Texto: Sergio Méndez
La portada muestra a una joven leyendo sobre una vieja cama de hierros como las que podían encontrarse en casa de nuestros abuelos hace unos años todavía. Parece haberse despertado en medio de la noche, quizá por un mal sueño, y ahora porta en sus manos algo que no acierto a concretar; puede que sea un libro, o puede que un álbum de fotos, pero seguramente tenga un significado emocional para ella.
Resulta tan inquietante como la voz protagonista de Beatriz Rico, que evoca a una Beth Gibbons (Portishead) al borde de una depresión digna de Alan Sparhawk (Low), que ha caído en brazos del folk y cuyas palabras no escapan del tono gris del desengaño mezclado con la melancolía. Más abajo y subiendo desde el fondo hasta lo alto del precipicio llegan ecos de desnudas guitarras cuya calidez no alcanza apenas la superficie, notas de piano que flotan como irreales burbujas de jabón o la traicionera viola y el sutil theremin, que tejen un engañoso colchón sobre el que apetece lanzarse inconscientemente.
Dei Suoni son una nueva rareza del indie español como antes lo fueron bandas como Limousine o Salieri. Los valencianos se desmarcan del pop "a secas" para lanzarse con un debut arriesgado, colmado por el detallismo y el perfeccionismo que se refleja en canciones como "Alex has got a white dress", "Telex for shades" o "Leaflets falling from planes"; y como ninguna resalta excesivamente, se mantiene la percepción de un disco homogéneo, misterioso y en el que el conjunto es lo valioso. Para su desgracia, todos los ingredientes que aglutina "A Path Where No One Thought", cocidos lentamente y con esmero, son una garantía de permanencia en el anonimato, pero eso seguro que ya lo sabían.