Birdman, 2008
Sólo un instrumental breve con un saxofón de menos de un minuto es lo que tardan Howlin’ Rain en poner toda la carne en el asador. Como si fuese la coda de una canción, ese momento donde la banda lo da todo y el cantante se deja la garganta sin reservar energías, ellos empiezan así. Hasta en el descanso que se toman con algunas baladas hacia el final de este corto disco, se dejan la piel.
Parece que lo que se interpretaba como un proyecto paralelo de Ethan Miller a sus excesivos Comets On Fire está empezando a ganar la partida al grupo original. Ese debut que llamó la atención del público deseoso de experiencias nuevas y de sonidos añejos tiene su continuación en este Magnificent Fiend. La cosa va en serio. Por si quedaba alguna duda, contratan a Rick Rubin para llevar a buen puerto este segundo asalto. Teniendo en cuenta que Rubin está considerado uno de los mejores productores del mundo y que no trabaja con cualquiera, parece que Miller y los suyos están dispuestos a apostar por este proyecto.
Rubin y Howlin’ Rain, han hecho de este Magnificent Fiend algo muy especial. Un disco exuberante que fluye de principio a fin sin que sea fácil separar un tema de los demás, donde “gruñentes guitarras Jaguar volubles” y “B3-Hammond aullantes con el volumen a tope” se entrelazan con acústicas acariciadas, pianos, trompetas, cuerdas y coros en una permanente montaña rusa en la que la velocidad varía pero no la intensidad. Por los oídos circula la psicodelia, southern, soul, blues, funk suave y aires hippies, sin dejar de sonar frescos, espontáneos y sin poner límites a una creatividad desaforada. Mientras las composiciones miran al pasado, una producción orgánica llena de matices mantiene un pie en el presente, hace de máquina del tiempo a los pantalones acampanados y las barbas descuidadas de sus músicos. Un disco con vocación de clásico, destinado a marcar pautas para el sonido que comienza a crecer mirando tres décadas más atrás.