Texto: Stefan R. Johansson.
La música y el ciclismo tienen algunos paralelismos y no sólo por el tema del dopaje, tan extendido en ambas actividades, sino también en cuanto a los roles de sus protagonistas. Por delante están los gallitos, esos tipos tan odiosos con un talento natural que siempre les permite destacar. Justo detrás aparecen los gregarios, que en la música son los grupos-copia, amargados a la sombra del líder y al que engrandecen con sus acciones. Luego tenemos a los "flor de un día", o lo que los críticos llaman one-hit-wonder. Y al fondo el pelotón, esa masa heterogenea que resulta imprescindible para el devenir de las pruebas pero que pocas veces corta el bacalao. Y ahí sitúo a los madrileños Polen, cuyo primer disco ofrece pop melódico arropado por marchosos ritmos electrificados y que no termina de engancharme, quedándose a rebufo de los trabajos de otras bandas coetáneeas como Second.
Basan su estrategia en la cadencia de pedaleo, expresada en rasgueos de guitarra urgentes y atmósferas eléctricas que contrastan con la suave voz del alma máter del proyecto, Javier Ferrás, y se encomiendan a canciones como "Tokyo", "Tan Pronto" o "Respirar" que no explotan el legado de mentores confesos como Joy Division, Wire, Television o Bowie. Polen se asoman un poco sobre la masa de ciclistas que pedalean espoleados por la implacable persecución de la etiqueta "prescindible", lo suficiente como para alcanzar la meta con cierta solvencia, pero lejos de la cabeza de carrera.
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