2 de octubre de 2008 | Playa Club (A Coruña)
10 de Octubre de 2008



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The Mary Onettes


Texto: Sergio Méndez

Una curiosa coincidencia hizo que la noche del 2 de octubre se convirtiese en un doble enfrentamiento galaico-nórdico. Por un lado, la parroquia futbolera sudaba la gota gorda en las gradas del estadio de Riazor esperando una victoria de su equipo ante un rival noruego. A pocos metros de alli, una pandilla de frikis (porque así nos llamaron) aguardaba a los suecos The Mary Onettes, que cumplían así su cita anual con el noroeste peninsular. No escogen mal sus fechas. Fuera las olas golpeaban con brío las rocas y se estaba levantando un poco de viento, incluso comenzaba a lloviznar.

No les pesó que sólo una pequeña selección de incondicionales o curiosos moviésemos nuestro culo hasta el Playa Club para verlos. A la segunda canción ya estaban desenterrando cadáveres de los años 80, algo que han hecho tan bien que no sería raro que con la ayuda de una hábil maniobra de promoción se convirtiesen en una banda masiva. Escuchas "Under the Guillotine", notas que tu cuerpo comienza a dar señales de vida y por un momento incluso te imaginas estar en algún garito británico de hace 20 años. Tampoco sería difícil pensar en Echo & The Bunnymen o los primitivos U2 dando sus primeros pasos ante un par de decenas de personas. En la primera fila (de un total de unas cuarenta o cincuenta asistentes) también se lo han creído. Vemos desfilar ante nosotros al espíritu de Jesus & Mary Chain en "Explosions", aunque les falte volumen para dejarnos sordos. Y como los suecos menos suecos del sello Labrador no parecían dispuestos a divagar demasiado, no tardaron en hacer un poco de magia negra invocando a ese cruce entre Smiths y The Sound que es "Void". Estalla la euforia entre los incondicionales de la primera fila; al resto nos resulta difícil no contornearnos, aunque sea un poquito. Con eso iban manteniéndonos calentitos al adentrarse en los temas "menores", como cuando nos plantaron delante a The Cure en "The Laughter". Porque la otra oleada de alegría generalizada llegaría con "Lost", una de las más esperadas y bailadas. Aunque para mí lo curioso de todo este asunto es que, a pesar de que sea un reto hablar de The Mary Onettes sin nombrar a todas las bandas en las que se inspiran, tienen "algo" que hace que su revival funcione (ese "algo" que suele ser la eterna promesa de las hojas promocionales de multitud de grupos). En su caso, ponen estas influencias a las órdenes de una épica romántica. No hay apenas rastro de enfado o consternación, de frustración violenta, sólo sueños, unas veces cumplidos y otras veces rotos. Y en estos últimos años en los que las tendencias musicales se ha empeñado en saturarnos con poco sutiles homenajes a los 80, cuántas bandas habrán naufragado intentando hacer algo parecido.

El concierto, al igual que el partido, tuvo un final feliz para los locales. Poco antes de que los suecos saliesen a tocar su bis, veíamos a través de la cristalera de detrás del escenario a los aficionados del Deportivo desfilar hacia sus hogares. Por sus gestos podía intuirse su alegría. A nuestra salida salida se alternaban las miradas cómplices entre extraños y las sonrisas. No sólo Michael J. Fox va a tener derecho a viajar en el tiempo, pensé mientras atravesaba la puerta del Playa Club como si me estuviese bajando del mismísimo Delorean.


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