Y van cinco. Cinco obras maestras como cinco soles. Y en este quinto trabajo de Jim White no baja el listón y continúa relatándonos las historias que se suceden por la América profunda y los estados del sur. Continúa reinventando la música de raíz americana en todo su esplendor - llámese folk, country, blues, bluegrass... - con una producción magistral. Y tal vez lo que diferencie a Jim White de otros artistas de propuestas similares a la suya sea eso: una producción brillante, que consigue un sonido muy atmosférico, envolvente, gótico y fantasmal. Los exquisitos arreglos siguen estando ahí y uno se pregunta de dónde diablos saca este artista melodías tan redondas, pegadizas y, sí, en ocasiones retorcidas.
Su voz susurrante se complementa a la perfección con unas armonías vocales que refuerzan el sentimiento de la canción. Incluso se atreve con un tema funky-soul, como es "Crash Into The Sun", sorprendente pieza en un álbum tan siniestro, y que nos hace bailar y mover las caderas como ninguna otra. Y es que en este álbum cabe casi de todo. Disco crepuscular, rural, siniestro e incluso onírico. Un disco perfecto e imposible de mejorar. Y por eso invito al oyente a sumergirse en la bruma pantanosa de unas canciones altamente adictivas - desde la primera escucha - y a que busque algún defecto o error musical, porque simplemente no los hay. Y es que Jim White, me temo, por calidad musical ya está entre los grandes, llámense Dylan, Young, Cohen...
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