Texto: Stefan R. Johansson.
Si hay una película que se titulaba "Quiero ser Beckham", esta reseña podría titularse "Quiero ser Primal Shaker" o "Quiero ser Kula Scream". Porque el tercer disco de los portugueses Plastica, que no se mueven un ápice de su pedestal instalado en el terreno de la psicodelia, es otra muestra de devoción hacia Primal Scream y, sobre todo, Kula Shaker. Respecto a los primeros, sólo así se justifica el tema que abre "Kaleidoscope" titulado "Revolution" y que remite a la banda de Bobby Gillespie de forma inexorable enlazando guitarras y electrónica de forma bastante acertada.
Luego nos plantan "United Lonely People" e intentan demostrar que las similitudes no son casualidad, pero la imagen de los de Manchester comienza a difuminarse nada más cruzar el Canal de la Mancha con un segmento de guitarras robadas al sucedáneo de sucedáneos llamado Interpol. Los intentos de single suelen notarse tanto que terminan resultando antinaturales para las mentes preclaras.
Sin duda me hacen más gracia cuando deciden olvidarse de todas las paparruchas hit y tiran hacia los paraísos lisérgicos que tanto les gustan y que ofrecían buenos momentos en su anterior "The Red Light Underground". Podría ser que recordasen un poco a Black Rebel Motorcycle Club cuando éstos decidieron volverse esquizofrénicamente semiacústicos con "Howl", y no será casualidad porque comparten productor en la persona de Masaki Liu. Aunque, como comentaba, tiran más hacia el rollo hindú que nos pareció tan peculiar cuando aparecieron Kula Shaker, y además recuperan esa perezosa letargia que, a veces, se apoderaba de The Verve; e incluso hay sitio para lalalas al estilo Supergrass cuando se lanzan en pos del estribillo perfecto. Evidentemente, si la música británica te produce ataques de alergia, casi mejor que te mantengas alejado. En caso contrario, tú verás, pero para mí estos lisbon boys son bastante más soportables y solventes que la gran mayoría de hijos bastardos del pop que salen de las islas británicas con la única intención de aborrecernos y/o ligar con las chicas guapas, y sólo lo segundo tiene perdón de Dios.