El álbum que marcó un antes y un después en la carrera de Animal Collective, heterodoxo cuarteto neoyorquino que ha hecho de la música popular de esta década su particular patio de recreo, fue Sung Tongs (2004), un sorprendente giro pop que siguió a la reedición por parte de Fat Cat de Spirit They're Gone, Spirit They've Vanished (2000) y Danse Manatee (2001), sus dos primeros y subterráneos discos. Aquel magistral entretenimiento acústico dio cuerpo a algunos de los más interesantes hallazgos musicales de la formación, les metió de manera precipitada en el saco del revival folk de la temporada 2004 y sentó la base tanto de su posterior evolución como de un nivel de popularidad cuya cima coincide hasta ahora con Strawberry Jam (2007), el reciente estreno en Domino. También dejó constancia de quiénes eran sus miembros más destacados: Avey Tare y Panda Bear.
Tres años después de aquel hito – cuyo ritmo, por cierto, cobra mucho más sentido cuando se escucha en vinilo del que se pudiera prever por su escucha en CD – el primero se dedica a hacer curiosidades reversibles junto a su pareja Kría Brekkan (ex-Mùm, búsquese como Kristín Anna Valtýsdóttir), sin salirse del buen nivel acostumbrado en los proyectos paralelos al grupo, y el segundo se ha sacado de la manga Person Pitch (2007), que lejos de ser una anécdota a pie de página o un mero accesorio para la erudición del comentarista de turno se alza como una obra a la altura de los mejores momentos del colectivo, merecedora de los superlativos de un sector nada desdeñable de la crítica y del oído atento de cualquier melómano inquieto.
Panda Bear empezó a recorrer su sendero animalesco como batería en Spirit They're Gone, Spirit They've Vanished, después del cual se convirtió en una presencia paulatinamente omnipresente dentro del grupo. Su auténtico debut en solitario, lastrado por una personalidad aún gestante, es un recóndito precedente que no suele figurar en los repasos a su discografía ya que para el común de los oyentes la carrera en solitario de Noah Lennox – así se llama él – empieza con Young Prayer (2004), un sentido homenaje a su padre fallecido, grabado de hecho junto a él en la habitación en la que vivió sus últimos días.
En los tres años que separan aquellas plegarias velatorias de esta nueva referencia, cuya portada reúne en una piscina hinchable a niños y animales salvajes, Lennox se ha mudado a Lisboa, se ha casado y ha tenido un hijo: motivos más que suficientes para cambiar de registro. Durante este tiempo ha aprovechado los resquicios que le dejaban sus compromisos con la banda y la familia, y con paciencia ha recopilado siete canciones, dejándolas salir según tenían que salir, sin forzarlas, dando a cada una su justa medida, hasta el punto de que cinco de ellas ya habían sido previamente lanzadas en 7” o 12”, lo que, por otra parte, no ha impedido que hayan encontrado perfecto acomodo dentro del formato largo. Gracias a esa labor en los márgenes de su vida, allí donde no hay prisas ni presiones, ha surgido una obra tan esmerada y madura.
Person Pitch es un compendio de fugaces bocetos melódicos que se repiten y acoplan a través del sampler hasta convertirse en certeros pasajes de piezas más extensas. Un sorprendente LP en el que todo parece encontrar acomodo por acumulación y repetición. A pesar de que se hace notar el modo fragmentado en que se ha producido el resultado no muestra fisuras. Incluso elementos que en principio pueden parecer algo chocantes, como los coros de “I’m not” o la tabla de “Good Girl / Carrots”, acaban por hallar su lugar a base de loops y una sabia construcción sampledélica. Porque aunque no lo parezca el sampler ocupa aquí un lugar casi tan destacado como en un disco de Madlib o DJ Shadow. Según las palabras del propio artista, un 96% de ella es muestreo, 10% del cual corresponde a cosas que él haya tocado. Armado con dos BOSS SP-303 ha recortado canciones de aquí y de allá, sobre las que ha superpuesto intuiciones musicales, algunas grabaciones de campo y algún efecto. Eso es todo. El resultado es un brillante puzzle psicodélico.
La recurrente comparación con los Beach Boys es de recibo. La sonoridad y los giros melódicos de las voces, translúcidas y vaporosas, por primera vez sustentadas en unas letras relativamente descifrables, remiten al preciosismo playero de Brian Wilson. Pero se trata de un elemento más en el espesor de referentes congregados, quizás un punto de partida o el acabado final, ya que Lennox va más allá y propone un pop que engancha y luego diluye. Sus temas siguen una lógica más circular que lineal, no persiguen un climax sino que se dilatan a lo largo de hipnóticos tirabuzones, haciendo que su indudable potencial pop deje paso a texturas y construcciones envolventes que siempre acaban consiguiendo una trascendencia aparentemente casual.
Animal Collective es un grupo a tener en cuenta, a parte de por la increíble energía que desprende sobre los escenarios, por su capacidad para ampliar los estilos de los que participa, reinterpretando el viejo oficio de componer canciones mediante los nuevos códigos musicales heredados tras el advenimiento de los géneros electrónicos. Sacan rendimiento de las posibilidades que ofrece la música electrónica en sus distintas vertientes y lo hacen de verdad, con conocimiento de causa, entendiéndola como algo esencial en la composición y no como el habitual accesorio postizo de temporada por el que apuestan no pocas bandas de rock para resultar modernas, en el sentido más fatuo de la palabra, actuales. En 2007 Panda Bear se afirma atemporal y ofrece un trabajo afín tanto a su progresión como a la de su cuarteto. Toma los loops acústicos descubiertos en Sung Tongs y añade parte de la química sonora abstracta explorada en Jane (su célula paralela junto a Scout Mou en la que da su visión de géneros basados principalmente en el trabajo de estudio: techno, dub, electroacústica o ambient… sin decantarse por ninguno en concreto, más bien destilándolos en un híbrido personal), consiguiendo un loable equilibrio entre lo accesible y lo experimental.
A pesar de semejante calado electrónico no se pierde el aire analógico, incluso artesanal, que lo hace todo cercano. Person Pitch puede servir para que los aficionados a la música de ayer encuentren un camino que les conduzca a la de hoy, lejos de fetichismos y revivalismos. Si algo puede sonar nuevo y añejo, procesado y natural, cercano y distante, complejo y sencillo, sobreproducido y espontáneo, abigarrado y espacioso a la vez, habrá de ser Person Pitch, un tercer álbum que no deja duda – si es que a alguien le cabe a estas alturas – de la talla de Lennox como productor, compositor y arreglista, ni de su estatus creativo dentro de Animal Collective. No hay muchos experimentadores que canten la declaración de principios “try to remember always to have a good time”, así que no conviene dejar pasar la oportunidad.