugar en los descansos entre grupo y grupo en la segunda planta del Teatro Principal. Allí repitieron muchos de los artistas del cartel de este año, como Paul Marshall, Ora Cogan o Barzin, pero también hubo sorpresas como la de David Thomas Broughton, que ya debe de tener contrato fijo en el Tanned Tin.

También es digno de mención el impresionante sonido del que disfrutamos todo el fin de semana, sobresaliente, sin apenas problemas técnicos destacables, al menos a simple vista. El punto negativo se lo lleva la imposibilidad de tener asiento numerado (debido a la introducción de abonos por primera vez en el festival), algo que no supuso un problema el jueves y el viernes, pero sí el sábado con una mayor afluencia de público y con multitud de asientos ocupados por chaquetas durante muchos conciertos. De todos modos, da gusto ver como se subsanan errores de pasados años, como la agresiva y molesta presencia de guardias jurados que no permitían estar de pie durante los conciertos, o la escasa oferta culinaria dentro del Teatro (este año afortunadamente había algo más que rosquillets).


Jueves 13

Es difícil afrontar un concierto media hora después de haber cruzado la península de punta a punta tras más de diez horas al volante. Pero más difícil es aún si el concierto es de Jana Hunter. La de Arlington (en algún lugar perdido de Texas) tiene un repertorio introvertido y depresivo, digno de hacérselo mirar. Afortunadamente su set a dos guitarras y batería duró apenas media hora, por lo que mi frágil psique no sufrió en demasía. La cosa mejoró (y mucho) con el concierto de The Strugglers, que se convirtieron en la primera sorpresa del día principalmente porque, al no haberlos escuchado antes, con un nombre como ese me imaginaba una banda de garage. Nada más lejos de la realidad, ya que el grupo de Randy Bickford ofreció un muy buen concierto de rock americano de toda la vida, muy cerca de Damien Jurado o Dolorean aunque más acelerados. Excelentes melodías y una muy buena voz, que desafortunadamente sonó muy baja la mayor parte del concierto.

Llegó la hora de los Radar Bros y llegó la hora de cenar. El caso es que tras una experiencia culinaria un pelín accidentada, llegó la segunda sorpresa del día, aunque en esta ocasión el motivo no fue el rango estilístico del grupo (ya que me había escuchado el “Devotion” de Beach House unas cuantas veces) sino el descubrir que el portador de la impresionante voz que se oye en el disco no es un portador, sino una portadora. En fin, estupendo concierto con un arranque exclusivamente centrado en su último disco, y con un órgano omnipresente capaz de transportarnos a una playa desierta en una remota isla del Caribe. Casi sin quererlo, el concierto de Victoria Legrand y Alex Scully se convirtió en el momento cumbre del día, y tan buen sabor de boca me quedó, que me atreví a sacrificar el concierto de Cass McCombs en pos de una de esas agradables charlas, cerveza en mano, y apoyado en la barra del bar, tan comunes en estos años de Tanned Tin. La tercera sorpresa del día fue darme cuenta de que estaba sacrificando también a los Wave Pictures por otra ronda de cervezas. Sin embargo, una hora después el raciocinio entró en en funcionamiento y mi regreso al Teatro Principal fue a lo grande, ya que el concierto de Retribution Gospel Choir fue, nunca mejor dicho, enorme. El (otro) grupo de Alan Sparkhawk, en el que se hace acompañar del ya nuevo bajista de Low, consigue transformar la tristeza tan característica de sus canciones con Mimi Parker en erupciones de rabia e inconformidad, con un sonido envidiable y una ejecución impecable.

Dos rápidas cervezas más tarde dio comienzo el concierto de Mahjongg, en el que ya desde el principio, y oliéndome lo que nos venía encima, descarté sentarme. Los de Chicago son el cruce perfecto entre Battles y Village People, con un pedigrí tal que sus cinco componentes pasaron en algún momento por alguna de las dos baterías que comandaban el escenario. Sudor y desenfreno, con invasión de éste incluída, para cerrar la velada, ¿qué más podría pedir? Pues Jana Hunter llamando a la puerta de mi habitación a las cuatro y media de la madrugada preguntando por un tal Fernando, desde luego que no entraba en mis planes.


Viernes 14

La resaca del vienes por la mañana hizo que madrugase más de la cuenta. Así, a las nueve y media ya estaba levantado, y tras un tranquilo desayuno y un paseíto por el centro de Castellón, nos dirigimos al Casino para disfrutar de la primera de las jornadas matinales. Ahí nos encontramos con Paul Marshall, su guitarra y su estupenda voz de trovador medieval. Una estupenda sorpresa, la verdad. Mayoritariamente tocó temas nuevos de su próximo disco, aunque mi favorita fue una arrolladora "We could use your blood". Por su parte, Voice of the seven woods siguió en la misma línea que su paisano inglés, aunque sus canciones quizá pequen un poco de falta de diversidad. Así, los temas en los que no cantaba se hacían algo largos y cansinos; de todos modos resultó bastante disfrutable. La cerveza fue la culpable que escuchase a R.G. Morrison desde la distancia, y no lo suficiente como para poder siquiera juzgarlos.

Ya por la tarde, la obligada siesta y la crónica del jueves me hicieron perderme a Ora Cogan. Llegué justo para Barzin; los de Toronto son de esos grupos que sin practicamente esfuerzo consiguen que disfrutes su concierto, pero sin llegar a niveles de emoción que ofrecen grupos como Red House Painters o Codeine. Así a todo, casi se me cae la lagrimilla con "Let's go driving". Pasé de Thalia Zedek y la tarde noche continuó con The Declining Winter; debido a mi pasión por Hood, suelo ser bastante escéptico con todo lo que los hermanos Adams hacen en solitario. Sin embargo, una vez más mis recelos rápidamente quedaron olvidados ya que las canciones de "Goodbye, Minnesota" ganaron, y mucho, con un set analógico, en formación de seis y acompañado de dos violines; uno de esos conciertos en los que la imaginación suple con creces las carencias técnicas y falta de ensayo.

Todo lo contrario se puede decir de Audrey, un grupo sueco muy falto de ideas y de canciones, y cuyo final de concierto acabé sacrificando por otro par de cervezas.  Poco importó, la verdad, ya que la tripleta que vino a continuación fue digna de un festival del tamaño del Primavera Sound. Zu, Dälek y Neptune ofrecieron una contundencia en sus shows pocas veces vista en el Tanned Tin. Abrieron la recta final los italianos, con un bajista que no es de este mundo y un sonido primigenio sólo comparable a Shellac. Continuaron los americanos Dälek; una auténtica apisonadora ritmica que, sin duda alguna, se convirtió en el concierto más bailado de la historia del festival. Para cerrar, los también americanos Neptune, que aunque no me gustaron tanto como los anteriores conseguían sacar unos sonidos inverosímiles con sus instrumentos reciclados. La verdad es que parecían sacados de Mad Max.

En fin, el caso es que el subidón fue tal que acabé subido en un taxi con David Thomas Broughton y Gareth y Elaine de The Declining Winter, en dirección a un garito de mala muerte en los polígonos. Aparentemente el único local abierto a esas horas en Castellón.


Sábado 15

De camino a un tardío desayuno me encontré, sentado en un banco en la pequeña plaza en frente al Teatro Principal, a un taciturno Phil Elverum (aka Mount Eerie); probablemente el principal motivo de mi desplazamiento a Castellón. No pude reprimir mis ansias de saludarlo y rendirle pleitesía, y curiosamente acabamos desayunando juntos. Creo que jamás he desayunado con alguien tan extremadamente tranquilo.

Tras apurar los últimos minutos de compras por Castellón, me acerqué al Casino justo con el aplauso final a Mary Hampton. Tampoco se puede decir que viese el set de Benjamin Wetherhill, ya que estuve de cháchara en un salón anexo. Sí pillé un buen rato de Tara Jane O'Neil, y la verdad es que me sorprendió; recordaba su actuación en un Tanned Tin de Santander como una experiencia extremadamente aburrida, pero los 20 minutos que la estuve escuchando me agradaron bastante.

La sesión de tarde empezó a primera hora con Samamidon y no tuvo desperdicio. Acompañado de Doveman alternándose a la batería y al piano, el de Vermont sorprendió con su poderosísima voz y entrañable caracter, bromeando entre canción y canción, o acompañando las mismas con divertidas coreografías que arrancaron más de una sonrisa. Todo lo contrario ofreció P.G. Six en el que probablemente fue el concierto más flojo y aburrido del festival; su folk urbano con un ligero aire celta no llegó a conectar con el público en ningún momento. Tras él, le tocó el turno a Sr.Chinarro, que armado únicamente con su acústica deshojó el temario de sus días en Acuarela ante un entusiasmado público.

El concierto de Doveman estaba en el horario ideal para disfrutar de una magnífica cena en un excelente italiano a sólo un paso del Teatro Principal. Regresé con Deer Tick ya comenzado, pero decidí hacer la digestión charlando animosamente en la barra del bar. Sorprendentemente desde allí pude oir cómo los neoyorquinos cerraban con una versión de "La Bamba". Oir para creer.

Y así llegó el que probablemente era el concierto más esperado del festival, la reunión de Come, uno de los referentes del indie rock americano de principios de los noventa, y del que curiosamente nunca llegué a ser fan. Si unimos eso a que literalmente no soporto la voz de Thalia Zedek, me costó meterme en el concierto y disfrutar de él. Aún así, el grupo parecía relamente compacto y para nada daba la impresión de ser su primer concierto en muchos años; por su parte, la mayoría del público parecía gozar de lo lindo en el concierto más abarrotado de todo el fin de semana.

Con Mount Eerie sí que tuve conexión desde el primer momento. Independientemente de mi pasión por la música del de Anacortes, es innegable que su timbre de voz es como un jarabe para el dolor de garganta, capaz de engancharte y transportarte entre susurros al interior de sus canciones, dejando que tu mente ponga la instrumentación a tan bellas melodías. Con guitarra eléctrica y camisa a cuadros (algo recurrente en esta edición), ofreció cincuenta minutos de gloria cargados de temas de sus últimas publicaciones, “Dawn” y “Lost Wisdom” (en el que está acompañado por Julie Doiron).

La noche (y mi fin de semana) terminó con The New Year, que aunque no estuvieron al impresionante nivel de su actuación en el 2004 en Santander, sí dieron un más que digno concierto, con varios momentos de piel de gallina y tan sólo lastrado por algunas de las flojas canciones de su homónimo último disco, que presentaron casi en su totalidad. Broche de oro para otra estupenda edición del festival más arriesgado de nuestra geografía.




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COMENTARIOS
5 comentarios

Esta crónica está incompleta, ya sabes que mi voraz curiosidad me obliga a preguntarte qué desayuna Mount Eerie, o quién pagó el taxi hasta los polígonos.

La anécdota con Jana Hunter es muy buena, yo creo que te leyó el pensamiento cuando te vio entre el público y dijo "a este vamos a joderle la noche como sea" jeje

"No pude reprimir mis ansias de saludarlo y rendirle pleitesía, y curiosamente acabamos desayunando juntos"

Ejem ejem, esta frase puede llevar a confusión
:P

Vamos que os perdistéis a uno de las mejores bandas: Radar Bros.
Peor para vosotros... ;)
Saludos.

Es que sólo hay dos cosas en mi cuerpo que debo cuidar más que mis oídos. Mi tripa es una de ellas.

Pues Dios te conserve la tripa... porque ni aún que comieses un faisán, estaría justificado ausentarse durante ese conciertazo. Tus oidos deberían estar muy enfadados.

Penitencia impuesta: escuchar tres veces seguidas lo nuevo de The Killers.

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