Texto: David Watts.
Fotos: Polaris.
La Iguana (Vigo)
24 de Febrero de 2007.
Esta es una velada de música pop y gafas de pasta. Espero que hayáis traído la Rock Deluxe debajo del brazo.
Así bromeaba Javier Ruano de Sugar Mountain sobre la doble ración de rock del día 24 de febrero en La Iguana. Juntos uno de los mejores combos de rock’n’roll del estado y uno de los mejores (o, al menos, de los más divertidos) del mundo: Sugar Mountain y The Yayhoos.
Los pontevedreses abrieron el concierto con una potente Not Your Business y centraron su repertorio en el reciente In The Raw con algún guiño a su anterior cd. Cada vez suenan mejor y más compactos. Un poco apagados al inicio, se fueron creciendo conforme eran conscientes del recibimiento del público que, poco a poco, fue llenando la sala. Sobresaliente hasta el cierre con un apoteósico You Wreck Me de Tom Petty. Y es que es el momento de que pongan toda la carne en el asador: pueden llegar a ser grandes.
Después de este inicio, sus padrinos (como ellos mismos los llamaron) The Yayhoos. Precisamente, ese mismo día, había tenido la eterna discusión acerca de madurar, la edad y como se deja atrás cosas como las ganas de fiesta y el r’n’r. Nada mejor que una actuación de estos cuarentones para desechar ciertas ideas. Una fiesta desde la inicial Oh! Chicago hasta la última gota de energía de Dancing Queen. Con pinta de lunáticos y comportamiento adolescente, arrasaron La Iguana. Dan Baird, pletórico, dirigía la orquesta desde un lateral, con un Terry Anderson desinhibido (a base de rioja) y cómico a la batería y Keith Christopher luciendo sombrero de cowboy imperturbable (incluso a las patadas en el trasero que Baird le propinaba) en el centro. La otra esquina reservada a Eric “Roscoe” Ambel, más serio y con un gripazo de escándalo. Precisamente esa afonía nos impidió de disfrutar de Monkey With A Gun (el mejor tema del grupo) y la preciosa Between You And Me, pero no de su sapiencia guitarrística. Sorprendentemente no eché de menos esos temas, porque sonaron prácticamente todos los demás. Del rock más contundente y coreado de What Are We Waiting For al funky de Love Train (con todos los instrumentos cambiados), de For Crying Out Loud a Never Give And Inch… y podríamos seguir así hasta completar dos horas de concierto. Hasta Roscoe se animó con la cachonda I Love You Baby con resultados vocales discretos. Y también hicieron la versión de B52’s Roam. Y muchas más.

Al final, olor a sudor y la alegría de disfrutar de una buena sesión de rock’n’roll clásico, honesto y, sobre todo, divertido. Hay quien prefiere que se innove en terrenos baldíos, a mí, mientras esta fórmula funcione, no me importa que existan cientos de Yayhoos. Por desgracia, no puede ser así.