Barcelona
Octubre de 2006
Textos: Carlos G. Cano.
Fotos: Carlos G. Cano.
... y al décimo mes, Sinnamon empapeló Barcelona con carteles que anunciaban la quinta edición del Wintercase, su festival itinerante y otoñal, que llegaba por primera vez tras los pasos de su alter ego Summercase, y en el que ya habían tocado varios de los grupos del cartel. Bandas nuevas, viejas glorias... La filosofía no ha cambiado. El éxito de público, con los abonos agotados bastante antes de que todo empezara, tampoco.
THE DIVINE COMEDY
El primer gran concierto de este Wintercase, a modo de tapita para abrir boca, se materializó en el cuerpo de Neil Hannon y sus siete acompañantes: The Divine Comedy. Porque antes habían tocado The Boyfriends pero, según se comentaba por ahí, no me había perdido nada.
Con la sala grande medio llena, 30% de treintañeros y 60% de casitreintas, los acordes de la flamante Mother Dear empezaron a calentar, todavía más, el ambiente de un Razz sin aire acondicionado. O sea que de “Winter” más bien poco. Sí se notó, en cambio, el inconfundible estilo del equipo de seguridad de Sinnamon, tan dispuesto a dialogar como de costumbre...
Elegantemente enfundado en un traje negro, Neil Hannon nos dijo “¡hola!” en castellano y luego, en inglés, que estaba contento de haber vuelto Barcelona (tras de la redonda actuación del Summercase, aunque esto él no lo dijo). La anécdota es que cuando encarriló el concierto, para no sudar seguramente, se deshizo de la chaqueta, lanzándola hacia atrás sin mirar, y le desmontó el atril a la violinista.
Pero el incidente de la americana apenas se notó. Algunas veces con la acústica al cuello, y otras solo frente al micro, Hannon sacó el crooner que lleva dentro y durante algo menos de hora y media, fue alternando clásicos con temas del Victory for the Comic Muse, como To die a virgin y Diva Lady, pruebas irrefutables de que está en forma.
La penúltima, Our Mutual Friend, le dio impulso suficiente para despedirse desde muy alto con Tonight We Fly. Pero, por supuesto, Hannon no tardó en volver al escenario para complacernos con dos bises, acercándose a la primera fila para que el público cantara National Express.
ED HARCOURT

Aunque el currículum de The Veils, los encargados de inaugurar este Wintercase, tenía muy buena pinta, la noche electoral de Mas vs. Montilla me impidió llegar a tiempo. Total, que apurada la cerveza de rigor ante la puerta del local, entré directamente a por Ed Harcourt, esta vez en la sala más pequeña, el Razz 3, más vacía de lo que cabía esperar.
El inglés subió sólo al escenario, sorprendiéndonos con un inusual dominio del pedal de loops, grabándose a sí mismo con las maracas, tres guitarras, un xilofón, un tambor, una pandereta... Muy parecido a lo que habíamos visto, pocos días antes, en el concierto de Final Fantasy.
Aunque empezó galán, vestido elegantemente y rebosando sensibilidad en cada pieza, sus colegas, infiltrados entre el público, consiguieron despertar al Ed Harcourt versión hooligan. En ocasiones parecía que estuviera tocando para ellos, parándose en medio de una canción para afinar la guitarra... Y acabó borracho, cómo no, interpretando desde el suelo Until tomorrow then.
Pero antes de eso, con el escenario convertido en una especie de habitación desordenada en la que se encontraba muy a gusto, los acordes de Born in the 70s, Blessed o Something to live, consiguieron embrujar a todos los presentes. Ventajas del aforo reducido...
Al final del concierto, después de tres bises, volví a la calle pensando en Ruffus Wainright y preguntándome si de veras está tan loco como, por ejemplo, Micah P. Hinson.
THE SPINTO BAND + MAXÏMO PARK

Los horarios del Wintercase condenaron a gran parte del público a ver conciertos empezados y a tener que dejar otros a medias, como si se tratara de un macro festival corriente. Una auténtica lástima que, tal vez, los organizadores deberían tener en cuenta para otros años.
Esto mismo me sucedió con The Spito Band, uno de los grupos que descarté en el Summercase y que, mil escuchas de Oh Mandy después, deseaba ver más que cualquier otro. Y llegué tarde pero el temazo, dedicado a una mandolina, lo bailé a gusto. Ya te digo.
¡Qué bonito es ver a un grupo de adolescentes tocando punk-rock... y qué difícil fue conseguir una foto en la que no salieran movidos! Arqueando el tronco frenéticamente, de un lado para el otro. Compartiendo micros, porque son muchos, y dejando un extraño regusto a Pulp.
A Maxïmo Park, en cambio, los ví en el Forum este verano y me decepcionaron profundamente, así que a priori no me importaba demasiado tener largarme en el cuarto tema. Pero su comienzo “espintoso”, sin perder los papeles como aquella vez, me causó mejor impresión.

El líder de la banda, Paul Smith, trajeado de blanco y con sombrero a juego, se divertía con el micro en plan Charlotte y su bastón. Además es justo reconocer que su histriónica ostentación de liderazgo no afectó al sonido de Girls who play guitars, muy contundente, o Graffiti, uno de los hits, que todo el público coreó manos en alto (y aquí me lanzo...), como si estuvieran sosteniendo un bote de pintura. ¡Apply some pressure debió sonar sublime!
VIOLENT FEMMES + ARAB STRAP

Otro de los conciertos que nadie debía perderse era el de Arab Strap, entre otras cosas porque Aidan Moffat y Malcolm Middleton habían anunciado su disolución como banda, así que estábamos ante uno de sus últimos conciertos. Y sí, había más gente que con Maxïmo Park, pero la despedida electro-rock fue bastante fría. Se echó de menos un poco de efusividad...
Menos mal que Violent Femmes salieron de amarillo y naranja para alegrar un poco la fiesta. Con las dos primeras, Prove my love y Blister in the sun, se ganaron la sala de cabo a rabo. El ambiente se colmó de buen rollo y no se sabe si estaban disfrutando más ellos o el público.
Con el cantante Gordon Gano feliz y contento, sin acaparar protagonismo, el grandullón de Brian Ritchie empezó a marcarse alucinantes solos con el bajo, y Víctor Lorenzo, de pie, a entusiasmar al personal gracias a su vehemencia ante las percusiones.
Pero los Violent Femmes no fueron sólo tres. En la cuarta canción el escenario sostenía una banda country-rock de nueve músicos, con banjo, rascador, etc. que a ratos recordaba a la familia Adams, y a ratos a una tribu de no-sé-dónde... Una fiesta, vamos.
Pero tuve un presentimiento... que resultó estar justificado. En medio del concierto, un segurata se llevó a un tío de la primera fila que, aparentemente, no había hecho nada. No tardé mucho en saciar mi curiosidad, porque un suspiro después de que el tipo en cuestión me diera un codazo para volver a su sitio, el segurata me pidió que le acompañara.
“No se pueden hacer fotos. Tendrás que dejar la cámara en el guardarropa”. Al parecer era por petición del grupo y el segurata, ante mi cara de indignación, entendió que era “una chorrada”, pero me tuve que ir de todas formas. ¿Tanto costaba avisar en la puerta?
Regresé enseguida pero iba a ser complicado reconciliarse con la magia. El rollo sesentero dominó hasta el final del concierto, con temas como Kiss Off (y su correspondiente repaso de los números), o Add It Up, ya en el bis. Los Violent consiguieron una gran ovación... ¡Ojalá vuelvan!
THE MAGIC NUMBERS

Llego al Razz bastante tarde, con media cena en la mano y otra media en el pescuezo, y me cruzo en la puerta con Peter, Bjorn and John, que acaban de salir a la calle y responden, con cara de “qué coño está pasando”, a las preguntas de unas fans. Los Goodbooks, por cierto, a esas horas puede que ya estuvieran acostados...
Al entrar me sorprende la cantidad de greñas que, junto al público habitual, casi llenan la sala grande del Razz. Últimamente la gente luce looks más indies y no fuma tantos porros, ni habla con tanta pachorra durante las canciones (aunque sea el tercer concierto de la noche). Pero parece ser que el poder de convocatoria de Magic Numbers es especial.
Tras una primera parte muy popular, triunfando sobre todo con Forever Lost, pasaron al turno de las canciones lentas. Pero, por suerte, al final el concierto volvió a animarse, el público lo notó y los Magic correspondieron con unos cuantos minutos de folk-pop inolvidables. Cerraron con Love like you, y volvieron a aparecer pletóricos con una muy coreada Morning eleven, Wheels on fire, y el ramalazo country-rock setentero de The Bears.
SURFIN' BICHOS
La úlima jornada del Wintercase 2006 prometía, con The Brakes y Surfin’ Bichos, pero una vez más tuve que conformarme con el postre, y llegué al Razz 2 cuando el “pop bastardo” de los manchegos se ponía Efervescente.
La sala estaba medio llena pero el ambiente era solemne. No en vano, el grupo al que todos atendían era uno de los precursores del indie en español. Y así, entre agudos solos de guitarra y frases bíblicas cantadas en el castellano señorial de Fernando Alfaro, fueron cayendo Aráñame con cariño, Malaventuranzas, El Crujido del cangrejo...
Lo mejor llegó al final, por eso. Con cinco bises, a lo largo de los cuales la sintonía banda-público fue in crecendo, los Surfin’ Bichos dejaron el listón del Wintercase muy alto: Gente Abollada, Mi hermano Carnal, y sobre todo Fuerte, las coreó y bailó toda la sala. Los de diecimuchos y los de treintaitantos. Misión cumplida.
El cigarrito de después...
Raquel se ha traído a Mónica y a Esther a ver a sus admirados Surfin’ Bichos. Reconoce que el concierto ha estado muy bien y sus amigas están de acuerdo, pero asegura que “si lo hubieran hecho fatal, le habría encantado igual”. Al principio le da vergüenza hablar, como si desConcierto fuera Antena 3, vamos, pero poco a poco se va soltando...
Compruebo que, efectivamente, lo de tener que conformarse con medio festival no me ha pasado sólo a mí: “a Maxïmo Park no los vi y a The Divine Comedy, que son un poco aburridos, llegué tarde”. Pero en general, lo que ha visto le ha gustado, sobre todo Ed Harcourt y The Spinto Band, que “son como un grupillo de adolescentes con dos tripis y una guitarra”.
Jaume sólo ha venido al concierto de los Surfin’ Bichos, así que no puede opinar sobre el resto del festival. Como Mónica, Lluís, Josep y Diana, que ya los vieron en el Primavera y comentan que “allí se oían mejor”. En todo caso, “el mejor momento del concierto” siempre es Fuerte.
Con Miguel, Emilio y Sergio sí intercambio impresiones del resto de días, pero al preguntarles por Goodbooks me responden, con cierto cachondeo, que “me va a costar mucho encontrar uno” (que los haya visto). Miguel se queja de que los conciertos empezaban demasiado pronto y al preguntarle por los mejores, se queda con The Magic Numbers y The Divine Comedy.
A Emilio le han gustado Violent Femmes pero Peter, Bjorn and John le han decepcionado... Y Sergio coincide con Miguel, en cuanto a The Magic Numbers, pero dice, no sé si por llevar la contraria, que “Peter, Bjorn and John tocaron bastante bien”. Ante un público tan dispar, el dj del aftershow prefirió aplicar lo del “café para todos”...
Carlos G. Cano