Vagrant Records, 2008
Es difícil describir a qué suenan Murder By Death a alguien que nunca los ha escuchado. Se puede intentar. En las segundas American Recordings de Johnny Cash, aquellas que se dieron en llamar Unchained, había un par de temas donde el viejo cantante de country, con la ayuda inestimable de Tom Petty & The Heartbreakers se ponía en plan rockero potente. En concreto en Rusty Cage y Country Man se aproximaba un poco a lo que vienen haciendo este grupo desde el anterior In Boca Al Lupo. Si en lugar de los Heartbreakers tuviese a Arcade Fire acompañando, aún estaríamos más cerca sin llegar a definirlo totalmente. Si, Murder By Death podrían considerarse unos Arcade Fire con las miras puestas en el folk y el country donde los canadienses las ponen en el pop épico. Eso si, sin lugar a engaños, su sonido es propio y no ha lugar acusarlos de imitar a nadie y si de tomar prestados elementos de muchas cosas.
Murder By Death tienen en Adam Turla a su Johnny Cash particular con un tono de barítono que puede recordar a la legenda del country cuando su voz aún no sonaba todo lo vieja y melancólica que llegó a sonar hacia el final de su vida. Tienen cello, violines, vientos, guitarras acústicas, pero también electricidad desgarrada. Tienen espíritu rock con melodías. Tienen algo de pop y algo de folk, pero sobre todo, tienen canciones.
En esta ocasión, no se meten en discos conceptuales como en su anterior publicación, lo que hacía de In Boca Al Lupo un disco tan extraño como atractivo, y se dejan llevar más allá. Más potencia, voces poderosas, más sonidos pop y una colección de temas que va desde los inestimables arrebatos pop-rock de Fuego! o Ash, a temas instrumentales como Theme (For Ennio Morricone) que los acercan a Calexico o Devotchka. Entre esos extremos, épica contenida en Comin’ Home, aires cabareteros en Ball & Chain o la muy tomwaitsiana ’52 Ford, riffs rockabillies en Rum Brave, entonaciones de la llanura americana en A Second Opinion o The Black Spot, y el cierre con folk melancólico y al estilo más puramente crooner con Spring Break 1899.
Con todo esto, puede parecer que Red Of Tooth And Claw es un batiburrillo inconexo con canciones muy diferentes entre sí, pero nada más lejos de la realidad. El grupo consigue que todo tenga sentido, que la música suene sin que haga falta preguntarse a qué suena cada cosa. Simplemente, sentarse y disfrutarlo, porque discos como éste no salen de debajo de las piedras.
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