Cuando descubrí que Kiev cuando nieva hunde sus raíces en la facultad de Bellas Artes de Cuenca, un escalofrió recorrió todo mi cuerpo. No, no me malinterpreten, no tengo nada en contra de Cuenca, nunca he estado. La idea de un grupo surgido en una facultad de Bellas Artes, provocó que mi subconsciente empezase a crear la imagen de un disco plagado de ruidos insoportables, letras cantadas a gritos y demás excentricidades. Grave error por mi parte y, ya que estamos, aprovecho la ocasión para pedir disculpas a todos los estudiantes de Bellas Artes del mundo por tal miserable prejuicio.
Los tres componentes de Kiev cuando nieva han logrado crear un conjunto de sencillas, que no simples, canciones pop. Dejarse guiar por ellas, es acabar perdido en lugares donde las luces de neón jamás brillarán más que el alumbrado público, el campo no queda muy lejos de la puerta de casa y las fiestas se llaman verbenas.
El tono realista de las letras hace que la más común de las acciones pueda llegar a causar dolor “fuiste a pasear a la zona industrial, en las fundiciones el ruido era atronador” (Ejes y Poleas), “vimos desde la ventana mojarse la pared y lo único que nos hizo reales fue la misma canción” (En Ningún Árbol). Nos guían hacia pequeñas tragedias campestres “juntamos leña junto a un chopo y me hice una herida que al volante sangró” (Ermita Sin Pájaros); recuerdos de los años vividos en la facultad “puedes leer la publicación mensual, voy a subscribirme antes de marchar” (El Cambio Horario), y preguntas que no se tendrían que formular “¿Cuántos árboles ardieron la pasada temporada?” (Guardabosques)
Las melodías no se recargan con arreglos fastuosos. Los instrumentos suenan pulcros, escuetos y perezosos. Lo mismo se aplica a la voz, unas veces solitaria y otras acompañada por coros inocentes.
Para finalizar, hagamos caso a la palabras de Kiev Cuando Nieva cuando nos advierten que “no siempre hace falta prestar atención” (No firmes)
myspace de AA Records
myspace de Kiev Cuando Nieva