Son ya cuatro los relicarios consagrados al desasosiego que ha producido el inquietante Nick Talbot. A veces resulta difícil ser consciente de las espantosas lineas que brotan de su aterciopelada voz. Recuerdo perfectamente el asco que me produjo leer en la letra de "Animals" ("Fires in Distant Buildings", Warp, 2005): "they descend upon the city like flies, spraying their eggs into a dead dog's eyes" (descienden sobre la ciudad como moscas, pulverizando sus huevos en los ojos de un perro muerto). Autobiográficas o no, las introspectivas letras de Gravenhurst tienden a proyectarnos la realidad que se refleja en los ojos de alguien que observa con masoquista atención cómo el mundo y las personas que lo habitan se retuercen. A Talbot lo atraen los contrastes, los sentimientos encontrados ("to understand the killer I must become the killer"; para comprender al asesino debo convertirme en asesino, decía también en su anterior trabajo), ciudades y bosques. Ésto sólo es un reflejo del giro que musicalmente supuso "Fires in Distant Buildings"; sin abandonar el folk, el trío de Bristol se abrió a la electricidad de par en par y lejos de suponer algo testimonial, les ha permitido forzar todavía más dichos contrastes y aportar fuerza a los nuevos personajes de sus canciones.
"The Western Lands" confirma que esta evolución no era un simple experimento y que, sin ella, no hubiese sido posible el furioso shoegazing de "Hollow Men" o el sonido "western" del tema que le da título. Pero lo más meritorio para mí es que, aún con esta evolución, Gravenhurst han mantenido la aureola de misterio que envuelve a sus discos, que hace que la poesía que escribe Talbot tenga el envoltorio adecuado, que la desesperanzada emoción de las líneas de "Trust" se proyecte en una atmósfera de pulcra melancolía. Le interesa el mundo actual y conceptos como el de justicia parecen obsesionarlo. Se fija en personajes extremos, aquellos que serían capaces de hacer lo que fuese por un momento de fama, o los que un buen día se toman la justicia por su mano, los iluminados; intenta ponerse en el lugar de aquellos cuyos comportamientos desea comprender. Recurren al frágil folk que tan bien conocen para aludir a parajes solitarios, canciones entre los pinos y caminos que permitan escapar de las ciudades, las mismas de las que hablaba en "Fires in distant buildings" (hay ciudades enterradas bajo las ciudades, hay ciudades bajo el mar). Perdura su romanticismo agridulce que se deleita en amores atemporales. Y toman de nuevo prestada una canción; antes fueron los Kinks y Hüsker Dü, ahora son los Fairport Convention de "Liege & Lief" ("Farewell, Farewell").
Con cada escucha, en el cuadro que pinta "The Western Lands" van apareciendo nuevas y monstruosas nubes y sombras que se comen los colores hasta dejar el mundo teñido de blanco y negro.