Tras cinco discos y un sinfín de momentos inolvidables, Antònia Font cumplen diez años en activo y han decidido celebrarlo regalándose un viaje a Bratislava y resumiendo su intachable carrera en un doble cd y un dvd grabados con la colaboración de la Orquesta Sinfónica de la citada ciudad eslovaca, en el que se recogen un total de veinte temas de la banda mallorquina, así como un documental acerca de la grabación del disco y los videoclips que han grabado durante su carrera. No se trata de un recopilatorio al uso. Tampoco es un disco “con orquesta” ordinario. Como bien afirma el propio Joan Miquel Oliver, no querían el típico disco con cuatro violines sonando de fondo; ellos querían algo más, querían autoversionar sus canciones.
La relectura de los temas de la banda mallorquina es sorprendente; si bien no hay cambios estructurales de importancia y siendo los arreglos de Miquel Àngel Aguiló unas veces más acertados y otras menos, en ocasiones muy sencillos y en otras enrevesadamente barrocos, en ningún momento éstos dejan de ser imaginativos. Coser i Cantar aporta nuevos aires para unos temas brillantes, que tienen realmente poco que mejorar, y un más que interesante punto de vista desde donde observar el discurrir de unas aventuras surrealistas que han convertido a Antònia Font en grupo fundamental para comprender el pop español de la última década.
La escucha discurre sin sobresaltos, sin grandes sorpresas, mientras uno disfruta de esas historias que ya ha escuchado cientos de veces. Todo normal hasta que llegamos al sexto corte del segundo disco. Se trata de “Portaavións”, uno de los delirios espaciales de su obra maestra Taxi (Discmedi, 04), a la que la revisión eleva a una categoría superior. Toneladas de emoción contenidas en dos minutos. Brutal. A su lado la épica ambiental con la que impregnan “Armando Rampas” y la tensión que emana de “Tots el motors” son juegos de niños. Siendo curiosamente la citada “Portaavións” la única canción en la que no ha participado la Orquesta Sinfónica (fue grabada por un cuarteto de cuerda autóctono) podemos imaginar que lo de Bratislava no parecía del todo fundamental ¿Es necesario irse tan lejos para encontrar una buena orquesta?. Dejémoslo en que ya era hora de que los chicos se dieran un capricho y de paso unas merecidas vacaciones.
El tirón de orejas, aunque mínimo, se lo lleva esta vez una edición en digipack bastante feúcha y, sobre todo, la selección del tracklist, pues echo de menos temás ya míticos de sus principios – ¿Dónde está “Viure sensa tú”, ¡por dios!? – y me sobran algunos del notable aunque irregular Batiskafo Katiukas (Discmedi, 06); supongo que la actualidad manda.
Por mi parte solamente me queda agradecerles todo lo que nos han aportado y desearles que sigan en tan buena forma, soñando despiertos y perdiendo la cabeza en nuestro beneficio, al menos durante otros diez años más.
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