Mushroom Pillow, 2007.
Texto: Carlos G. Cano.
Que las primeras frases del disco sean “otra barricada, otra manifestación”, da a entender que estaban hablando de algo... y a medida que pasan las canciones, constato lo que a priori era una mera sensación: los primeros instantes de “Cuando ya no quede nada” (Mushroom Pillow, 2007) son, más que un comienzo, la continuación de “Nuevos Tiempos”. Con el bombo entronado y sobrados de oxígeno, retoman el ascenso cerca de la cima y la alcanzan pronto.
“París ardiendo”, mi favorita desde el principio, alberga otra de las consignas que no cambian. Letras que mezclan sociedad, política y relaciones. Coches quemados en la periferia, frustraciones de la vida moderna y dos minutos de mensaje explícito, “Tened piedad del ex-presidente”, tras los que me planteo si una canción puede, a la vez, soltar y detener un bofetón.
Llega la pista 6 y el disco varía de rumbo, devolviéndonos a LHR que se cree sola, sin que nadie la mire. Las canciones largas, el pop directo de “Dirán que todo fue un sueño”. La lentitud se apodera de los mandos, “Los amantes y la paz” retuercen de nuevo la hoja de ruta y aparece un nuevo vértice que deja como estela varios temas que entrarán sí o sí en su ya glorioso repertorio.
Grabado en Chicago con Steve Albini, como “Nuevos Tiempos”, la nota de prensa dice que tras la masterización en Abbey Road, Steve Rooke les dio la enhorabuena por haber conseguido un “trabajo sobresaliente”. Lo que está claro es que la última canción del disco, la que le da nombre, entrega siete minutos de rock impaciente por subirse a un escenario, prueba de que, aunque LHR ya ha cumplido 10 añitos, si empezara hoy, sin duda, volvería a triunfar.
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