La aldea de Vilar de Mouros, en Caminha (Portugal), se ponía de gala otro año más para recibir en su última jornada a Bob Dylan, Macy Gray y PJ Harvey, entre otros....
21 de Julio de 2004



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La aldea de Vilar de Mouros, en Caminha (Portugal), se ponía de gala otro año más para recibir en su última jornada a Bob Dylan, Macy Gray y PJ Harvey, entre otros.





Nuestra llegada fuera de hora a este lugar perdido en medio de ninguna parte no fue tal tras darnos cuenta de que en Portugal sigue siendo una hora menos aunque yo esté allí. Por lo tanto, y tras aparcar en un ¿parking? sabe dios dónde, nos dirigimos con calma hacia el recinto del festival. A medida que nos acercábamos el ambiente festivalero lo impregnaba todo y lo primero que llamó mi atención nada más acercarme a la puerta del polvoriento – ya sé porque le llaman el Woodstock portugués - recinto al lado del río Coura fue que el escenario pequeño estaba fuera y era gratis (que tomen nota otros festivales si de verdad su intención es dar a conocer a nuevas bandas).

Una vez dentro no pude evitar empezar a comparar a la organización de Vilar de Mouros con lo que había organizado el Xacobeo días atrás. Aparte de las degustaciones promocionales de diversos productos (llamémosles patatas Patutiano, condones Filarmony y caramelos Sprint), los numerosos puestos de comidas y bebidas a precios asequibles, así como los más que suficientes baños, no hacían necesario que desembolsaras los 3,50 € del medio sándwich santiagués.

Con un ambiente familiar – matrimonios con hijos, los abuelos con el bastón, la señora con la silla de camping, etc - y poquita gente aún comenzó puntualmente la actuación de la británica – pero con corazón americano - Polly Paulusma. Presentando con una formación de trío su disco “Scissors in my pocket” (One Little Indian, 2004) y recordando a grandes mujeres del folk y rock añejo, esta chica destiló buen gusto sobre todo en la interpretación y dejó buen sabor de boca con su dulzura y su encanto. Lástima que mi corazoncito ya estuviera ganado de antemano por la otra Polly de la noche...

Tras esta chica apareció por allí Gary Jules. Con su electroacústica y el acompañamiento de un bateria-guitarrista interpretó durante media hora una suerte de country-folk que sonó agradable, pero que pudo llegar a empachar de haber durado algo más. Como curiosidad, una versión de Bowie que seguro que en el Xacobeo le agradecieron más que aquí.

Y después llegó el momento más esperado de la noche (por mi). Sólo de pensar en lo cerquita que la iba a ver (en ningún momento hubo apretones ni problemas para conseguir una buena ubicación para ver los conciertos) ya hacía que me subieran las pulsaciones. Se apaga la música, luces fuera y...allí está ella. Preciosa como siempre, vestido rojo con sendas portadas de su último disco “uh, huh, her” en la espalda y, ejem, culo, botas de tacón también rojas y un colgante con dos grandes letras: P.J. Empieza pequeña, parece que tímida, pero su figura se va haciendo cada vez más grande a medida que transcurre su show hasta abarcarlo todo, merendarse el escenario y todo lo que se le ponga por delante. Es LA frontwoman definitiva que hizo que los niveles de hormonas del público masculino se disparasen hasta niveles insospechados.
En lo musical P.J. Harvey estuvo impecable. Ni ella ni su banda – batería, bajo, guitarra - defraudó lo más mínimo durante la hora y media que la tuve delante. Su sonido era rudo pero a la vez magnético y su voz no deja de estar en plena forma. Desde los primeros acordes de “the life and death of Mr. Badmouth” no pude dejar de mirarla. Y así, ella y yo, a solas pero con más gente, tuvimos nuestros momentos, entre los que destacaría la agresividad de “who the fuck?”, la intensidad de “meet ze monsta”, el ambiente más pop de "bed fortune" o la complicidad de “the dancer” (esta vez ella, su guitarra acústica...y yo, claro).
La insistencia del público no fue suficiente para que volviera a salir a escena otra vez, lo que originó una sonora pitada hacia los férreos horarios impuestos por la organización (total, a Dylan le sobraría tiempo). Polly Jean, algún día serás mía y lo sabes...

Tras la reina del rock era el turno de uno de los “Fragas” del rock (vamos, que su vocación es tan grande que no lo dejan ni a tiros). Si, no era otro que el grande entre los grandes, Bob Dylan. Con el recinto esta vez si hasta los topes de un público de lo más variopinto, Bobbie a los teclados y una banda que quitaba el hipo de lo bien que sonaba, hizo un recorrido por el rock y rithm and blues americano, sin grandes alardes ni grandes hits hasta los bises. Vinieron a hacer su trabajo y cumplieron, aunque todos aquellos que fueron a verlo a él y a escuchar sus temas más conocidos igual no piensan lo mismo. Ya digo, yo hasta los bises con “all along the watchtower” y “like a rolling stone” no conocí ninguna canción (que conste que tampoco soy ningún dylanófilo). Por cierto, la (supongo) exigencia del astro americano de no salir en las pantallas del escenario hizo que los que estábamos un poco lejos no supiéramos realmente si el que estaba allí era realmente él o Leonardo Dantés.

Mucha gente desertó tras la actuación de Bob Dylan y no saben el error que cometieron, pero aquí estoy yo para contarlo. Cuando ya nadie esperaba nada de la noche aparece Macy Gray con su trouppe de músicos, coristas-bailarinas y el funky y el soul por bandera, y, de repente nos vimos dando palmas y moviendo las manitas de un lado a otro sin encontrar más explicación que sus contagiosos ritmos. La “sexy diva” – con unas copas de más - puso patas arriba Vilar de Mouros, todo el mundo a bailar y cantar. Con un sonido impecable fue un torbellino que nos hizo olvidar por un momento que el 99% de los que allí estábamos no habíamos ido a verla a ella. ¡sexual revolutiooon!

Después de todo lo vivido en Vilar de Mouros y tras bastante tiempo vagando perdidos por el monte sin luz ni señal alguna (única pega a la organización, junto con la cutre iluminación que hizo que la cara de P.J. Harvey quedara en la sombra) buscando mi coche, volví a casa con un solo convencimiento: volver el año que viene.

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