
Texto y fotos: David Watts
Si ya está todo inventado ¿Por qué no vamos a divertirnos? Copa de vino en mano aparece Spike, líder y cerebro de The Quireboys cuando sus compañeros de grupo ya llevaban unos minutos calentando con un instrumental. A partir de ahí empieza la fiesta. Hace años a alguien se le ocurrió la brillante idea de presentar a los londinenses como la respuesta británica a los Guns’n’Roses. En realidad, los de Axl Rose eran una continuación lógica, sucia y gamberra al Sleazy angelino. Los de Spike son una continuación lógica, respetuosa y continuista con el rock alcoholizado y desenfadado de los Faces. Ambas comparaciones odiosas, como todas.

Pero volvamos a La Fábrica de Chocolate. Buena entrada y público entregado. Si no venían entregados de casa, el cantante hizo lo posible por motivarlos. En todo momento comunicativo y buscando esa interactividad sin la que, ellos dicen, los músicos no pueden vivir, pero sólo algunos elegidos son capaces de lograr. Volviendo a las odiosas comparaciones, la voz de Spike puede recordar a la de Rod Stewart, sobre todo cuando se mete de lleno en esas baladas y medios tiempos que buscan la épica en el desamor, el dolor y en el fondo de una copa de vino. La diferencia con los Guns’n’Roses es que The Quireboys son conscientes de su aura de perdedores y la explotan al máximo. Tan conscientes son, que se dejan el alma con pasión en casi todos los temas de su primer disco, lanzado en 1990. Saben que su momento fue ese y hacen publicidad de su nuevo y más que decente trabajo, Homewreckers & Heartbreakers, pero sin atreverse a entrar de lleno en sus cortes.

Bajo ese look de pirata divertido hay un cantante con mucho que decir. Debajo de esos chalecos negros hay cinco músicos impecables. Las guitarras de Quireboys se entrelazan con una fingida sencillez, alternando solos y riffs. La base rítmica no se complica la vida, ahí su grandeza. Y el piano, el piano ha estado bebiendo, que decía Tom Waits. Y si empezaron con fuerza, fueron a más.

En las primeras filas se desata la locura. Al fondo no se deja de bailar. “There She Goes” deja los primeros coros, “Whipping Boy” se retuerce, “Mona Lisa Smiled” se enquista, “Hey You” crece con los coros de la sala y cierran con la hora de la fiesta. “7 0’clock”. Time for a party, afirman. Pasaba de la media noche y seguía siendo hora de fiesta. Por supuesto hubo bises mientras el zapateo de los pies atronaba sobre la tarima de madera de la Fábrica. “I Don’t Love You” es la calma antes de la tormenta. Otra fiesta, esta vez una “Sex Party”. Todos estamos invitados. Y con esa invitación se retiran. El puesto de camisetas y discos se llena de gente. No, no son los Guns’n’Roses, no son los Faces, son los Quireboys y un día pudieron ser estrellas. Ahora son una banda de rock honesta con ganas de fiesta.
hombre .despreciar de esa manera a los guns n roses me parece una falta de respeto ya k a mi y a muchisima jente nos enamoran las dos bandas cada una en su estilo a mi personal mente x kien conoci este tipode musica fue con bon jovi los guns n roses yak me insultaro mucho x ir con sus suetes en fin tanbien kiero decir k los quire boys son lo mejor del rock n roll de estos tiempos me encanta su voz rota y su sensualida k tiene al cantar los conoci en el primer disco y los e segido desde entonces, bueno un saludo y hasta otra
No entiendo la mitad de lo que escribes en tu comentario. Te agradecería que te ciñeses a la gramática y ortografía castellana y/o gallega de modo que todos pudiésemos disfrutar tu opinión.
En todo caso, pese a no haber estado en el concierto, mi opinión sobre los Quireboys coincide bastante con la que Watts menciona en su crítica.
Tú lo que pasa es que no tienes sensualida.
¡Ten paciencia! El comentario tarda un ratito en publicarse. Gracias.