Como ella misma ha confesado, con Overpowered por fin Róisín Murphy ha hecho el disco que quería hacer, sin compromisos ni mecenas, sin nadie que la dirija o condicione. Algunos apenas si recordamos los tiempos en los que lideraba Moloko más que por un puñado de excelentes canciones. Incluso nos va pareciendo ya lejano el momento en que Róisín se decidió a hacer de conejillo de indias (otros lo llaman “ser la musa de”) con el que Matthew Herbert experimentaba en delicadas marañas electrónicas. A estas alturas la irlandesa no tiene que demostrar que es más lista que nadie. Recordad que hablamos de la misma que exploraba el interior de los altavoces de un escenario del FIB, de esa que se partió la crisma contra una silla en directo. Cierto es que Ruby Blue (Echo, 2005) no estaba nada mal, pero quizás su excesiva contención desaprovechaba el talento y la capacidad que tiene esta mujer para revolucionarnos las hormonas. Bastan diez minutos de su nuevo trabajo para darse cuenta. La música que contiene lo nuevo de Róisín Murphy es como una estampida de bisontes. Te pasa por encima. Un pisotón en el esófago, una coz en la entrepierna, una cornada en la boca del estómago y estás perdido.
Róisín utiliza sus mejores armas. Vestida para matar, labios rojo putón y a la pista de baile. Bolas de espejos, lentejuelas, sudor y sexo. Hace suya tanto la noche a base de pepinazos de dance y electro guarrote, como el amanecer con tiempos más lentos pero tan buenos como los anteriores. Es capaz de conseguir que Primal Scream sodomicen a Abba (“Cry Baby”), hacer que un hit eurovisivo suene deliberadamente industrial (“Movie Star”), desatar reacciones químicas en cadena con su electro calentorro (“Overpowered”) y, en medio de esta vorágine hedonista, inyectar ácido en una balada a corazón abierto (“Tell Everybody”). Intencionadamente más accesible que en Ruby Blue, consigue hacerse aún más auténtica yendo directa a la pituitaria; ella tiene la llave que abre las compuertas para que las endorfinas campen a sus anchas. Si es que es buena hasta para la salud.
Las divas que nos vende la MTV están bien, pero se quedan en agadables palomitas de maíz comparadas con este enorme y jugoso chuletón. Kylie, Madonna, Britney y mil más renunciarían a sus jets privados sólo por poder cantar “You Know me Better” en el singstar.
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