Hay quien escucha veinte o treinta veces un disco hasta que comienza a cogerle gustillo y me figuro que está relacionado, bien con el gasto que supone hacerte con una copia o bien con lo mucho que te guste ese grupo (o a tu pareja, que de todo hay en este mundo). Pero tras esas escuchas puede ocurrir como con el mal sabor de boca crónico: el que lo tiene termina no percatándose porque sus papilas gustativas se han acostumbrado a él. Musicalmente puede pasar lo mismo. Las primeras escuchas (entre cinco y diez) de "Neon Bible" lo más probable es que no enganchen con la misma fuerza que lo hizo "Funeral", que valió a Arcade Fire para convertirse en iconos indies, estar en boca gafapastas e infieles y girar por todo el mundo con sus cacharros a cuestas.
Los canadienses se plantearon la secuela con tal ambición que dieron el salto al mercado inmobiliario adquiriendo una iglesia en Quebec, aparentemente el lugar perfecto para el oscuro alegato que se levanta sobre su rimbombante música, y que finalmente ha resultado ser una elección no anecdótica. Resulta que los de Win Butler debieron encontrarse conque alguien se había olvidado un órgano y previa limpieza de las telarañas comenzaron a darle uso como queda patente en dos canciones: "Intervention" y "My Body is a Cage". La primera surge mastodóntica en el cuarto corte del álbum, contrastando brutalmente con el recogimiento que nos había producido la corta oración que lo titula y que extrañamente es una de esas pocas canciones "tranquilas" que Arcade Fire no aprovechan en su minuto final para agitar cual coctelera y convertirla en memorable. Es como el "levantemos el corazón" que escuchan los jóvenes fieles en catequesis, imagino que a modo de burla. "My Body is a Cage", que cierra el disco, me obligó a preguntarme si realmente era necesario convertirla en un himno litúrgico, tan ampuloso como denso, tan lúgubre como exagerado. Y no se crean que éstas son las únicas referencias religiosas, también ofrecen "Antichrist Television Blues" que dibuja en mi perturbada mente la imagen de un Elvis con sotana que entona un r'n'r sobre aviones que se estrellan de dos en dos y que asevera irónicamente: "Oh Dios, soy un buen cristiano". Damos gracias a Dios, pero porque no se les ha ocurrido estropearla de nuevo con un órgano.
Cabe destacar el momento curioso que ofrece "Keep the Car Running", que a mí me recuerda a aquellas canciones de rock suave americano que sonaban en los 80 en la radio; Bruce Springsteen, me sugiere una voz por detrás. Desconozco si la comparación agradaría a un Butler que apenas cede el mando de las voces salvo en la extraña "Black Waves/Bad Vibrations", otro de los momentos curiosos que, como bien indica el título, sigue la máxima de "lleve dos y pague una". La primera primera parte la protagoniza Regine Chassagne que canta felizmente que "podemos alcanzar el mar, no me seguirán, las sombras temen al sol, lo lograremos si corremos!" hasta que aparece un aguafiestas, melodramático y pesimista Butler. Quizá a la trigésima escucha me guste. Para momentos dramáticos es preferible una balada cálida como "Oceans of Noise" en la que la exageración no aplasta a ese impostado y gracioso (no habrá que tomárselo en serio ¿verdad?) tono trágico que ahora vibra arropado por el espíritu de Calexico en forma de afortunada colaboración por parte de Martin Wenk y Jacob Valenezuela a las trompetas.
Olvidando "The well and the lighthouse" que parece compuesta por o para Interpol y "Windowsill" con la inevitable (¿en serio lo es?) referencia a la MTV, el punto álgido es "No Cars Go", convertida desde que la tocan en directo en una de sus canciones con más gancho. Lo paradójico es que es más vieja que Matusalén y ya estaba incluída en un Ep previo a "Funeral". Ahora la han regrabado y convertido en un hit sin paliativos que será lo único que me motive para volver a agarrar "Neon Bible" en el futuro.