
Texto: JJ Mellado de Bunker Sónico
Todo lo que yo escriba sobre este hombre es poco. No solo por ser una de las figuras más relevantes de la historia del blues. Tampoco por seguir en la brecha después de tantas décadas. Ni siquiera por poseer unas de las manos más prodigiosas que hayan cogido jamás una guitarra. Todo se queda corto cuando escuchas un disco como este. Porque independientemente de todos los topicazos que se puedan decir sobre B.B. King (ninguno es exagerado) a día de hoy solo hay una verdad absoluta...One Kind Favor.
Y es que precisamente no nos encontramos ante una persona acomodada que se dedica a vivir de las rentas o de lamentables colaboraciones edulcoradas (que las ha habido, pero bastante más acertadas que en otros casos como el onanista de Santana) sino que es capaz de trabajar duro y editar un disco que, si el blues siguiera tan en boca de todos como hace varias décadas, lo consideraríamos uno de los mejores discos del extinto 2008. Y esto dicho así parece sencillo pero, cuando el que acabamos de pasar ha sido quizás el año más fructífero a nivel creativo de la década, no es ni mucho menos poca cosa. Sin duda esto es una consideración personal, qué le vamos a hacer. Aunque estoy seguro de que si os poneis los cascos y escuchais unas cuantas veces con detenimiento el último trabajo de este gigante de la música contemporanea, muchos de vosotros no pondréis en duda que B.B. King ha tratado con un mimo exagerado su nueva criatura.
Quizás el mayor acierto ha sido el despojarse de halagos y reconocimientos y dedicarse en cuerpo y alma a rendir tributo a gran parte de la historia del blues. Aunque no con una mirada por encima, superficial, sino buceando en el sustrato de cada estilo. Desde el sonido New Orleans hasta el Jazz Blues pero todo esto rodeado de un sedoso manto de profundo amor al sonido que se hacía en los años 50, predominando la visceralidad del directo y dándole prioridad a cada nota de cada instrumento por encima de conceptos o cualquier tipo de sofisticación en el sonido. Nada de eso. Aquí todo suena como debe de sonar y si uno cierra los ojos no le costará imaginarse a Blues Boy King, en su habitación, sentado en la cama, sonriendo y tocando esa prolongación de sus dedos que es Lucille, su guitarra.
Una voz madura y emocional (o emocionante) acompañada de gente como Jim Keltner, Natahn East y el mítico Dr. John en el piano además de la soberbia producción de un tal T Bone Burnett a quien no conocía pero que pienso investigar después de esta experiencia. En definitiva, el disco que refirmará tu amor por B.B. o que te reconciliará con su discografía. Porque editar uno de los álbumes más sobresalientes de su carrera con 83 años recién cumplidos no es moco de pavo. Y es que la actividad de este hombre, lejos de aminorarse con la edad, parece que ha aumentado exponencialmente. Al disco en directo que editó pocos meses antes de este álbum hay que sumar los más de 200 conciertos anuales que realiza, así como presentar semanalmente un programa en la radio. También acaba de inaugurar su particular museo del blues bautizado como B.B. King Museum and Delta Interpretive Center.
Llegará un día en que ya no tendremos la oportunidad de saborear algo recién moldeado y horneado de él y todos diremos que cualquier tiempo pasado del blues fue mejor cuando estaba B.B. King. Pero ahora es el momento de darse cuenta de que gran parte de la culpa de que la llama del blues siga viva en el siglo XXI es gracias a este gigante de la música y en definitiva de las emociones.
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