Hablar de "Realidad" es hacerlo de las tangibles cosas humanas. Quizá ésto es lo que más me gusta de Magín Blanco y su segundo trabajo en su nueva etapa después de La Rosa. No me desagrada el aire de cantautor pop-rock con el que ha envuelto unos textos que describen sentimientos, tanto los más despreocupados como aquellos en los que la húmeda (y salada) melancolía se apodera de su voz. Blanco es un romántico enamorado de la vida, y la madurez alcanzada la usa en favor del optimismo y la sencillez; está de vuelta de poses y de pretender aparentar lo que no es. Quizá este discurso, tan ajeno al tunning musical de los post-púber, sea lo que orienta a "Realidad" hacia un público más adulto (eso que los yankees llaman "Adult Oriented..."), el que mejor digiere las escenas que nos describe con paciencia e indulgencia, y el que más cómodo podría sentirse con un sonido a medio camino entre el folk-pop y el pop que suena en las cadenas radiofónicas que recopilan éxitos de décadas pasadas.
Pero lo que más ayuda a adentrarse en el disco es echarle una ojeada previa al libreto. Las ilustraciones de Iván Prieto siguen el hilo conductor de un cuento de Magín y Camilo Franco, que me recordó a aquellos minúsculos relatos infantiles que tanto me gustaban porque me dejaban un momento traspuesto e imaginando el resto de la historia. Además, aprovecha para homenajear a Neil Young, Serrat, Bob Dylan, Tom Waits, Gene Clark, Peter, Paul and Mary y Paco de Lucía, a los que considera parte de su música. Gracias a ésto Magín ya tenía media batalla ganada porque siempre es agradable toparse con discos honrados y sinceros como "Realidad".