Eureka, 2008
El hecho de recordar perfectamente el momento en que hace algo más de un año me pasaron el enlace a la web de Russian Red, refuerza la convicción de lo mucho que me impactó aquella tierna vocecilla de Lourdes Hernández, que arrastraba la amargura de "Fade into you" en una versión casera del tema de Mazzy Star. Impresionaba que, con una voz tan expresiva, su visita a Galicia para telonear a 6pm fuese solamente una actuación puntual. Pero todo debió precipitarse con velocidad hasta culminar en este "I Love Your Glasses" que, si nadie lo para, va camino de convertirse en el disco independiente español más internacional del año, emulando a lo que ocurrió en 2007 gracias al romance El Guincho - Pitchfork. Esta vez ha sido el popular weblog de descargas Bolachas Grátis el que se ha encargado de que, en estos momentos, este disco esté sonando en Italia, Estados Unidos o Alemania, y que cada día que pase gane un seguidor en indómitos mercados para la música grabada en la península.
Contrasta el revuelo que se está armando en las publicaciones musicales, con su rostro de angelical eterna adolescente y su voz sedosa, a la que cada uno compara a su antojo con alguna de las voces femeninas más destacadas de las últimas décadas: Feist, Hope Sandoval, Joanna Newsom, Jewel... No son comparaciones menores, y precisamente una de las cosas que "I Love Your Glasses" parece confirmar es que Lourdes sabe manejarse en distintos ambientes: la alegría saltarina de "They Don't Believe", la introversión de "No Past Land" y la sensualidad de "Kiss my Elbow". Da la impresión de que ni una canción mediocre podría ser obstáculo para que ella le diese un punto de emoción. Ésta y el romanticismo no andan escasos, sobre todo cuando su voz se carga de dramatismo en "Timing is Crucial", "Hold in Inside" y "Just Like a Wall", raquíticas en instrumentación y con salvoconducto a la fibra sensible. No es que Lourdes no suene casi todo el rato como si estuviese tocando con un colega en la habitación de al lado, sino que hay momentos en los uno tiene que pellizcarse para no pensar que está justo detrás. Su amplitud de registros probablemente sea mayor, pero cuanto más folk suena, cuanto más renuncia a otros acompañamientos que no sean las cuerdas, más me gusta. Aunque resulta curioso el cierre con una inesperada versión acústica de la ochentera "Girls Just Want To Have Fun" de Cyndi Lauper, tan melancólica que su intención parece la de rompernos el corazón, por si no lo hubiese conseguido antes.