
Texto: David Watts
Fotos: Silvia Manzano.
Sala Sol, Madrid
1 de Diciembre de 2007
Los ventiladores de la Sala Sol tuvieron mucho trabajo el primer día del mes de Diciembre. Disipar el humo, sudor, olores y muchas más cosas etéreas e indescriptibles que produjo el lleno absoluto que registró la visita de los dos galanes de San Francisco a la capital. Unos Two Gallants que salieron a matar, con toda la carne en el asador, con un tema antiguo y una agresividad palpable. Two Days Short Tomorrow y, sin descanso, ya con sudor en sus rostros, su último single Despite What You’ve Been Told que arrancó los primeros coros del público. Público de sábado noche, con sobredosis de motivación, que continuó los cánticos siempre que los temas lo permitieron, como en Long Summer Day. Seems Like Home To Me generó incluso arrebatos violentos en las primeras filas mientras, sin parar de tocar, Adam Stephens pedía en castellano “cálmate, por favor”. No paraba de tocar porque comenzaban a sonar los primeros acordes de su cuasi-himno Steady Rollin’.
Las canciones de estos chicos ya están muy dentro de mucha gente. Solo hacía falta un estímulo para que estas salieran afuera. Los aplausos duraban lo suficiente para que ellos iniciasen otro tema. Realmente, con los ojos cerrados, parece que encima del escenario haya una banda completa tocando como un trueno. En medio del caos, consiguieron que se hiciera un silencio sepulcral mientras Tyson Vogel, con aspecto de vagabundo, abandonaba esa anfetamínica batería, de la que surgen percusiones increíbles y saltan trozos de madera y gotas de sudor, para acompañar a su compañero a la acústica en la preciosa Fly Low Carrion Crow. Un silencio que solo rompió un camarero al que le pareció buen momento para meter todos los vasos en el friega platos. Mirada asesina de Adam que no obtuvo su efecto.
Otra vez de vuelta a sus lugares arrancaron la recta final. Parece increíble que con una propuesta tan singular y casi hermética obtengan una respuesta tan sincera y exaltada. Todo el mundo acepta esos temas instrumentales intermedios como un merecido descanso a la voz y el alma del cantante. Incluso se regocijan en esas canciones desconocidas sin ningún complejo. En medio de ellas surge The Deader con su aire cabaretero. Threnody supuso el primer paso hacia la catarsis colectiva. Ese tema largo y retorcido nos arrastró durante sus nueve largos minutos a otro lugar, lejos de aquella sala llena de humo, cada uno en su mundo y todos juntos coreando el apoteósico final. Las Cruces Jail desató el furor, incluso en forma de pogo en las primeras filas, solo dando descanso para entonar a gritos “Goodnight my Andalucia…”. Se fueron y el aplauso continuó. Siete, ocho minutos… y Adam sonrió al volver. Dijo que había sido una gran audiencia (aunque no solían decir eso) y comenzó un tema corto y directo que dio paso sin descanso al arpegio de Nothing To You, cerrando el círculo, retornando a su pasado más distante, hace tres prolíficos años. Volvieron los coros y volvió la emoción. Los responsables de la Sala Sol no dieron pie a un segundo bis y, temiéndose otra ronda de aplausos sin fin, encendieron las luces inmediatamente y empezó a sonar música de ambiente. Se acabó. No había tiempo para más, aunque ganas sobraban.
Ahora mismo son la propuesta más singular del maltratado mercado musical. Sin recurrir a trucos, ni arreglos para tapar sus vergüenzas y defectos. Solo canciones crudas y sinceras que en directo ganan en contundencia. Más incluso en sala pequeña que en un festival al aire libre. Eso son Two Gallants, esto es lo que ofrecen. Después de dos horas, los ventiladores seguían funcionando…